El cáncer y el sida

Escrito por David Zaragoza

Corría el año 2015. En este bendito país a alguien se le ocurrió desdoblar absolutamente todas las elecciones. Fue un año donde la clase que tenía acceso a los medios y a Internet se sumió en una guerra de la que hoy aún no se ha salido. Lo que muchos no vieron es que en ese año el país se paró. Nadie se animaba a hacer nada, porque nadie sabía que iba a pasar. Hasta donde yo veo hay muchos aspectos económicos que no se han recuperado desde aquel parate.

Bueno. Para seguir. En ese año, en uno de los debates en la zona guerra de Facebook, se decía que los argentinos teníamos que elegir entre el Cáncer y el Sida. Más allá de los metamensajes horribles que planteaba semejante cuestión, entre los que está el hecho de decir que éramos un organismo destinado a enfermarse, o que ya estábamos enfermos, dato que instalaba en nuestra psiques el embrión del estado fallido, me cuestioné seriamente que sería qué un organismo tuviera que elegir entre esas dos terribles enfermedades.

El concepto de Estado Fallido, salido de los medio de comunicación internacionales en la guerra fría, es un medidor de la incapacidad para garantizar los derechos mínimos por parte de un país. Por ejemplo, Somalia encabeza los índices sobre este tema. Puerto Rico, antes de ser estado asociado de USA, derivaba por el mismo camino. Y he escuchado a un par de figuras mediáticas argentinas hablar de que si no podemos hacernos cargo del país “tenemos” que pedir ayuda. Últimamente lo he visto mencionar en canales y blog conspiranoicos referidos a los países como México, Venezuela y Argentina.

Pero veamos el tema de las enfermedades.

El Cáncer

En algunas células de nuestro cuerpo se produce un cambio en el código genético. Este cambio las pone a reproducirse sin control. Puede ser por estímulos externos, que cambian el código, o por anormalidades del propio ADN.

Este crecimiento no beneficia al organismo anfitrión. Y puede crecer sin control hasta tomar gran parte del sistema y provocarle la muerte.

En concreto. Hay algo, en algunas células del propio cuerpo, que puede o no venir de afuera que las pone a dividirse sin control generando casi siempre tumores, afectando el funcionamiento de uno o más órganos y que puede desencadenar la muerte de la persona.

Existen tratamientos. Todos invasivos y que impactan negativamente en la calidad de vida. Pero en muchos casos se sobrevive. Inclusive se habla de remisión.

Analicemos: es un trastorno, o enfermedad, en el propio cuerpo, que puede o no darse. Que puede generar metástasis. Y que puede desencadenar la muerte. Aunque también existe la posibilidad de entrar en remisión. Hay tratamientos que si bien impactan en la calidad de vida, nos mantienen funcionando.

El Sida

Esta enfermedad es producida por un agente externo (Virus) que afecta a células del sistema inmunológico. Pero no cualquiera, sino las encargadas de disparar las alarmas y/o de identificar a los patógenos.

No voy a hablar de las etapas de la enfermedad, porque lo concreto aquí es que las etapas avanzadas se abre la puerta a las enfermedades oportunistas. El cuerpo deriva en un debilitamiento general, detrimento de la calidad de vida y muerte por enfermedades respiratorias.

Hay tratamientos. Pero se trata de terapias destinadas a mantener la carga viral a raya.

Analicemos: es un agente externo, que nos pone en jaque al imposibilitarnos identificar otros agentes externos que nos enferman, e inclusive, nos matan. El tratamiento, también de afuera, mantiene la carga viral a raya, lo que genera una dependencia para mantener la calidad o modo de vida, y evitar la muerte. Sin tratamiento la muerte es casi una certeza.

A todo esto, hay que agregarle el peso psicológico de sospecharse alguna conducta promiscua, que no necesariamente es así, pero el prejuicio está instalado.

Análisis

A los argentinos que nos llegaba el mensaje a través del Gran Hermano de Internet, primero, se nos hizo creer que estábamos enfermos. Y que debíamos elegir qué nos iba a matar.

El abuso de mi parte de construcciones verbales como “se no hacía”, “se nos llevaba”, etc, tiene un fundamento. Porque los estados en las redes sociales iban y venían. Los leíamos de nuestros contactos conocidos, a los que les creíamos. Entonces bajábamos las defensas mentales, y aceptábamos sin verificar los datos. Y cuando el error era evidente, no hacíamos nada. Porque adheríamos al mensaje principal, de nuestro color o preferencia política. A decir de un contacto amarillo: si le pega a tal figura política, vale. Y compartía la foto de un perro meando un retrato, de una revista de humor negro político. Es decir, que recibíamos constante información sin chequear, a la que adheríamos, solo porque venía de contactos con los que nos identificábamos. Así eran las bajadas de línea. Se nos inducía a creer en ciertas ideas.

Volviendo. Se nos hacía pensar que teníamos que elegir entre una enfermedad de nuestro propio sistema, que con ayuda externa o no, había posibilidades de sobrevivir, afectando nuestra calidad de vida; y otra generada de afuera, en la que si no hacíamos nada, nos terminaría matando gracias a otros agentes externos. El tratamiento, gracias a agentes también externos, nos permitía vivir una vida normal.

Y tras esas falsas dicotomías, el común denominador del Estado Fallido.

Conclusiones

¿Por qué teníamos que aceptar que estábamos enfermos? Aceptando este supuesto ¿qué enfermedad teníamos?

Ahora, sería bueno ver, qué país eligió la mitad y qué modelo se dejó. Porque lejos de falsas enfermedades sistémicas, lo que se pretendió imponer, y es el día de hoy que se sigue insistiendo, es que a no ser que venga un mesías y nos libere de esta horrible carga, nos seguiremos arrastrando como republiqueta. Un mesías sería como si recurriéramos a algún sanador, creyendo estar o estando enfermos.

Que anden bien.