Una noche de algún día

Soledad 2

Nunca busqué tu nombre,
nunca quise estar contigo.
Si han pasado tantos años
¿A qué el que seamos amigos?
Compañera sin testigos,
amante de adolescencia,
evitando la presencia
siempre estuviste conmigo.

¿No podés ver que mis manos
no encuentran en vos abrigo?

Sin embargo tantas noches,
o tardes, desprevenido,
te apareciste sonriente,
apartando en mí la gente,
haciendo de mí un baldío,
lote de yuyo y vacío,
páramo de parsimonia.
Mis manos lentas al vino,
un cigarrillo apagado
cerquita de otro prendido
y entre tu beso, escondido,
la muerte de los amores,
la cáscara de lo que he sido.

¿Para qué es que me has servido
si es que sirves a tu amado?
A tu yugo un pie amarrado,
a tu encanto empobrecido,
mis manos lentas al vino,
mi nombre al viento borrado,
y a mis pies, despatarrado,
como una red enrredado,
lo que creí mi destino.

Amanece en la ventana,
anochece entre mis ojos,
y como rueda de abrojos
te encuentro a mí… abrazada.
Vestida de indiferencia,
desnuda de tu frazada,
fría como la muerte,
como un susto que no advierte,
y tibia como el temor
de no sentir nunca amor,
de estar siempre enamorada.

Una noche…
una noche de algún día
sé que tendré la alegría
de ver tu cajón cerrado.
Una noche de algún día
veré tu nombre enterrado.
Y con mis pies embarrados
de tus pantanos servidos,
dejaré de andar contigo.
Una noche de algún día
una sonrisa perdida
olvidará que te he amado
y, poniéndose a mi lado,
seguiremos el camino.