El club de los varones

 

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Cuando era chico con mis amigos teníamos un club situado entre las ramas de un árbol caído. ¿Qué tendríamos? ¿9 años? Era un club sólo para varones. Las chicas tenían una casita conformada por el espacio libre que dejaban tres árboles. Siempre nos invitaban a tomar el té, cosa a la que siempre rehuimos refugiándonos en nuestro masculino club. Teníamos una contraseña que nadie sabía, sólo los siete del club. Una tarde trágica las chicas, las tres chicas se acercaron hasta el acceso y, riendo, gritaron la contraseña. No lo podíamos creer. Ellas entraron, trajeron su mesita, sus tazas de té, y por esa dignidad que tienen los chicos, las dejamos hacer a su antojo. ¡Es que habían dicho la contraseña!

Hicimos de un motivo para irnos cuando intentaron obligarnos a ser “sus hijos”, y cocinarnos y retarnos y etc, etc. Luego encontramos al culpable: uno de nosotros le había contado la contraseña a su padrino y este (despreciable traidor), por diversión, le dijo la contraseña a las chicas. Ese fue el fin  del mejor club que tuvimos. 

En ese momento nos preguntábamos por qué las chicas no se hacían un club que les gustase tanto como el nuestro en lugar de quitarnos lo que nosotros habíamos hecho con tanto esfuerzo (porque siempre habían intentado entrar a nuestros clubs). Nuestro club, es cierto, tenía hasta camas hechas con bolsas de arpillera estaqueadas Club 2al piso mullidas de grandes cantidades de pasto cortado, tenía ramas de donde colgarse y mirar recostados los pájaros que merodeaban el monte, tenía una campana para avisar cosas que nos parecían importantes, un acceso cubierto por un frondoso follaje… Pero de grandes, entre las risas de la adultez, lo supimos: ellas no querían nuestro club, ellas necesitaban hijos de verdad, las muñecas no eran lo mismo. Ellas necesitaban hacer lo que sus madres, dar ordenes y que todo funcionase en torno a ellas. A esa edad las madres nos decían cómo se debían jugar los juegos, a qué hora se comía, cuando había que bañarse, nos daban permiso para salir… eran el gobierno. Los padres nunca estaban.

Hace poco leí en La Nación una nota en donde decía que cuando el hombre deja el asiento a la mujer la decreta en inferioridad de condiciones. Y en la misma nota volvía a hablar de las cosas que hace el hombre que “simbólicamente” refieren a una superioridad sobre la mujer. Después busqué notas de la periodista y encontré que sus artículos discurren casi siempre sobre cómo el hombre reduce a la mujer, incluso hablaba de que hoy el porno es más visto por mujeres pero sigue siendo falocentrista.

Club 3Y me sentí como ese chico de 9 años, con las chicas adentro del club queriendo que nosotros hagamos lo que ellas dijeran, y finalmente yéndonos de un club que habíamos creado a nuestro gusto, como a nosotros nos gustaba. Las chicas siempre nos criticaron el club hasta que supieron la contraseña y vinieron por aquello que acusaban. Era la misma sensación.

Si las chicas hubiesen buscado compartir su club con un lugar para nosotros distinta hubiese sido la historia. No sé si hubiésemos accedido a compartir el club, pero no habrían sido “las enemigas”. Seguramente habríamos encontrado en el tiempo cosas en común que nos divirtiesen y haríamos algunas cosas juntos y otras no. Y si no hubiesen querido compartir nada ni tampoco hubiesen ido por lo nuestro, tampoco habrían sido la amenaza que representaban para nosotros, amenaza que se concretó aquella vez donde tocaban la campana del club para que sus muñecas fueran a comer.

Si dar el asiento es sinónimo de superioridad, ¿por qué no lo empiezan a hacer las mujeres también? Llegan al tren, se sientan cansadas o no y ven a un hombre entrar, y se paran y le dejan el asiento. ¿No las empodera hacerlo? ¿Por qué tenemos que nivelar para abajo eliminando la cortesía? Si realmente el feminismo es un paso a un mundo mejor, entonces dupliquemos la cortesía, no igualemos en la indiferencia. En lugar de enojarse por que las dejen pasar, ofrezcan el paso a un hombre o a una mujer con una sonrisa cortes, ofrezcan ayudar a otro, hombre o mujer, a cargar las bolsas del supermercado, ofrezcanse a empujar un auto cuando este no arranca en una calle, no estoy hablando de que lo hagan sólo con los hombres, sino con hombres, sí, y con otras mujeres. Entonces sí, cuando un tipo les diga “no, cómo me vas a ayudar vos a mí…”, ahí sí estás frente a alguien que te ve de manera inferior. Pero lo que probablemente suceda es que la persona les diga “no, muchas gracias”, o “bueno, muchas gracias”.

Cuando leí de esta periodista que el porno seguía siendo falocentrista, lo primero que pensé es que si fuera negocio lo contrario, las compañías harían lo contrario. Aquellas mujeres que entran a ver porno buscan lo que les gusta a ellas, no lo que les impone el mercado, de lo contrario no verían porno.  Pero si fuese así que no hay una propuesta y que la periodista sospeche que es porque ven algo mejor que no ver nada, ¿por qué no aparecieron mujeres creando propuestas al porno falocentrista? Si hubiese mercado, ¿de verdad creen que los productores del porno dirían “uy, no, perdemos la hegemonía masculina en la estructura social de nuestras comunidades”? No, ellos van al billete. Y no digo que no haya mercado, sino que me cuestiono por qué las mujeres en lugar de crear un club ideal, que sea superador a la cultura existente, necesita ingresar en el club masculino y transformarlo. Haciendo esto las mujeres se masculinizan, compiten en actitudes masculinas, y terminan haciendo las cosas que toda la vida recriminaron en el hombre.  La mujer puede cambiar al hombre, sin embargo es ella la que está cambiando, y el hombre el que está necesitando asentarse sobre la competencia a la mujer y crecer en lo que le falta, lo contrario a cambiar. Nos se buscan en las carencias, sino que se separan en las diferencias.

Finalmente las chicas maduraron antes, y mientras nosotros seguíamos mirando los pájaros en las gruesas ramas de un árbol caído, ellas empezaron a interesarse por los chicos. Por otros chicos, por chicos más grandes que nosotros. Y nosotros crecimos sólo un poco más. Apenas como para dejar de ponerle contraseña a los clubs.

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