Utopía y distopía: zonas de conflicto

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Por Esteban Suárez para La Voz Humanista

Colocarle un género a la literatura utópica y distópica es más complicado de lo que parece. Comencemos por mencionar que es difícil encontrar una distopía o una utopía en una obra que no participe de la ciencia ficción. Después de todo, estas tienden a imaginarse en el futuro. Además, es común que estén marcadas por algún avance técnico o científico. Si imaginar el futuro es una actividad propia de la ciencia ficción, ¿entonces todas obras de utopías y distopías son ciencia ficción?

¿Dónde está la utopía?

Las discusiones de géneros literarios no suelen dar resultados interesantes, pero me atrevo decir que esta es una excepción. Así que continúo: las obras hito de la tradición utópica y distópica, las que me permiten plantearme este asunto, ocurren fuera de la tradición de la ciencia ficción. La usan instrumentalmente, tangencialmente. Por eso propongo que estamos tratando no con un subgénero de la ciencia ficción, sino con dos géneros autónomos que a menudo se superponen y se toman prestado mutuamente.

Que esto no los lleve a pensar que las utopías y distopías solo existen en estado “puro”. Hay muchísimas obras de ficción que las contienen secundariamente o en potencia. A menudo la Utopía hace presencia como símbolo sin ser central a la historia. Las novelas Artúricas contienen el tema de la utopía, pero tendríamos que darle otras etiquetas mucho antes de decir que son utópicas.

Otras veces, la utopía es una parte fundamental de la obra, pero no podemos verla en el texto. Y no hablo de la mera imaginación de ella. En la saga Fundación, todo gira alrededor de una utopía concreta que, sin embargo, es invisible. La humanidad abarca la galaxia en un vasto Imperio y ha alcanzado un altísimo desarrollo. En el ápice del Imperio, el psicohistoriador Hari Seldon predice infaliblemente que la barbarie está por colapsarlo y hará retroceder a la humanidad 10 000 años, pero ya es muy tarde para evitarlo. Seldon crea la Fundación —qué es la Fundación es parte del misterio—,  que tendrá la misión de amortiguar el descenso y conservar la cultura de manera que el período de barbarie sea de solo 2000 años, así como servir como guía para la creación de una posterior civilización utópica. Una utopía delimitada y específica mueve la historia, a pesar no se cuente de su consumación.

Entendemos mejor el asunto de los géneros cuando revisamos la historia de las utopías. Ha pasado un poco más de 500 años desde que Tomás Moro acuñó el término Utopía para su país ficticio, con la ambigua significación de “buen-lugar” o “no-lugar”, y muchos siglos antes se hablaba de sociedades ideales en muchas culturas. Sin embargo, le debemos el mérito de redefinir la utopía como la conocemos hoy a Edward Bellamy en su libro Looking Backwards. Publicada en 1887, Bellamy planteó una utopía socialista y tecnológica en Estados Unidos ubicada en el año 2000. El trabajo es mínimo, los bienes abundantes e instantáneos, la producción nacionalizada y la riqueza distribuida equitativamente. Lo importante de esta novela es que convirtió a la utopía literaria en un espacio para discutir política; de hecho, el revuelo fue tan grande que muchos expandieron el universo de Looking Backwards con ficciones propias para apoyar o refutar las ideas de Bellamy. La literatura utópica empieza a tomar función de lugar de debate.

Brave New World: nace la distopía

 

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La literatura distópica se hizo un lugar en la cultura más adelante, cuando en 1932 Aldous Huxley escribió Brave New World. La influencia de esta novela es tan grande que aún hoy la literatura popular se vale de varios de los tropos que se plantearon en ella. En el futuro, la sociedad se ha valido de la tecnología para estructurar una sociedad de funcionamiento perfecto. Los ciudadanos son modificados genéticamente y luego condicionados para funcionar eficientemente en la clase social a la que serán asignados y estar conformes con ello: nadie desea hacer otra cosa que su rol impuesto.

No hay distancia entre el deseo y la satisfacción: cualquiera puede tomar soma, una sustancia artificial que hace que el cerebro produzca reacciones químicas de felicidad y placer, y no existe protocolo ni inhibiciones para el acto sexual. No hay familias ni relaciones románticas.

