Algunos Perros No Ladran – Capítulo Seis: La Tregua

Hoy me desperté tarde. Hacía años que no me quedaba dormido. En general siempre fui de dormir lo justo y necesario, pero anoche entré en un sueño profundo y me levanté hoy desubicado, sin saber qué día era ni qué hora, una sensación hermosa. Bajé las escaleras y encontré todo en silencio. Así es desde que Mercedes se fue. Ya metí dos separaciones en lo que va del año sin despeinarme, quizás me esté volviendo bueno para esto. Algunas personas son buenas para iniciar una relación, yo parece que me estoy volviendo bueno para terminarlas. Todo quedó en paz. Cuando ella se fue pensé en Ivana, en lo distinto que fue todo, en lo bien que se siente terminar con alguien con quien querés terminar sin tener que sufrir tanto por todo. A Mercedes parece que también le vino muy bien porque uno de los chicos del gimnasio me contó que estaba saliendo de nuevo con su ex, y me alegro. En el fondo siempre supe que esa era una posibilidad. Hablaba de él seguido, eso dice algo. A Cintia la he visto un par de veces. En verdad me gusta. Es una mina muy simple, sin vueltas ni rodeos, sin juegos mentales ni fantasmas del pasado. Dice lo que quiere decir, hace lo que quiere hacer y no tiene problema en invitarme, así como tampoco tiene problema en que yo no vaya si no tengo ganas. Tuvo relaciones pasadas en donde se encerró, en donde dependió, y en donde finalmente estalló, y parece que eso enseña más que todos los libros del mundo. Ya sabe lo que quiere, y es justo de eso desde donde nos conectamos. Los dos queremos paz, los dos queremos alguien para compartir, para divertirnos, para ir. Creo que estamos cansados de intentar gustar y en esa idea nos gustamos aún más, por no ser condescendientes ni falsos, ni siquiera a la hora de vestirnos. Por supuesto que nos arreglamos, pero un poco, con el solo fin de estar lindo para el otro, pero no para todo el mundo. En la primera salida que hicimos nos fuimos a tomar algo a un barcito que está medio escondido frente a una plaza. No había mucha gente. Hacía calor así que nos sentamos afuera. Mientras conversábamos pasó caminando una chica con muy poca ropa. Yo la ojeé a la pasada y seguí conversando con Cintia. –Yo no podría salir así a la calle. –Me dijo mirándola. –Ya lo sé. Si pudieras no estaríamos acá charlando. –Le contesté. – ¿Ah no? ¿Las vedettes no son tu estilo? –Se rio. –Para una noche seguro, pero para venir a tomar algo y conversar no mucho. En general, quien tiene mucho que decir desde el cuerpo tiene poco que decir desde el alma. –Cité, y ella sonrió. –No estoy diciendo que sea una mina vacía ni mala ni nada, solo digo que quien tiene que mostrar tanto para llamar la atención, probablemente no tenga muchos otros atributos ¿no? –Ella dudó un segundo. –Puede ser. De todas maneras, o es cierto lo que me decís o es una mentira muy bien elaborada y cualquiera de las dos opciones me entretiene.
Así son mis salidas con Cintia, verdaderas, mundanas, sin andar intentando tanto. Por supuesto que quiero gustarle y ella quiere que yo le guste, pero a nuestra manera digamos. ¿De qué sirve hacer un esfuerzo en vestirnos como nunca nos vestimos, hablar como nunca hablamos, decir cosas que en realidad no pensamos y en el fondo aparentar lo que no somos, si llegado el caso de que eso surta efecto y logremos gustarle a la otra persona, con el tiempo sabrá que todo aquello era una mentira y es posible que al ver nuestro verdadero yo ya no le gustemos? ¿No es mejor vender lo que somos desde un principio y a quien le guste que se quede?

