Para Teresa

Abrió la puerta y salió. Por unos minutos se quedó parada en la puerta mirando la nada mientras él se alejaba, hasta que reaccionó y fue a la mesa. Ahí estaba, su canción y su dedicatoria: para Teresa.

Todavía podía sentir como flechas atravesándole el alma a cada una de las teclas suaves y puras de aquella melodía tan simple y precisa… ¿Así sería el amor? ¿Amar se podría expresar con la costura de unos cuantos acordes en el telar invisible de una tarde para ella, una tarde dedicada a ella? ¿Cuántas mujeres podían presumir de tener una canción a su nombre?

Teresa 6

Pero el amor no era lo más importante en su vida, y ella no podía casarse con su profesor de piano.

Teresa Malfatti se casó con un conde húngaro.

Cuando muere Beethoven, el que encuentra la partitura confunde el nombre de Teresa por el de Elisa, y aquella tarde de sentimientos a flor de piel y lágrimas y despedidas quedó sepultada en el olvido por un error, y Teresa se quedó sin su podio en la historia del mundo.

La tentación de nosotros espectadores estará en decir “el gran amor de Beethoven quedó fulminado por un error”… pero no. Que aquella bagatela sea una de las obras más famosas e importantes de la historia de la música no hacen a Teresa su gran amor. A su gran amor Beethoven le dedicó “Amada Inmortal”.

Y nadie supo nunca quién fue aquel mi ángel, mi todo, mi yo mismo, como el genial compositor dejó escrito.