El mundo de Brave New World es una hipertrofia del presente de Aldous Huxley al momento de escribir la novela. Rodeado de optimismo y confianza en el progreso científico, Huxley planteó un futuro en el que el intento de utopía —muy similar al del mundo real— se descarrila y se torna en una distopía. En esta obra se condensan los miedos que generaban los rápidos cambios del momento; tiene una función no solo de advertencia, sino de resistencia ideológica. Brave New World muestra con claridad las corrupciones de su mundo y hasta señala sus razones; es decir, propone una antítesis. Hay un diálogo productivo.

Brave New World es también ciencia ficción, pero en un rol secundario; sirve a otro propósito. La intención de la novela es ser distópica y no de ciencia ficción. Consideremos ahora una novela de ciencia ficción “dura” que propone una de las utopías más interesantes y propias de nuestro tiempo.

Culture series: utopía postmoderna

 

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La serie de novelas Culture de Ian M. Banks construye un universo en el que los humanos han conquistado la galaxia y viven en una utopía tecnológica donde la energía es casi infinita y gratuita. Viven en sociedades post-escasez donde cualquiera puede tener lo que sea que desee, sin intermedio. Las modificaciones genéticas y las drogas que generan felicidad son comunes. La humanidad vive en una anarquía funcional, en donde los crímenes son excepcionales. Esta cultura sin organización aparente existe y se regula por inteligencias artificiales: conciencias de origen tecnológico cuyo intelecto sobrepasa lo humano. Ellas coordinan todo y atienden las necesidades de todos. Habitan naves que bautizan con nombres irónicos como Falling Outside The Normal Moral Constraints, The Anticipation Of A New Lover’s Arrival, o Just Testing.

Hay algo que no nos debe pasar por encima: muchas de las cosas que hacen a Brave New World una distopía son las mismas cosas que hacen a la serie Cultura una utopía: modificaciones genéticas, sociedad regida hegemónicamente por una clase de intelecto superior, satisfacción inmediata de los deseos… ¿Quiere esto decir que, en su esencia, las ideas contenidas en estas dos obras son las mismas? ¿Que lo único que hace que estén en categorías distintas es el juicio de las sociedades que las recibieron? Eso significaría que la serie Cultura es una utopía y Brave New World no lo es porque nuestra relación con la tecnología ha cambiado; porque si ahora vivimos en una sociedad que adora la tecnología, en los tiempos de Huxley abundaban las preocupaciones e incluso el miedo ante los avances tecnológicos apresurados.

Pero no creo que este sea el caso.

La verdadera diferencia entre utopías y distopías

Creo que la diferencia entre las obras utópicas y distópicas es más fundamental, y que es más textual que ideológica. Me parece que es un asunto de estructura. En las distopías, siempre hay una confrontación del héroe contra el mundo. El héroe, gracias a una condición innata o a algún contacto afortunado, descubre —o simplemente sabe— que su mundo está profundamente viciado. Entiende que en él las personas sufren de una falta imperdonable: libertad, propósito, amor, etc. Se desvela la utopía en potencia detrás de la distopía, como si en algún momento del trayecto se hubiera cometido un error fatal. Por esta razón, la distopía es fundamentalmente conflictiva. La mera existencia del héroe genera y justifica el relato. Esto lleva a que las distopías se cuenten desde dentro.

En las utopías no hay conflicto inherente a la sociedad porque esta es, por concepto, perfecta. No puede haber enfrentamientos ni drama en una  utopía. Por esta razón las utopías suelen ser más aburridas, al menos que usen un dispositivo para generar el conflicto necesario alrededor del cual se desarrolle una historia. Estos son los dispositivos más comunes:

