Na zdraví

Este mes son 50 años del Mayo francés, la revolución que nunca fue y que ni siquiera supo que quería. Una revolución sin otra base que el rebelarse por rebelarse de una generación acomodada que en realidad no fue más que un berrinche freudiano adolescente de una generación laxa en busca de un opresor. Quizás esta “falta de opresor” es la base del problema, la orden genética del adolescente a rebelarse genera un gran conflicto cuando el medio es permisivo, la generación que se levantó en las calles de París venía de una década de gran crecimiento económico y social en todo Francia, nacidos en el seno de una clase media pujante estos niños crecieron en un país con un crecimiento del 5% y padres comprensivos que a fuerza de trabajo y esfuerzo trataban de dejar en el olvido la humillante invasión nazi al país galo. ¿Entonces que haces cuando te tenés que rebelar y no tenés un opresor para hacerlo? Te rebelas contra TODO.

La generación trabajadora sobreviviente a una guerra que dejó sesenta millones de muertos eran tildados por sus hijos como los “cons” (los boludos o estúpidos), el Mayo Frances fue la rebelión de los “iluminados culturalmente” contra la generación de sus “padres trabajadores” porque estos habían sido consumidos por el nuevo Leviatán: “el sistema”, de por si en ll Mayo Frances es la primera vez que se tilda de “fascista” al adversario, que dicho adversario graciosamente si había luchado contra el verdadero fascismo y nazismo.

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Raoul Veneigem y el grupo de los fumados de Internacional Situacionista son de los primeros grupos de intelectuales en Occidente que ven en el bienestar y el comercio un nuevo enemigo. Esto sublima el concepto del Mayo Frances en su cruzada contra el bienestar. “En la sociedad del bienestar la garantía de no morir de hambre se compra al precio de morir de aburrimiento. Sí, hemos triunfado sobre la guerra, la peste y la escasez… pero el resultado es el tedio”, “Ya no hay Guernica, ya no hay Auschwitz, ya no hay Hiroshima. ¡Bravo! Pero, ¿y la imposibilidad de vivir, y la mediocridad asfixiante, y la ausencia de pasión?”.

El Mayo del 68 es un grito por parte de jóvenes existencialmente insatisfechos para llamar la atención, y para esto toman un diccionario revolucionario que ya no prende en la clase obrera, y empiezan a luchar contra el “sistema” y “el capitalismo consumista”.

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Los pósters de Mao y el Che en las estatuas de la Sorbona dan el comienzo a la era del progresismo pelotudo burgués que se expandió como reguero de pólvora por todo el mundo en las décadas posteriores llenando el vacío existencial de todo nene bien con ansias de épica.

El saldo de las revueltas y los choques con la policía fueron algunos autos quemados y un par de chichones que nos los vendieron totalmente sobrevaluado como EL hecho político de los sesenta, pero su impacto fue chico: mitines, charlas, conferencias sesudas y por parte de las autoridades una especia de “a ver que quieren ahora estos pendejos malcriados”…

No muy lejos de allí se gestaba la Primavera de Praga, un movimiento que buscaba modificar progresivamente aspectos totalitarios y burocráticos que el régimen soviético tenía en Checoslovaquia y avanzar hacia una forma no totalitaria de socialismo, legalizando la existencia de múltiples partidos políticos y sindicatos, promoviendo la libertad de prensa, de expresión, el derecho a huelga. Acabó en agosto de 1968, cuando las tropas Soviéticas entraron en la ciudad, dejando más de un centenar de estudiantes muertos.

Obviamente en todos lados se recuerda el Mayo Frances y no la Primavera de Praga, porque los sucesos que comenzaron en La Sorbona fueron la cuna y bastión de los pseudoprogres de izquierda caviar que pulularon en las elites europeas después del ’68 y es más romántico poner fotos de un nene lindo con un cartel de “sean realistas: pidan lo imposible” que al de un estudiante checo tirando molotovs a tanques soviéticos.

Héroes de Praga, traicionados por la CIA y Occidente en general, se levantaron contra los tanques enviados por la totalitaria Moscú, que se cague el Mayo Frances…yo por mi lado levanto mi copa y digo “na zdraví“ (salud)