Hace poco Lucas se quedó a dormir en casa. Habíamos planeado una escapada a pescar, lo que significa irnos a fumar, tomar, comer y conversar, con la esperanza de que algún pez se digne a clavarse solo en el anzuelo, y si es posible salirse del agua también; pero como diluvió no tuvimos más remedio y llevamos a cabo el plan acá en la ciudad, a excepción de los peces que los compramos en el mercado y los hicimos a la plancha con pimienta y limón. Lucas tiene la cualidad de hacerme hablar de cosas que con otras personas no logro hablar, un poco por la confianza que tenemos, un poco porque sé que es un tipo que viene de una generación en donde decir lo que se piensa es una virtud (a diferencia de la nuestra en donde nos enseñaron a decir lo que se debe) y otro poco más porque deposito en él una suerte de admiración, como si fuese un tipo que sabe algo que yo no sé o algo parecido. Supongo que la mayoría de los padres sienten esa admiración hacia sus hijos, porque entre otras cosas, vienen a enseñarnos, y es difícil no admirar a un buen profesor. Le conté mi historia con Mercedes, con la chica del mercado, y con Cintia, y él me dijo que estaba perfecto, que tenía que seguir intentando y probando, si al fin y al cabo acá estamos para eso, para probar hasta encontrar lo que nos hace bien. Si esto quizás me lo hubiese dicho alguien más por ahí hubiese pensado para mis adentros que era una respuesta obvia, pero hay gente que tiene el poder de decir las cosas y que suenen de alguna manera diferentes, que nos lleguen, como cuando escuchamos una canción y descubrimos en la letra algo con lo que nos sentimos identificados. No es que lo que diga la canción sea nuevo, sino que la manera de decirlo es la que nos hace entenderlo, entonces es a donde me planteo que en verdad es cierto lo que dicen, y que en la vida nunca es el qué, sino el cómo, y que cada uno a su manera, somos capaces de aceptar y entender todo, siempre que la manera en que nos llegue sea la adecuada para nosotros, y con ese mismo concepto también puedo ver que Ivana y yo terminamos siendo una pareja porque en el momento de la vida en que nos conocimos, mi cómo era justo el que ella podía recibir y no otro. Pensándolo racionalmente, hubiese sido difícil ver a una pareja como nosotros. Ella era una de las minas más lindas que yo había visto en ese momento, con un carácter que se llevaba puesto a cuanto tipo se atrevía a seducirla, y yo nunca fui un sex simbol, ni un exitoso deportista, ni siquiera un tipo con mucho levante por aquellas épocas, pero tenía una manera de decirle las cosas que a ella le llegaba. Siempre me valoró eso, la forma, y ahora Lucas me sale con esto del cómo y yo creo que en el fondo es un espejo de su madre, y que con Ivana hemos mejorado en él nuestra raza.

Ayer cuando volvía del trabajo encontré en el buzón del edificio una carta firmada por Ivana. Pensé que sería alguna cuenta a pagar o algún reclamo por hacer, pero nada de eso. Era una carta de puño y letra, de tripas y corazón, una carta que demostraba lo mucho que Ivana me conoce, porque no hay para mí gesto más personal y auténtico que una carta escrita a mano. No imagino cuanto tiempo tardó Ivana en escribirla, ni cuanto más en enviarla, pero la verdad es que jamás esperé un acto así de su parte. Otra forma de demostrarme que ella es más valiente que yo. En la carta Ivana se desnudaba el alma, me pedía disculpas por haber sido como fue, por no haber tenido la valentía de quererme como me merecía, ni de dejarme cuando me dejó de querer. Me reconocía miles de cosas que nunca antes pudo y me agradecía por otras tantas, algunas que nunca supe que ella notaba y otras, como el hecho de sacar todas las noches la basura o llevarle siempre un vaso de agua a la cama, que nunca supe que eran tan importantes para ella, porque en esas cosas ella me decía que se daba cuenta que yo quería que ella tuviese una vida un poquito más linda.No me reclamaba nada, no me señalaba con el dedo, tan solo asumía su parte, sus culpas, y en pocas palabras intentaba exorcizar sus demonios. Yo la admiré, pero también me admiré un poco a mí por haberla querido bien, por haber sido noble. Es cierto que yo la engañé, pero también es cierto que nunca la dejé de querer, y por eso nunca se me ocurrió dejarla. Ella sí me dejó de querer y nunca tuvo el valor de dejarme, según la carta, por miedo a no encontrar nunca más a alguien que la quisiera incondicionalmente.Entonces entendí que el valor no recae solo en decir las cosas, sino también en las decisiones que tomamos, y que, si bien Ivana era una mina muy valiente para enfrentar situaciones, no lo había sido en esta, la más importante de todas, y que en el fondo todos tenemos un talón de Aquiles que a veces sobresale más y otras tantas hay que buscarlo, pero que siempre está.
Le contesté otra carta agradeciéndole por su gesto, diciéndole que nos quedáramos con el cariño que habíamos profesado durante los buenos años. Le dije que la quería y que la iba a querer siempre, que Lucas nos unía y que la vida de los dos cambiaba a partir de ese momento, porque aquel cuco que parecía íbamos a tener por siempre del otro lado, se había esfumado en la tinta de su lapicera. Fue una carta linda de escribir, llena de verdades, llena de sentimientos sinceros, llena de perdón, y fue extraño para mi ver como hay personas de nuestro pasado que vuelven a contarnos que el nuestro no fue nunca lo que creímos.

