Mover cosas con la mente

Por Juan Manuel Augusto

Hablar con desconocidos, o con poco conocidos, conocer historias, indagar, saber, consultar, me es inevitable. No es un don, no es una virtud, simplemente es. Pienso que generar esas situaciones te llevan a aprender, de crecer, de llevarse algo valioso del otro.

Un profesor de sociología me contó una anécdota que vale la pena compartir. La historia contiene varios mensajes que podemos interpretar de distintas maneras, cada uno sabe que mensaje recibir.

En su primer día de clases en la universidad, decidió darles un sabio consejo a sus alumnos de una forma muy particular. Se encontraba en un curso de unos 40 estudiantes de primer año. El promedio etario rondaba los 19. No solo lo abrumaba el nuevo reto, sino también la dificultad de lidiar con la actitud del alumnado de esa edad, algunos se van de graciosos, la mayoría distraídos y por supuesto muchos desinteresados.

Entró al aula, dejó su portafolio en el escritorio y escribió su nombre en el pizarrón. Dejó en claro el programa a desarrollar, la forma de evaluar y recalcó que no le interesaba tomar lista, que las personas que no vayan a clases hubieran deseado haber asistido.

El profesor silenció a los alumnos y les hizo una propuesta “Por ser el primer día de clases, voy a regalarles algo. Si ustedes quieren puedo enseñarles a mover cosas con la mente, sólo con utilizando el poder de la mente” Los estudiantes comenzaron a reír, bromeaban con tal propuesta y se burlaron soberbiamente “bueno profe, si es para perder tiempo estamos dispuestos a escuchar” dijo uno de los alumnos de atrás. “Primero en principal, quiero que sean sinceros y quienes piensen que esto es una pavada se puede retirar, probablemente tengas cosas más importantes que hacer y tal vez quedarse a escuchar lo que voy a decir no sería fructífero para ustedes. De hecho – prosiguió el profesor – me encantaría que quienes no estén interesados en quedarse unos minutos, se retiren y vuelvan la próxima clase” varios de los alumnos se levantaron y sin decir sus nombres saludaron al profesor y se retiraron del aula, eran aproximadamente unos 10, consecuentemente quedaron unos 30. El sociólogo decidió comenzar con una primera observación. “Chicos, me alegra mucho saber que los que se quedaron se hayan interesado en mi propuesta, sin juzgar a los demás, es difícil explicar algunas cosas a personas las cuales no están dispuestas” hizo unos segundos de silencio y luego miró a los estudiantes. “Voy a hacerles una pregunta, ¿Cuántos de ustedes piensan que lo que estoy proponiendo es una boludez? ¿Cuántos de ustedes creen que puedo enseñarles a mover cosas con la mente?” varios de los chicos comenzaron a reír, la relación alumno-profesor cambió rotundamente con las preguntas, probablemente con la palabra “boludez”.

La risa de los chicos dio por entendido que la mayoría asentía con la pregunta. El profesor les dejó una nueva reflexión “confiar en alguien que propone tal cosa es muy difícil, pero en este contexto no quedarse por sólo curiosidad, es de idiota. En los momentos menos esperados de la vida, uno puede llevarse algo que hará cambiar su curso, o no tanto, y simplemente llevarse algún truco que los hará pensar” el profesor prosiguió sin hacer preguntas, ni haciendo participar al alumnado. Dio explicaciones específicas del funcionamiento del cerebro y sus alcances en su buen uso. “La mente es el nombre más común dado al fenómeno emergente que es responsable del entendimiento, la capacidad de crear pensamientos, la creatividad, el aprendizaje, el raciocinio, la percepción, la emoción, la memoria, la imaginación, la voluntad, y otras tantas habilidades cognitivas.

Se trata de un concepto excesivamente complejo de entender. Hoy, pleno siglo XXI, su funcionamiento siga sigue siendo una completa incógnita para la ciencia. La mente integra diversas facultades del cerebro, permitiéndonos reunir información, razonar y extraer conclusiones. Nuestra actividad mental tiene tres tipos de procesos: los conscientes, los inconscientes y los procedimentales, en éste último haremos hincapié, porque considero que todo lo que se puede imaginar se puede lograr. No abordaré más en el tema ya que no es lo que quiero transmitirles, sin embargo me pareció pertinente dar una pequeña explicación, ya que voy a intentar trasladarles mi conocimiento del cómo mover cosas con la mente”. Él sabía que los chicos no habían entendido profundamente su explicación, sin embargo algunos conceptos esenciales en la materia, habían logrado posicionarlo como el más sabio de todo el salón. Hizo unos segundos de silencio. La atención de los chicos ya estaba en sus manos, los que se habían quedado estaban tan entusiasmados que no parpadeaban escuchando. “Queridos alumnos, llegó la hora” dijo el profesor con una sonrisa. “Voy a mover con el poder de mi mente aquel pupitre que está al final del aula” los chicos voltearon a ver. “Pero no se apresuren” dijo el profesor “a ver usted, ¿cómo se llama?” indagó, “Francisco” dijo un alumno sentado en primera fila. “Por favor, sea tan amable de traerme el pupitre” el alumno sin titubear se paró y fue a buscar el pupitre, lo llevó delante del profesor, y se volvió a sentar. Luego de unos segundos de silencio, el profesor dijo “chicos, he aquí consumado el truco”.

Los murmullos no tardaron en llegar, atónitos los alumnos empezaron a murmurar con cierto tono de disgusto, algunos de ellos se retiraron mirando al profesor como si les hubiera tomado el pelo. El profesor espero unos minutos, observó que unos 20 estudiantes seguían en el aula sin entender, esperando una respuesta, mirándolo como si les debiera algo.

“Voy a explicarles lo que acabo de hacer” dijo totalmente relajado y haciendo algunas muecas de gracia. “Logré captar la atención de aquellos que quisieron aprender, el primer paso fue proponer algo y quedarme solo con los que estaban interesados. Luego pude distinguir quienes verdaderamente me escuchaban y querían aprender, me centré en ellos. El siguiente paso fue citar conceptos científicos, totalmente viables a este tema, y así logre superponer el truco ante mí, haciendo que ustedes le den importancia a mi propuesta. El respaldo que logré con conceptos teóricos hizo que mi credibilidad aumentara exponencialmente. Luego, ante la vulnerabilidad, tal vez momentánea, que logré sobre ustedes, hizo que su compañero me trajera el pupitre hacia mis pies. Si eso no es mover cosas con la mente, pues que lo es.

La inteligencia se forma, se construye, se alimenta. Estudiar, indagar y aprender, son oportunidades que no tienen todas las personas. Si llegan a desarrollar bien sus habilidades podrán conseguir muchas cosas. No es usar a la gente, sino persuadirlas para que te ayuden. Hasta el animal más feroz de la tierra ha sido domesticado, o en su defecto dominado por el poder de la mente. No lo hicimos con los dinosaurios por una cuestión de era.

No hacen falta superpoderes para hacer lo que uno quiera. Ustedes confundieron mi propuesta, volaron con su imaginación, que de paso está contaminada en general por los medios de comunicación que los ha puesto en un limbo entre la realidad y la ficción. Yo no les mentí, simplemente utilicé las palabras correctas para persuadirlos.

Los invito a ustedes a meditar sobre su voluntad de cursar esta materia, quien quiera ser dominado por los otros, pues que no se instruya. Quien quiera lograr sus objetivos de manera sana, correcta e inteligente, lo espero la próxima clase.”

Y fue así como aprendí una de las mejores lecciones de mi vida.