Cinco formas de estar solo

Si usted quiere conocer el rostro de la soledad,
deténgase frente a un espejo.
Descubrirá entonces
que la soledad no es un solo hombre,
sino dos semblantes ajenos
que se miran, se hablan, se gritan,
pero no se entienden entre ellos.

*

Salga a caminar por la urbe.
Camine hacia el sur. Muera hacia el norte.
Sumérjase en la continuidad de las formas,
en un océano de gente, bocinas, anuncios
y compruebe, con su tristeza,
que sigue caminando solo.

*

Regrese a casa. Entre sin meter bulla.
No salude a su familia.
Siéntese frente a una caja de mundos alternativos.
Encienda la máquina.
Conéctese a la red social del planeta burgués
y entienda que, entre fotos, muros,
diálogos e indiferencias virtuales,
se siente más solo que antes.

*

Apague la luz de su habitación.
Cierre los ojos. Huya de los días reales.
Sueñe la gloria. Invente un crucero.
Dígale a la mujer de sus sueños: «no te amo»,
«me da igual», «no quiero herirte».
Luego mire hacia adelante:
su propia soledad le da la espalda,
se aleja en la bruma, no cree sus mentiras.
Usted es un perfecto idiota.

*

Ahora mire hacia atrás:
hay una sombra con un diccionario en la mano.
Lea el diccionario:
aprenda mil formas de vida solitaria.
Converse con la sombra:
comprenda que la soledad no es una sola mujer,
sino todos los besos, batallas, pasiones,
ojos que lo observan esta noche,
y descubra, en este momento,
que usted nunca estuvo solo.