  • El contacto de la utopía con una sociedad menos avanzada.  Notablemente, es la premisa básica de Star Trek. La Federación Unida de Planetas es una utopía y, consecuentemente, su presencia en la serie es casi siempre referencial. Los protagonistas exploran otras civilizaciones y es en ese contacto donde ocurre el conflicto. También podemos ver el próximo dispositivo en Star Trek.
  • Amenazas externas que ponen en riesgo la seguridad de la utopía. Es usada en la serie Culture y es algo muy similar a lo que sucede en la saga Fundación de Isaac Asimov.
  • El protagonista es un extranjero en la utopía; debe descubrirla y adaptarse a ella. Suele estar acompañado de un personaje que hace de guía. Este dispositivo es el caso de la Utopía de Tomás Moro, de Looking Backwards, de algunos tomos de Culture, de 3001: The Final Odyssey de Arthur C. Clark y muchos otras obras.
  • La confirmación de la utopía. Se narra la construcción de la utopía, con todas sus vicisitudes. Quizás podríamos mencionar aquí a Camelot de las novelas Artúricas.
  • El protagonista tiene un interés romántico y la dinámica amorosa mueve la trama. Este dispositivo suele ser complementario de otro.

La existencia de estos dispositivos hace notorio que las utopías se cuentan desde fuera. La utopía en la ficción siempre es observada desde el borde que separa a esta de lo exógeno, sea un borde físico, psicológico o temporal. El héroe de la utopía viene a ser el mediador entre el mundo utópico y el mundo ajeno a la utopía, como el que abre un orificio en la membrana de una célula.

La utopía se observa desde el margen que la separa del mundo no utópico porque no puede definirse por sí sola; necesita un negativo para delimitarse y para justificar su superioridad o perfección.

La distopía ahora

Hemos visto un ejemplo de utopía en la ciencia ficción contemporánea. Para terminar, revisemos brevemente el caso de las distopías. Si las distopías reflejan el miedo de sus tiempo, nos tiene que llamar la atención que las distopías más populares de nuestra época sean toda postapocalípticas.

No es algo restringido a los éxitos de superventas como The Hunger Games, Maze Runner o The Fifth Wave, sino una corriente que permea toda la literatura juvenil fantástica y de ciencia ficción. De hecho, buena parte del género se ha vuelto formulaico: en un mundo abatido por un gran desastre, la humanidad —o parte de ella— está reducida a un estado precario en el que sobrevive el mas fuerte. Un grupo de adolescentes crea o se une a una rebelión destinada a derrocar el orden tiránico, que puede ser desde una aristocracia perversa hasta una invasión alienígena.

¿Qué dice esto de nuestro mundo? Haré una pequeña hipótesis. Tendríamos que conectar el apocalipsis en estas novelas con el apocalipsis en las noticias, especialmente en las noticias de Estados Unidos, que ha sido el gran exportador de esta literatura. En la era de la información, los productores de contenido recurren a la exageración y el sensacionalismo para que una historia flote por encima del mar de contenido. Se ha creado un modelo de negocios alrededor de la paranoia, que a menudo tiene bases en problemas reales y graves propios de nuestra era: el calentamiento global, la posibilidad de una guerra nuclear, la proliferación de atentados terroristas, el derrumbamiento de la democracia, las guerras en el medio oriente, el dominio del mercado mundial por parte de China… Aun así, quizás solo el primero merezca el grado de alarma que se le otorga.

Podemos suponer que la juventud lectora de estas novelas esté bastante decepcionada con la manera en que las generaciones anteriores han conducido el mundo. Esta es una conciencia relativamente nueva, quizás dada por la propagación del conocimiento de la era digital. En fin, todo esto genera una desconfianza de la autoridad, o más bien, de los adultos. Quizás de allí vengan las revoluciones juveniles en estas novelas.

Pero no solo ha cambiado el contenido ideológico: la función de la distopía también. Estas novelas no parecen tener una intención de denuncia o de advertencia; no plantean una tesis. Aún cuando tienen final feliz, son más bien desesperanzadoras. Si les asignara una función, sería una catártica. Entender la psique revelada en estas novelas sería un sujeto para otro artículo. O para muchos artículos, ya que mi explicación poco fundamentada es solo una entre muchas posibles. Podríamos decir, simplemente, que a los adolescentes les gustan las distopías porque atraviesan una edad caótica.

 

Una cosa es segura: las utopías seguirán siendo polémicas porque no hay nada más individual que el bien absoluto, y las distopías seguirán siendo exitosas porque no hay nada más entretenido que el derrumbamiento de la sociedad.