Los Transhistóricos quieren un subsidio de $4.630.-

En Comandante Spurr y Dorrego, a una cuadra de la av. Mitre, en el barrio Crucesita de Avellaneda, Buenos Aires, el general Manuel Belgrano vive con dos hermanos y una tía daltónica. Cada mañana el gran jefe del Ejército del Norte camina doce cuadras hasta el Hospital de agudos Ana Goitia para tomarse algún colectivo que lo lleve hasta Constitución para hacer trasbordo con el tren que lo deje finalmente a unas cuadras de la fábrica en San Andrés para la que trabaja.

Transhistorico 01“Eso no es nada —dice con su famosa humildad “don Manuel”, como lo llaman en el barrio—, Juan Manuel de Rosas juntó como pudo la plata para mudarse de Villa Urquiza, algo que le hacía muy mal, pero sólo consiguió un PH sobre la avenida Caseros, en Parque Patricios. Ahora vive derrotado, ya no quiere dar más batalla…”

Estas son algunas de las historias de los “transhistóricos”, perosnas trans que nacieron sintiéndose iguales al resto pero nacidos en épocas anteriores. Ellos dicen que se sienten como pasajeros de un cuerpo que vive en otra época. Es difícil mesurar las complicaciones de estas vidas iguales a las nuestras aunque con su diversidad más expuesta de lo común. No solo deben luchar contra la intolerancia social, sino con la barbarie de un Estado que prefiere ignorarlos, y a veces hasta combatirlos.

Don Manuel Belgrano fue bautizado por error como Manuel Edgardo Calzamimpettigo, hijo de Osvaldo Calzamimpettigo y Susana Fornozzi. “Mi madre siempre cuenta que apenas me vio supo que yo era don Manuel Belgrano. Ella de niño me vestía de general, con espadas y cañones. Una vuelta fusilé cuatro canarios de un vecino. ¡Tuvimos una más jodida que la del Paraguay!”.

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En el barrio nadie duda de que Manuel es, en realidad, el gran general del Ejército del Norte. “Cuando pasa desfilando por la vereda uno se da cuenta de que esa manera de desfilar es la de Belgrano”, cuenta el Cánula Benitez, vecino del general. “Una vuelta, un amigo nuestro le fue a decir que él no lo iba a llamar ‘Belgrano’ porque no lo era, porque debía dejar esa ilusión y ser realista… ¡Para qué! ¡Apenas dijo “realista” sacó su sable y lo sacó cosiendo banderas!”

Pero el pobre de don Napoleón Bonaparte vive una realidad bastante más dura. Lo fuimos a visitar un jueves porque es el día en que le permiten recibir visitas en el neuropsiquiatrico. “Vos decís tu nombre y lo anotan en un papel. Yo digo mi nombre y me internan. Ese es mi delito”, dice apesumbrado. “Le gente te ve caminando, tomando Transhistorico 06un colectivo y no te creen dueño de un imperio, por eso me internan”. Cuando nació Napoleón sus padres sin saberlo le cambiaron el nombre por el de Emilzo Vérgamo. “¿Quién se llama Emilzo?” pregunta desde abajo de sus lágrimas. “Ese tipo del registro civil es un hijo de puta. ¡Si lo encuentro lo arraso!”. Napoleón dice que en el neuropsiquiatrico se encontró con Josefina, su eterno amor. “No tan eterno, acá sigue siendo la misma putarraca de antaño”, responde el emperador de Francia. “¡Cómo le gusta la vainilla a esta reventada, pordiós!”.

En cambio, el Coronel Vidal no tiene problema con su verdadera identidad. “¡Qué carajo me importa si entienden que soy el Coronel Vidal, que se jodan por pelotudos!” dice con énfasis mientras cambia la cebadura de su mate. “Lo que sí duele es que el Estado se desentienda de nosotros, sus mejores hombres…”, dice por lo bajo al tiempo que tose una, dos veces como quemando aceite.

Transhistorico 08Cuando uno los ve juntos es impactante. Quintana, Urquiza, Lavalle… Son los que hicieron la patria grande y muchos de ellos apenas tienen para comer. “Si usted lo viera a Maquinista Savio…” dice tragando angustia Velez Sarfield mientras se acomoda sus anteojos sin vidrio. “El problema es que el tema de las múltiples dimensiones de la física quántica todavía no está probado, por eso nuestros casos no tienen una juridicción concreta. Es sabido que nosotros somos dimensiones descronologizadas de nosotros mismos, pero usted no se da una idea de la dimensión de nuestro problema…” dice Quintana. “Entendemos que no nos devuelvan nuestras propiedades porque ya no contamos con nuestros vastos ejércitos, pero exigimos al gobierno al menos un subsidio de tres mil…, cuatro mil seiscientos treinta pesos”, dice Quintana mientras elige otro bizcochito de grasa de la bolsa.

El problema más complejo es el de Cleopatra, que nació en Formosa con el nombre de Oscar Palacio en el DNI. “Yo soy transexual y transhistórico. Mi error es que cuando fui a la justicia dije primero que era Cleopatra y ya no hubo vuelta atrás. Apenas salga del psiquiatrico voy a ir de nuevo y lo primero que voy a decir es que soy transexual. Ya lo aprendí”.