Asuntos internos

Hoy decidí volver a almorzar a casa. Prefiero pasar los mediodías con vos y Elena a comer solo en la oficina mirando por la ventana. Así será de ahora en más. En el subte las dos chicas de al lado hablaban sin cesar. –No lo dejes ir, es el amor de tu vida. –Le dijo una a la otra. Yo tuve ganas de decirle que en la vida hay varios amores y no solo uno, y que pensar que hay uno solo es de corazones estrechos. Para toda la vida, de esos hay muchos.

Al bajar del ascensor sentí el olor a comida desde el pasillo y ya con eso me sentí mejor. Abrí despacio por las dudas y en el living me esperaba Elena que dormía plácida en su cuna cerca de la estufa. –Que envidia. –Pensé. Pensé también en las ganas que tenía de que durmamos la siesta juntos, en las ganas que tenía de tener tiempo, pensé en las ganas, en mis ganas.

Apenas entré en el cuarto escuché el ruido de la ducha. La luz del sol entraba por la ventana y rebotaba en tu cómoda en donde un jarrón vacío se apoyaba con tristeza. -¡Flores! –Me dije a mí mismo, y de una escapada bajé a comprarle al tipo de la esquina para sorprenderte.

Cuando subí Elena todavía dormía y tus palabras de hace unas noches se me vinieron a la mente. –Es el futuro hecho presente que soñamos en un pasado. –Me dijiste tan perfecto.
Crucé despacio el living y fui hasta nuestro cuarto. Apenas dejé las flores en el jarrón, tu voz sonó desde el baño.

-Amor, ¿Sos vos?
-Si amor, ¿Cómo va?
-Bien, ya salgo, me estoy cambiando. –Dijiste sorprendida.
Y fue entonces cuando entendí que a veces uno quiere cambiar y no sabe cómo, y que en realidad preguntarnos cómo es el principio del cambio. 
-Yo también me estoy cambiando. –Contesté bajito con la mirada perdida.