La casona de la isla

Desde su creación en 2010, el Ministerio de Seguridad de la Nación tiene sede central en la calle Gelly y Obes. Es un petit hotel enclavado en el centro de La Isla, como se le llama a este afrancesado recodo del barrio porteño de Recoleta. Algunos aseguran que la ministra inaugural, Nilda Garré, se emocionó al considerar que el edificio era parte de la topología del intangible campo nacional. “En estas habitaciones, donde ahora tengo mis oficinas, vivieron su amor Perón y Evita”, habría dicho.

De ser cierta la expresión dejaría en evidencia que la ex funcionaria no acostumbra alimentar sus pasiones políticas de información verificable (algo muy propio del peronismo estetizante que abrazó en su juventud), pues si alguna experiencia de amor tuvo Perón entre estas paredes, seguramente fue con Aurelia Gabriela “Potota” Tizón, su primera esposa, con quien compartió un breve tiempo el dúplex conformado por los dos últimos pisos del edificio.

A pesar de que años más tarde –especialmente tras la muerte de Eva Duarte-, Perón volvería a residir de modo intermitente en esta casa, nadie podrá decir que la estadía de las jóvenes estudiantes de la UES–a las que alojó en los pisos inferiores-, o el supuesto flirt vivido con Nelly Rivas (no muy documentado, vale aclarar) en los pisos superiores, se pueden contabilizar entre los hitos auténticamente amorosos del general. Ausencia de amor que, sin embargo, compensó con la vil materia: antes era inquilino y ahora podía disfrutar de la casa como propietario.

Entre ambas instanciase se aparece una figura que será crucial en la vida del jefe del justicialismo. Y de la Argentina. Me refiero al empresario Alberto Dodero, dueño del holding naviero más importante del país hacia 1942 y del palacete de la Recoleta (apenas una de las tantas propiedades que figuraban a su nombre) donde vivió el joven matrimonio Perón. Crucial en la vida de la Argentina, decía, porque la mayoría accionaria del holding naviero fue adquirida por el Estado Nacional, mediante la ley 13.542, sancionada el 5 de agosto de 1949, a fin de ampliar la Flota Mercante del Estado, que se constituyó en la más importante de América Latina, superando a Brasil, el líder regional .A pesar de ello, la oposición protestó: la flota de Dodero, que generaba enormes pérdidas, venía disfrutando de cuantiosas concesiones otorgadas desde el gobierno presidido por su antiguo arrendatario.

Dodero respondió con gratitud al favor recibido. De acuerdo a la investigación llevada a cabo por la Comisión Nacional de Investigaciones (Decreto Ley 479), en 1956 las propiedades inmuebles de Perón eran vastísimas y muchas de ellas –como las viviendas de ciudades tan distantes como Montevideo y Biarritz- habían sido regalos de Dodero. A éstos (y cientos de bienes más) se les aplicó el decreto 5148/55, según el cual “está dentro de la tradición jurídica el disponer que los enriquecimientos ilegítimos obtenidos por los funcionarios del régimen depuesto y sus cómplices pasen al patrimonio de la Nación”.

También figuraba en los resultados de la investigación el petit hotel de La Isla, que había llegado a ser el refugio favorito del ahora Tirano Prófugo. Tan apegado estaba a ella que cuando el ex secretario de Seguridad de Menem, Andrés Antonietti, remodeló el edificio (aún estaba bajo la órbita del Ministerio de Justicia), declaró al diario La Nación haber descubierto que las canillas del baño principal tenían tallados el monograma “JDP”.

 

Detalle vanidoso pero acorde al estilo de este intramuros destacado de la Recoleta, concebido por Joseph Antoine Bouvard (alguna vez director administrativo del área de Arquitectura, Paseos y Forestación de París), donde conviven la Embajada Británica, el departamento familiar del cura Mugica y una bella mansión convertida en oficinas, en cuya historia se cifran las grandezas y miserias de un tiempo histórico que aún nos cuesta entender.