El secreto es no quedarse quieto

Aunque no lo creás, sos capaz de conseguir lo que querés. Muchas veces me he sentido en la lona, no he podido levantarme y, con los ojos cansados como rojos, he tirado todo a la mierda. Me he hundido en la cama, dado más vueltas que un trompo, quebrado en llanto y pude levantarme por ese dolor que impulsa al corazón a pelear.

El mundo no es lo que queremos, es lo que vemos y, a la vez, lo que  creamos. Si nos quedamos tirados se nos cae encima y aplasta sin contemplaciones. Rogale a un Dios, pedile al karma un suspiro o al destino un cambio y verás que no pasa nada. La voluntad es el eterno motor, nuestras decisiones lo que nos harán crecer y los problemas son pruebas de cuanto queremos conseguir lo que anhelamos.

Muchas veces me tropecé con la piedra y me terminé enamorándome de ella, en vez del tropezón. Te hace grande amar los tropezones y no quien te hace la vida más complicada.  Tenemos una chance, por eso aceptá al dolor, la sonrisa, lo que se va, el momento y conócete lo más que podás. Si te ilusionaste con algo y no era lo que esperabas, dejalo ir. El tiempo,  personas, lugares, momentos y cualquier cosa puede cambiar… cuando tenés en cuenta que el primero que lo debe hacer, es uno mismo.

Esto parece una pelotudez de autoayuda, sin embargo, hay que dejar de escuchar tanto a los demás y más a uno mismo. Así uno va a saber qué quiere en esta vida, no te tendrás que esforzar porque las soluciones llegaran por sí solas.

El secreto es no quedarse quieto.