…entonces somos felices

Felices 5

“La derrota tiene una dignidad que la victoria no conoce”
(Jorge Luis Borges)

Al fin y al cabo el éxito no complace a nadie. El éxito es un consuelo de las inseguridades que buscan permanecer en la mente del otro para no sentirse solos. Pero el éxito se diferencia mucho de la satisfacción y la consistencia. Estos pueden traer aparejados el éxito, a veces. Y a veces traen la soledad y el desamparo. El éxito es un resultado ocasional.

Solemos pensar que hay gente exitosa, pero no la hay. Es un engaño literario. Tal vez ese es el peligro de la lengua. Hay logros, así, individuales y puntuales. Hay caminos, direcciones mantenidas. No hay un “éxito” como manera de vivir, como forma de ser.

La RAE dice en primer lugar que el éxito es “el resultado feliz de un negocio, actuación, etc…”. Después dice que “es la buena aceptación que tiene alguien o algo”. Y por último dice que es el “fin o la terminación de un negocio o asunto”. No habla de dinero ni de felicidad. El éxito tiene el mismo mecanismo de premios que el cigarrillo o el alcohol. Cuando lo consumo, cuando lo saboreo, siento algo fuerte que me invade el cuerpo, y luego deseo probarlo de nuevo, lo merezca o no, sea sano o no, signifique algo o no. Tiene de malo la consecuencia en nuestros hábitos. Somos nuestros hábitos. El hábito es la mecánica que usamos para no pensar en cosas que ya decretamos que vamos a hacer de todos modos (Hábito: modo especial de proceder o conducirse adquirido por repetición de actos iguales o semejantes, u originados por tendencias instintivas. RAE). El éxito tiene mucho del hábito de fumar o de beber, del hábito de pensar lo que queremos sin replanteárnoslo. El éxito, como los siete minutos de un cigarrillo, es humo que se pierde en el aire con volutas pintorescas, descoloridas, y por un lapso determinado de tiempo, pero que nos relaja un instante, nos hace sentir bien. Es un cigarrillo. Por más que le pongamos adjetivos y características humanizantes, que digamos que es suave, sensual, que es una compañía… el cigarrillo no es nada. No existe. Como mucho es sólo un cilindro de papel con pasto y algodón. El cigarrillo representa lo que nos falta, lo que carecemos, para sentir todo aquello que le adjudicamos al cigarrillo. Serenidad, paz, compañía…, seguridad… El éxito es igual, es un cigarrillo, representa todo aquello que le adjudicamos y que nos falta, que adolecemos. Y se consume, lo disfrutamos, nos sentimos bien después de haberlo probado, pero luego vendrá la abstinencia, el vacío, las ganas de hacerlo otra vez aunque nos haga mal, aunque perdamos algo cediendo a ese deseo.

Y ¿por qué inventamos esta necesidad del éxito? Porque antes se inventó el fracaso, que también es un instante, una deducción incompleta de algo que no salió como esperábamos. Fracasar: frustrarse, tener un resultado adverso en un negocio. Frustrar: privar a alguien de lo que esperaba.

Personalizar el fracaso puede servirle a alguien muy exigente y efectivo para lograr sus metas. De afuera pareciera ser la llave del éxito, pero si ese es el motor es porque dentro hace combustión. No es gratis. Cada fracaso duele tanto, pega tan fuerte que mueve toda una voluntad ante el miedo que le origina ese fracaso, o el presunto desafío a no fracasar. El fracaso es la personificación nuestra situada en algo exógeno. Es lúdico, si funciona, somos ese éxito, si sale mal, somos ese fracaso. El nivel de exigencia de cada uno es el porcentaje de probabilidad. A mayor exigencia, mayor porcentaje de fracasar.

Pienso que el éxito verdadero es la autoestima que nos erige frente a nuestros caminos. Algunas cosas salen mal, pero seguimos de pie. Otras salen bien, y no hay euforias, sólo satisfacciones de que obtenemos lo que buscamos, que dimos un buen paso, de que probablemente el camino sea el correcto, el considerar haber fallado, habernos equivocado, sin caer, de pie, mirando el camino. Sin proyectarnos en los éxitos, pero tampoco en los fracasos. Éxito no es estar bien con los hijos, éxito es estar de pie frente a esa situación cada vez. Éxito no es hacer un buen negocio cada vez, sino estar parado, erguido, frente a los fracasos y los triunfos, caminando, con el viento en la cara, mirando el sol, dando pasos firmes aunque nuestro camino sea un destartalado muelle sin salida. Cuando uno no se proyecta en los resultados, entonces tiene paz. Hacemos lo que podemos, lo que creemos que debemos hacer. Los resultados son puro aprendizaje.

Entonces, cuando tenemos paz, esta paz, y nos reímos, nos reímos mucho, sonreímos, hacemos sentir bien a nuestros amigos, cuando sentimos la lluvia en las manos, o el sol en la cara, o el frío en la espalda, o los aromas del invierno… cuando tenemos esta paz y hacemos estas cosas, entonces somos felices.

Felices 2