No echemos culpas

Nino 3

Desde muy chicos, nos han enseñado cosas básica como otras que no nos han servido para nada. Incluso hay información que retenemos y no nos sirve para un carajo. Vamos por la vida pensando que todo puede funcionar como nos lo dicen los demás, pero no es así.

Todo empieza cuando somos demasiado inocentes y lo vi hace una semana en un niño. Él estaba jugando, imaginando y corriendo. Daba vueltas por el comedor mientras almorzábamos, saltaba, gritaba, sin darse cuenta qué tenía en frente y siquiera sabía que sucedía a su alrededor. Estaba inmerso en sus fantasías, hasta que una pared hace que se choque y se lastime la frente. Cayó de culo al piso y comenzó a llorar. La madre se levantó de la mesa, se acercó a él y golpeando la pared, quiso hacer sentir mejor al niño. Sin embargo este no dejó de llorar. Luego la madre dijo “pared mala”, “pared tonta” y él se levanto, con lágrimas en las mejillas, a golpear la pared.

La culpa, ¿de quién es?

Del niño.

Lo real es que todos los fuimos así. Tampoco lo dejamos de ser. Pero algo que debemos aprender, es que la culpa no la tiene la pared, incluso si la destruimos, aparecerá otra y nos volveremos a chocar. Por nuestra inexperiencia solemos chocarnos, lastimarnos y echarle la culpa a los demás por los sentimientos que no supimos domar. Así vamos por la vida, chocando contra paredes. El error es siempre de las personas que, por no darse cuenta, chocan y, si salen mal, echan culpas.

Ayer volvimos a almorzar, el niño siguió jugando y haciendo lo que quería. Pero cuando tuvo la pared en frente, se limitó a evadirla, continuó en su mundo y a nadie le preocupó, porque sabían que estaba bien. Con una equivocación, supo que no debía repetir el error y ante un problema, que él podía provocar, se limitó a seguir. Sabiendo que si lo volvía a hacer, terminaría llorando.

Esto que parece una pelotudez, es lo que solemos hacer interminablemente con los amigos, problemas, desafíos, parejas y cualquier cosa que se nos interponga. Si algo nos hace perder, lastimarnos y no aprender, hay que dejarlo de lado. Seguirá ahí, quizás lo recordemos, pero no tiene sentido seguir chocando con cosas que no nos aporta nada, más que una pérdida de tiempo en la gente que nos quiere como en nuestros pensamientos o sentimientos.

No echemos culpas, si antes, no reconocemos que hemos aprendido de nuestros errores.