Of Monster and Man (El caso de los Monstruos)

 

El edificio tiene una fachada vieja, casi triste. Frente a él se encuentra Marcos quien lo escudriña con lentitud. –Parece ser otro problema de ricos. –Comenta en perfecto inglés. Junto a él, la oficial Taylor sonríe.

Los dos se encaminan hacia la entrada donde un cartel de privateproperty los hace ajenos al lugar. Luego de platicar un segundo por el intercomunicador las puertas se abren como por arte de magia. Un trueno resuena en la noche justo al entrar. Marcos piensa para sí mismo que es un mal augurio y susurra algo en su lengua natal. La oficial Taylor sabe de qué trata ese susurro, y con poca cortesía le pide que no sea suchanasshole.

Dos espirales de escalones más adelante ya un par de gotas han dado contra las baldosas del jardín internoy el ruido acelerado de cada splash hace pensar a los oficiales que se avecina una tormenta. –Roomtwentytwo. –Confirma Marcos. –Es aquí.

Quizás sea la intensa humedad o las siete cervezas de la noche anterior, pero Marcos ha comenzado a transpirar. La oficial Taylor intenta observar a través de la cerradura y una llave del otro lado le niega el deseo. Las luces están apagadas. Marcos apoya suavemente la oreja izquierda contra la puerta. Segundos después la despega y con un movimiento de cabeza le hace saber a su compañera que no ha escuchado nada.

El individuo que se presume vive allí responde a un nombre de raíces latinas, tan común como cualquier otro, y es por ello que Marcos y la oficial Taylor son los encargados de visitarle. No solo tiene Marcos descendencia panameña y domina a la perfección el español que su mamacita le enseñara desde chico, sino que es la única lengua en la que puede hablar con su abuela, que aún sigue con vida gracias a la virgen bendita. La oficial Taylor es su contracara, puesto que sus ojos azules, su tez pálida y su pelo rojizo claro la alejan bastante del prototipo latino, pero ha trabajado más de diez años en los barrios de Miami, conoce el idioma y sabe bien de qué se trata ese mundo.

Taylor da dos golpes a la puerta contando los segundos que tarda en llegar la respuesta. Más de diez. Otros dos golpes. –Mr. Barros. –Dice la oficial en voz alta. –Thisisthe Miami PoliceDepartment. El ruido de la lluvia se vuelve más intenso y Marcos ahora suda como un cerdo. Otros tres golpes aún más duros esta vez. No hay respuesta.

Cinco minutos más tarde el encargado del edificio ha abierto la puerta. –Stayhere. –Le ordena la oficial. Marcos desenfunda su arma y lo propio hace Taylor con su linterna, pues nadie sabe qué pueden llegar a encontrar allí dentro. La luz alumbra la sala. Una cama llena de objetos es lo primero que se ve. Marcos presiona el interruptor de luz. –No light bulb. –Corrige la oficial alumbrando un cable que baja del techo sin foco. La linterna recorre la sala lentamente. Marcos se seca el sudor de la frente. Nada parecedemasiado extraño. No hay signos del señor Barros. –Whatthefuck? –Dice ahora Marcos entrando en la habitación. Una pequeña puerta en el fondo presume ser un baño. Marcos hace un gesto con su cabeza y los dos avanzan despacio por la sala en dirección a la puerta. Al pasar junto a la cama pueden ver con exactitud qué cosas hay sobre ella. Delineadores de cejas, cremas para el cutis, almohadillas para senos, una faja, pintalabios, esmalte para uñas, ropa, make up, zapatos con taco, rímel, extensiones de cabello, pelucas, dentaduras postizas, aros, cadenas, pulseras,esmalte, rubor. Marcos siente una puntada en la panza. –Pero qué mierda.- Repite, esta vez en español.

La puerta del baño está cerrada. La oficial Taylor saca el arma de su funda y con prestancia la coloca junto a la linterna. –Go. –Susurra señalándole a su compañero la puerta. Marcos hace dos pasos hacia atrás, aprieta con sus dos manos el arma y de un taconazo azota la puerta que se abre con violencia. La luz nerviosa recorre el pequeño cuarto y se clava súbitamente en un cuerposemidesnudo. Dos piernas acurrucadas en la esquina esconden una cabeza calva. –Mr. Barros. –Dice ahora Marcos con vehemencia. –Thisisthe Miami PoliceDeparment.Hands up! –Ordena con una confundida voz de mando. Taylor alumbra conteniendo la respiración. –Mr. Barros. Putyourhands up! –Entona nervioso otra vez el oficial y su voz resuena en toda la habitación. Mr. Barros no se mueve. Nadie se mueve. La oficial quita el seguro del arma. El click provoca una reacción en Mr. Barros. Al menos está vivo, piensa Marcos. Taylor parece a punto de tirar. Su compañero hace un gesto de calma con la mano izquierda y se mueve un paso hacia adelante. –Mr. Barros. Pleasetakeyourhands up. Otherwise, mypartnerhereisgoing to shootyou. –Dice ahora con calma Marcos. –Levanta las manos cabrón. –Traduce casi como si le rogara. Las manos de Mr. Barros comienzan a moverse lentamente, soltando las piernas primero, y luego subiendo. Su cabeza sigue escondida tras las rodillas. La oficial Taylor se siente ahora más tranquila, la puntada en la panza de su compañero desaparece. Marcos se pone en cuclillas y de un movimiento coloca las esposas en las manos de Mr. Barros. Acto seguido, Taylor revisa el diminuto baño. Nada más que cuatro paredes, un inodoro, un lavamanos, un espejo y cuatro pilas de libros junto al hombre.

