Novela bajo la luna llena

Luna 2

La gata estaba preñada, era viernes trece de luna llena y mientras pensaba en el nombre de sus crías, fui testigo de algo único, irrepetible e inolvidable para mí y para los protagonistas.

Salgo, como cada noche, al jardín para dar una vuelta antes de ir a dormir. Cierro el agua que riega las plantas, me aseguro de que la perra haya comido, apago las luces y contemplo un rato la naturaleza a oscuras con el sonido de los grillos. Miro a la gata con su avanzada gravidez, motivo por el cual a pesar de su temperamento independiente, en las últimas semanas estaba demasiado mimosa y ronroneadora. Apareció en mi mente la idea de ponerle un nombre a las crías que aún se estaban gestando y pronto poblarían los rincones de la casa.

Mi gata se llama Novela, y debe su nombre a una gran historia. Entonces considero que Historia puede ser un buen nombre. Detenida en el pensamiento, mientras daba la vuelta por el jardín, seguida de cerca por la gata y la perra, veo una parejita de jóvenes que se detienen en la calle, frente a mi portón y se quedan mirando al cielo. Él le susurra algo al oído y ella sonríe bajo la luna llena del viernes trece de enero. Noche veraniega en esta latitud sur, la piel podía percibir fácilmente veintiséis grados bajo las estrellas.

La chica, preciosa, estaba con su cabello oscuro suelto cayendo en los hombros, y sobre su cuerpo bailaba el vestido de algodón amarillo con mariposas turquesas. A él unos segundos observando la inmensidad destellante de azul y plata, le parecieron suficientes y movió su brazo, estirando el de ella, sujetándola por la mano en clara indicación de continuar el camino. Ella no se movió de su sitio. Soltó la mano que la unía a él y elevó los brazos, señalando con los dedos las constelaciones que veía. Él volvió la cabeza nuevamente al cielo, con sus ojos inquietos, intentando ver lo que ella le señalaba.

Dije para él, pero sin pronunciar palabras: “besala…”. ¿Qué otra cosa ansiaría una joven enamorada bajo la luna llena de una noche de verano? La gata y la perra estaban inmóviles como yo. Espectadoras atentas y omniscientes. Él volvió a tomar su mano, intentando continuar y ella, esta vez sin soltarse, giró sobre su cuerpo en una danza que la llevó junto a él. “¡Besala!”, volví a implorar para mis adentros. La chica se soltó de las manos y antes de que sus brazos volvieran a elevarse, finalmente él la besó. Así tomándola de los labios sin otra parte de sus cuerpos sometida al roce. Ella respondió al beso sin invadir la piel, jugando ambos al equilibrio de dos cuerpos que se tocan sólo en el punto sublime de una respiración cercana.

El alma llama al alma…, y en ese juego tibio y sereno de labios húmedos bajo el cielo, aparece la exacta conexión química, la alquimia secreta, el hilo rojo o plateado que conecta espíritus y estrellas.

Luego del beso, ella se sometió a continuar el camino habiendo satisfecho su deseo, abrazada a su enamorado. Después de contemplar la escena, sonreí y agradecí la magia y a mis ojos. La perra se dio la media vuelta y la gata me clavó la mirada inquieta, como leyéndome la mente o indagando sobre su futuro y el de su familia.

Viernes trece de enero, noche de luna llena, los arcanos estaban desfilando en caravana de fiesta con las hadas, las brujas y los fantasmas, conjurando hechizos con rituales a la buena del viento y el fuego. No hacía falta lanzar runas al cielo ni cartas sobre el mantel. Mi gata había transitado su segunda luna, habría parto en casa esta noche y definitivamente, una de las crías se llamará Historia y la otra, posiblemente, Luna.