En fin, ya veremos que nos depara el futuro, aunque de a poco empiezo a sentir que el “vivir el ahora” de Lucas tiene de a poco un poco más de peso en mí. Quizás sea que cuando uno se pone grande empieza a valorar más los momentos, pero lo cierto es que hay pocas cosas que me preocupan hoy, y eso me hace feliz, porque significa que he cambiado, que tengo menos preocupaciones y no porque no existan, sino porque he aprendido a darle a cada cosa su valor. La plata será siempre plata, y nada más que eso, algunas veces la tendremos y otras no, pero está lejos de ser un problema real para mí. Los desamores existen, son parte del amor. Tan solo hay una pareja en nuestra vida que no se va a romper y esa es la última, el resto se terminarán en algún momento, y no hay nada trágico con eso, pasa todos los días, en todos lados, a cada segundo, a alguien se le está rompiendo el corazón. Las malas hay que sufrirlas sabiendo que siempre pasarán, sin intentar esquivar el sufrimiento y andar desparramando los pedazos por cualquier lado, porque así lo único que hacemos es extender la agonía. Cuando duele, hay que dejar supurar. Ya veremos si Cintia es una mina para mí y si yo soy para ella, pero de no serlo tampoco será un problema, tan solo una situación. De a poco uno se va dando cuenta de que no existen malas decisiones sino malas formas de aceptar las consecuencias de nuestras decisiones, consecuencias que desde un principio estaban ahí y que no deberían de sorprender a nadie.
A diferencia de la vida que tenía hace un tiempo, la que tengo ahora está avocada a la forma de vivir que quiero tener y no al revés. Antes yo era lo que tenía que ser para la vida que me había tocado vivir, y hoy intento vivir la vida que quiero, siendo lo que quiero ser. Lo que quiero es en el fondo tiempo, porque para las cosas que me gustan como el amor, los libros, los amigos, la familia, la música, los viajes y todo eso, necesito antes que nada tiempo, ¿Cómo disfrutarlos sino? Y así es que he empezado a decidir todo en cuestión de lo que quiero que es el tiempo, y con eso decido hoy dejar mi trabajo para dar clases, alguna que otra consultoría de las que me gustan, y no mucho más que eso. Tendré menos dinero seguramente, pero también tendré el tiempo para disfrutarlo todo. Nos llenamos la vida y la boca diciendo por ahí que lo importante es la familia, la salud, el amor y no sé qué tanto más, y cuando sacamos cuentas le dedicamos más tiempo del día a ganar plata que a cualquiera de esas cosas, que, según nuestras palabras, son las más importantes, y entonces toda declaración deja de tener valor porque en nuestras acciones decimos lo contrario, y yo no quiero ser más un hipócrita, yo quiero hacer lo que digo, quiero ser consecuente, porque si algo me enseñó la vida es que uno puede perdonarse cualquier cosa, menos la falta de coraje para ir por lo que quiere.

Solo puedo decir que no queda otra cosa en esta vida más que intentar, porque no es más grande quien más lejos llega, sino quien más intenta. Hay mucho más mérito en un lacayo que se convierte en noble, que en un príncipe que nace sabiendo que algún día será rey. Habremos de intentar entonces nosotros ser mejores, sabiendo que ser mejor tiene tantos significados como personas hay en el mundo, pero mejores al fin acordes a nuestro diccionario, porque no podemos morir en la mediocridad de no intentarlo al menos, intentar en la vida, intentar empatía, intentar hoy, ahora, intentar ser consecuentes con nuestras palabras. Intentar que no duela, intentar dar un salto, intentar perdonar, intentar aunque sea un poco, intentar amor.

Intentar, esa es la cuestión.