Propuestas de muerte

Hace algunos días, el grupo de sacerdotes católicos de la CABA que orienta el mediático Padre Pepe, emitióun escrito fijando su postura–adversa, como era de imaginar-en relación ala despenalización del aborto y al Gobierno nacional que habilitó su tratamiento parlamentario.Una posición tan previsible por el hábitode los firmantes como por la vereda política que transitan. “El Ejecutivo anterior –dicen- no sólo no propició este debate, sino que incluyó a las mujeres embarazadas en la Asignación Universal por Hijo”.

Como es su costumbre, los clérigos se presentancomo la continuaciónpastoraldel Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo (MSTM), surgido en 1967 y recordado por su dedicación a los desheredados. Así, desde esa altura de aparente autoridad,los nuevos “curas villeros” enumeranlas tres“propuestas de muerte”que jalonan su derrotero: el terrorismo de Estadoen el pasado reciente;el tráfico de armas y drogas en la actualidad y la libre práctica del aborto en un futuro posible. “A lo largo de cincuenta años este equipo de sacerdotes de las villas, que se fue ramificando en otros lugares como la provincia de Buenos Aires, ha sido testigo de muchas propuestas de muerte. Han muerto catequistas, religiosos y sacerdotes por la dictadura. Por el tráfico de armas y de drogas continúan las muertes de adolescentes y jóvenes. No necesitamos agregar más muertes”, concluyen.

Dejando de lado tan delirante asociación conceptual y aún al propio tema central del llamamiento(según entiendo, abordar una problemática como la despenalización del aborto en términos confesionales abre una discusión tan ilimitada como inútil), me detengo en la cuestión de las “propuestas de muerte” que, siguiendo al documento publicado, esta corriente católica sólo habría experimentado en condición de víctima o testigo.

Quienes lo suscriben parecen olvidar quefue el propio Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundoquien propuso, a poco de su creación,la muerteviolenta como una línea de acción lícita para producir el cambio social. Carlos Mugica, su figura más destacada, publicó en el diario La Opinión del 12 de marzo de 1972 una editorial más que ilustrativa al respecto: “El cristianismo puede estar dispuesto o no a matar, por razones de conciencia, formación o ideología, o sea a responder o no a la violencia con la violencia que sufre. Pero lo que puede dejar de ver es que debía estar a dispuesto a morir y esto era clarísimo. No dudaría un instante, con la gracia de Dios, de incorporarme a una acción violenta si con esto viera claro lograr eficazmente con ello disminuir la miseria, el sufrimiento”.(*)

Mugica no fue el único que actuó en esta “propuesta de muerte”. Para José Pablo Martín, catedrático de la Universidad Nacional de General Sarmiento,elMovimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundose relacionó con la lucha armada en varios sentidos: “En primer lugar, por la participación de algunos de sus miembros como cuadros de las fuerzas irregulares (…) Otro grupo tenía contactos con guerrilleros en los lugares que frecuentaban, como universidades, villas, barrios, las mismas estructuras oficiales delPartido Justicialista, etc. (…) Tiene acierto un dato atribuido a los servicios de informaciones de las fuerzas armadas que llega a manos de los STM durante 1971, en el que los militares calculan un 5 por ciento de ‘subversivos’ entre los STM, que estaban comprometidos de alguna manera con hechos de violencia”.(Extraído de El movimiento de sacerdotes para el Tercer Mundo, UNGS, 2010).

No me propongo aquí hacer un balance histórico del MSTM o de las posteriores apariciones de la “iglesia de los pobres” en la escena histórica nacional (para ello, recomiendo el capítulo que le dedica Juan José Sebreli en su libro Dios en el laberinto).Tan sólo pretendo señalarla sobrevivencia de un rasgo propio del irracionalismo autoritario emanado de las fuentes del catolicismo “revolucionario”que, incapaz de ofrecer una posición autocrítica, convierte sus trágicos errores del pasado en un relato heroico que le permita sostenersu pretendida autoridad moral en el presente.Sostenidaen ocultamientos y mitificaciones, esta reprobable práctica propagandística fue llevada al límite de la caricatura, no casualmente, por el “Ejecutivo anterior”que añora elgrupo del Padre Pepe.

Por otro lado, aprovecho para reiterar aquí mi convicción de que frente a los temas donde se debaten cuestiones atinentes a la sociedad actual y por venir -como la soberanía corporal, la concepción o las políticas sanitarias-, siempre es mejor dejar que los muertos entierren a sus muertos, parafraseando al vapuleado Marx,para que las nuevas ideas puedan cobrar conciencia de su propio contenido.

(*)NOTA: Si bien Mugica, años más tarde, tomó distancia de la lucha armada y, especialmente, de Montoneros –al punto que no son pocos los que acusan a este grupo de haberlo ultimado en 1974- fue bajo su inspiración que se formó uno de los núcleos fundacionales de la organización. Desde mediados de los 60, Mugica actuaba como asesor espiritual del Colegio Nacional Buenos Aires y de la Juventud Estudiantil Católica, simultáneamente. Tanto Mario Firmenich como Gustavo Ramus, entre otros alumnos del Nacional, se incorporaron a este último ámbito a instancias de su carismático confesor. Tal como lo relata Graciela Daleo, quien compartió una experiencia en el Chaco con ambos, la influencia de Mugica en ese viaje iniciático fue fundamental.