El universo

La calle como un tajo ancho y marrón. Los bordes abiertos.

Una vereda, una sola. Discontinua. Ondulada.

Varias casas, una blanca.

El poste de luz, de tronco palmera. Cables que huyen en lo alto

como chispas de fuegos artificiales.

Seis paraísos (dos florecidos, es primavera).

Un helecho habita la grieta de la pared del almacén.

Las ventanas enrejadas, los barrotes carcomidos fueron verdes.

Un perro duerme en el barro suave.

A su lado, la inagotable procesión de hormigas.

En la esquina, un viejo cartel que alguna vez dijo San Martín.

Bajo el cielo nublado un hombre espera.

Una pared de ladrillos desnudos,

sostiene un balcón adornado de alegres malvones.

La acequia, bordeada de margaritas,

conduce agua clara que corre hacia el campo inerte.

Más allá, unas hierbas abrazan las vías oxidadas

de un ferrocarril abandonado.

Y una mujer avasallante como lluvia poderosa,

rompe con sus tacones las baldosas de la vereda ondulada

y enamora al universo.

 

NDA: escrito realizado con un gran amigo de letras.