Tinta Indeleble

Tinta 2

No sé qué habrá sido que me provocó tanto sueño, quizás el pastel de papas y la radio bajita de fondo que después de un rato suena siempre igual y lo va hipnotizando a uno hasta caer rendido. Vos te quedaste en el taller imaginando y yo subí derecho a rendirme en nuestro colchón (cosa que casi nunca ocurre ya que mucho nos gusta compartir las noches de silencio y arte) con la promesa de que en un rato venís a acostarte.  
Para cuando desperté todo era distinto, inclusive nuestra casa. Por la ventana un sol gris repleto de nubes llenaba los huecos de una cortina rota. Miré sorprendido alrededor. Había estado antes ahí, de eso estaba seguro. Me puse de pie y revoloteé por la casa hasta recordar finalmente aquella cabaña. Hace infinitos otoños vinimos a quedarnos, cuando nuestro amor no era lo que hoy, cuando nuestras dudas eran las dueñas y señoras del mismo. En la cocina hallé restos de desayuno y en una taza un beso de rouge pintado, señal inequívoca de que vos estuviste por acá. ¿En qué momento volvimos a este lugar? Algo está mal, algo está raro.

Todo parece venido a menos, todo parece olvidado, sumergido en abandono. ¿A dónde estás? Apenas abro la puerta las hojas grises casi hechas ceniza se amontonan en mis pies. El bosque sigue igual, los árboles desnudos, algo más pálidos, más enfermos, entregados. Escucho voces cercanas, una de ellas es la tuya. Algo se enciende en mí. Vienen desde atrás de la casa y corro a buscarte, a darte un abrazo y decirte que ese lugar me entristece.

Apenas al doblar los veo, es una pareja que discute. Miro dos o tres veces para asegurarme de no estar loco, pero no hay duda de que somos vos y yo. ¿Qué está pasando? No paramos de discutir. Intento gritar, intento advertirnos, pero ninguna voz sale de mi boca, ningún par de ojos puede verme. Entonces me acerco y nos veo, me acerco y nos escucho, me acerco y nos recuerdo. Es la pelea que tuvimos, son las exactas palabras que dije, son las mismas excusas que no creíste, los iguales miedos que yo no podía aceptar. Estoy dentro de un recuerdo, de uno terrible para nosotros, pero por alguna razón la casa no es como yo me acordaba, ni los árboles, ni el sol, ni nosotros, ni siquiera las hojas. Todo se desvanece, todo parece intacto, pero a la vez viejo, roído, casi cadavérico. De repente la pelea concluye y vos llorás, yo doy un grito de bronca y me meto dentro de la cabaña, pero vos te quedás ahí parada respirando, esperando que yo vuelva, que no se termine así. Un viento frío te despeina y esperás un poco más, pero yo no vuelvo a salir. Entonces tomás aire, te secas la cara, y con determinación entrás en la casa en busca de arreglar las cosas, en busca de paz, siempre tan sabia. Yo sigo aún enojado, pero con la certeza de siempre vos calmás todo con un abrazo, me llenás de calor el pecho así tan fuerte, y de repente todo comienza a cambiar. Los agujeros de la cortina desaparecen, las hojas vuelven a tomar sus marrones y amarillos, los árboles se enderezan y el sol se vuelve naranja como el de los otoños que adoramos. Ahora sé que estoy dentro de un recuerdo tuyo, y que vos por dentro desgastás los malos momentos hasta que desaparezcan, y con tinta indeleble llenás de color los buenos para que nunca se nos borren.