De repente la voz de Mr. Barros retumba y Taylor apunta sorprendida.
–Son monstruos. –Dice asustado.
–De pie. –Contesta Marcos sin rodeos. Mr. Barros no coopera. Marcos lo toma de las esposas y lo jala hacia arriba. –De pie cabrón. –Mr. Barros obedece con dificultad.

Ahora pueden ver su cara. Es de tez mestiza, pero pálida. La calva y las ojeras le dan un aspecto maníaco. Las vértebras y costillas están a punto de rajarle la piel. La oficial alumbra su cuerpo en busca de alguna herida. No parece haber lesiones excepto por la extrema delgadez de Mr. Barros. La luz está ahora sobre su cara que mira al suelo. Un pequeño bigote se deja ver sobre el delgado labio. De repente su cara mira hacia la luz como una liebre encandilada. Taylor no puede apartar la linterna. Marcos le apunta con el arma y siente otra puntada en el centro del estómago. –Son monstruos. –Repite. –Monstruos viviendo entre nosotros. –Los ojos encandilados no dejan de mirar hacia la luz; parece un espectro. Taylor coloca el dedo nervioso en el gatillo. Marcos vuelve a sudar. -¿De qué putos monstruos hablaeste hijo e´ puta? –Pregunta Marcos con un miedo transparente. Mr. Barros mira fijo a la luz. -¿De qué putos monstruos estás hablando cabrón? ¡Juro que te meto un tiro! –Dice sin calma Marcos. Mr. Barros mira a Marcos y lentamente luego hacia la derecha. Con un leve movimiento de mentón señala la pared. Taylor alumbra. Hay un hueco. Es lo suficientemente grande para que entre un dedo pulgar. Move. –Dice Taylor colocando a Mr. Barros contra la pared con el rostro en los azulejos. Marcos saca su linterna y revisa el hueco. Puede ver hacia el otro lado. La sala contigua es una habitación. Un enorme espejo puede verse al otro lado del cuarto. Una sombra cruza de lado a lado y vuelve a cruzar. Marcos no alcanza a ver de qué se trata. Taylor sostiene a Mr. Barros contra la pared, con el arma en la cabeza, dispuesta a tirar si la situación lo requiere. De repente la silueta vuelve. Marcos puede ver que es una mujer de tez negra, bastante joven, al menos para él. No tiene idea de que Marcos la observa. Se aleja del hueco en dirección al espejo del otro lado. La ropa interior le sienta perfectamente bien. –Pervertido hijo e´puta. –Dice el oficial. Ahora una muchacha blanca se suma a la escena. Las dos conversan en ropa interior frente al espejo, de espaldas al hueco. La morena coge una falda roja y se la coloca. Es muy corta, piensa Marcos, que no deja de observar. –What’sgoingon? –Pregunta Taylor nerviosa. –He’s a peeper. –Lo acusa el oficial. –Disgustingmotherfucker. –Suelta su compañera. Marcos aún no ha quitado su ojo del agujero.
Ya las dos están casi vestidas. La morena se coloca unas almohadillas bajo los pechos que la hacen parecer muy voluptuosa. La blanca comienza con el rímel y luego el delineador. Marcos sigue toda la secuencia. La negra se coloca extensiones en el cabello, luego una faja. Tras colocarse tacos y darse algunos retoques más es irreconocible. La blanca hace lo propio con las extensiones y luego una crema. Marcos piensa en los objetos que hay en la cama de Mr. Barros. –He’sbeensteelingfromthem. –Comunica a su compañera. –Yo no he robado nada. –Contesta el señor Barros.La oficial Taylor presiona el arma sobre su cabeza y le indica que se calle thefuck up. -¿Ah no? ¿Eres travestido entonces? –Pregunta con marcado acento panameño. Mr. Barros no contesta. Marcos va hacia él y con un cachetazo en la cabeza le pide que conteste. –Son pedazos de monstruo. –Contesta casi con un llanto. Marcos mira a su compañera pero no encuentra respuesta en su mirada. Con su linterna repasa los libros. Monstruos, deformidades, abominaciones, mitología y palabras por el estilo arrojan los títulos. –Está trastornado. –Comenta. Todos callan por un momento. Un silencio sepulcral se apodera del cuarto. La oficial Taylor está agitada.–Yo no estoy trastornado. –Dice entonces Mr. Barros. –Las trastornadas son ellas. –Habla con una serenidad que hiela la sangre. –Los monstruos combinan elementos humanos, elementos animales, elementos minerales,elementos necrológicos… -Dice casi como un susurro. Marcos escucha atento, por alguna razón no quiere detenerlo. –Así son ellas. Han dejado de ser humanas. Ahora son combinaciones tan parecidas a los monstruos que ya no puedo verles la diferencia. –Culmina. Marcos está obnubilado. –Moveyoupervert! –Exclama con bronca su compañera un segundo después, sacando a Mr. Barros del lugar.

Minutos después el detenido está en el asiento trasero de la patrulla. La oficial Taylor es quien conduce. Marcos no ha pronunciado palabra en un buen tiempo. Observa con detenimiento a su compañera. –WhatthefuckGonzalez? –Dice con rabia Taylor. –Nothing. Sorry. –Contesta Marcos despabilándose. Diez cuadras más adelante la oficial se ha detenido a comprar cigarrillos. Marcos y Mr. Barros aguardan en la patrulla. Marcos lo observa por el espejo retrovisor. Mr. Barros devuelve la mirada sin hacer gestos. Taylor abre la puerta y toma el volante. Ya no trae los zarcillos que traía puestos. Marcos mira nuevamente por el retrovisor. Mr. Barros sonríe levemente, y Marcos le devuelve la mueca.