El malo de nuestro tiempo

 

 

Los malos 7

Nils Bjurman (The Girl with the Dragon Tattoo)

A través de las historias se puede leer la mirada social de cada época. El Quijote de la Mancha se ríe de un romanticismo que supera el propio valor de las cosas, o Dr. Jekill y Mr. Hide de la hipocresía. El retrato de Dorian Grey hace una caricatura del cuidado de la imagen exterior, del aspecto, El fantasma de Canterville se ríe de las maldiciones, tan temidas en esos tiempos. Cada relato parte de la mirada sociocultural de su momento, incluso cuando intenta recrear otra mirada de otro tiempo, como la película Gladiador, o La Pasión de Mel Gibson. Estas son respuestas al aggiornamento en que cae la interpretación de épocas en que la moral y la muerte tenían otros valores, y que hoy parecemos olvidar, y entonces aparece ese realismo extremo.

Mirando las series de estos tiempos, incluyendo el mismo concepto de serializar una historia, se puede empezar a ver nuestra mirada sociocultural. El entretenimiento puntual de una película ya no es suficiente en este tiempo de inmediatez y saciedad. La serie son varias películas que tratan de la misma historia, día a día, hora tras hora, capítulo tras capítulo. Y ¿qué cosa toleramos consumir a diario? ¿De qué alimentamos nuestro interés? Podríamos decir que de una historia imposible, como Games of thrones, o de un hombre que nunca se animó a nada y que patea el tablero, como Breaking Bad… pero no. No es el argumento lo que marca aquella mirada sociocultural. No. Sino la construcción de los personajes. Cuando el personaje es creíble, la historia es verosímil. Siempre. Desde Crónicas Marcianas hasta los once libros de El Diario de Greg. Si el personaje logra empatía, la historia cuela.

Los malos 2

Zulema (Vis a Vis)

Acabo de terminar de ver Vis a Vis, una historia con el sello español de personas limpitas, lugares pintaditos, buenos autos y tiempo para el amor, incluso en una cárcel de mujeres. Las series españolas como las americanas tienen un patrón inevitable: parten siempre de un mundo que ellos toleran. Después tendremos cualquier historia. Sí, obvio que con excepciones, estoy generalizando y creo que soy claro. Igual el punto va  que a diferencia de otras historias españolas (Velvet, El tiempo entre costuras, Bajo sospecha, El Barco, Grand Hotel, etc), en Vis a Vis la protagonista se aproxima a la mala de la serie, diferente a todas las otras historias, incluso en El Tiempo Entre Costuras donde la protagonista pareciera dejar morir alguna inocencia. En Vis a Vis Macarena, la rubia buena, tiende a transformarse en Zulema, la morocha árabe mala. Y la transición está muy bien lograda. Es verosímil.

Los malos 3

Benjamin Linus (Lost)

Esto me hizo pensar en que el personaje de Macarena no podría haber sobrevivido las dos temporadas de la serie siendo la rubia buena, porque nadie la toleraría. No sería verosímil que la protagonista, la representante de todas los tipos de personas populares y estereotipos de nuestra vida (eso es psicológicamente lo que encarna un protagonista de una obra, desde El Hombre Elefante hasta La Naranja Mecánica) sea buena siempre, o se ponga convenientemente mala, o una mala políticamente correcta. Eso es lo que le pasa, por ejemplo, a Designated Survivor. ¿Quién cree verosímil un presidente, por inepto que sea, tan compasivo y comprensible, y mantenerse al mismo tiempo en el poder? Y la pregunta que da origen a esta nota, ¿son verosímilmente tan malos como deberían ser los malos, en este caso de Designated Survivor?

Al terminar Vis a Vis comprendí que la serie puede estar ambientada en una cárcel limpita y pintada, con las presas peinadas y con uniformes impecables, pero que la crudeza implacable de Zulema, la mala más mala, la perversión de Sandoval, y la lenta destrucción de la vida de la rubia buena hicieron creíble la historia. No solo creíble, sino que es una muy buena historia. El policía Castillo, o Fabio con su mujer ciega, todas estas piezas aunque bañaditas y gentiles están tratadas con la veracidad moral de nuestros días.

Los malos 4

T-Bag (Prison Break)

Recuerdo que cuando vi Lost, una de las primeras series de estos formatos actuales, una de las cosas que me costó incorporar era la maldad de Benjamin Linus. Sin embargo era un personaje insustituible en la serie. No había realidad posible sin un tipo de esa calaña. Todo el tiempo estaba esperando que Linus se quiebre, que se haga bueno, pero eso no pasó, como en la vida real. Lo mismo que con T-Bag de Prison Break. Ese personaje es tan coherente con él mismo que permite pensar que lo peor no es lo que te pueda pasar, sino que lo peor es tener un tipo así que te odie. Se tiende a pensar que el que logra esa convicción es el actor, sin embargo T-Bag vuelve a aparecer en la serie Heroes sin tanto dramatismo. En esa serie el malo que exaspera es Sylar. Los buenos actores logran interpretar bien un papel, pero ese personaje está creado por el guionista. Y puede pasar que en Breaking Bad el malo sea Gus Fring, pero el personaje real y creíble es el miserable Saul Goodman.

Los malos creíbles pareciera que debieran tener una miseria, un lado patético. Zulema es capaz de humillarse por su libertad, y la fortaleza de su personaje que susurra y ríe en voz baja, combina una fragilidad con una potencia indestructible. T-Bag cede permanentemente a su carencia afectiva, aún siendo brillante y decidido como es. Sylar no puede con su madre, el obispo Waleran Bigod (Los Pilares de la Tierra) no soporta perder su porción de poder, Doug Stamper hace lo que sea por la aprobación de Underwood. El mal representado por la bruja, por el amante del mal, pierde fuerza. El malo de hoy en día no es una persona que la vida hizo mala, sino que es una persona con miserias y defectos tan grandes, con carencias tan importantes, que el resultado de aquello es un monstruo que responde a sus necesidades. Algo absolutamente real… y cotidiano.

Estos malos no temen morir, sino que temen no satisfacer sus necesidades, una cualidad de la psicopatía desarrollada por una vida de dolor y sufrimiento, odio y resentimiento. El psicópata no despierta tanto miedo como el que tuvo una vida miserable y ruin, y una mente brillante, una voluntad admirable, paciencia y perseverancia, y sobre todo, una fuerte autoestima, tal vez el ingrediente más importante para desarrollar la empatía hacia ese monstruo.

Los malos 6

Waleran Bigod (Los Pilares de la Tierra)

Zulema con su risa baja y suave hace olvidar su odio, T-Bag con esa actitud aniñada esconde su lascivia, Benjamin Linus pareciera siempre tener miedo o ser débil, los malos de hoy en día nos llevan hacia gente que pareciera normal, cotidiana, pero que en el fondo tienen un nivel de crueldad y perversión difícil de imaginar.

La mirada socio cultural de nuestros días pone el miedo en nuestras casas, en el vecino, en el profesor, en el cercano. A nadie asusta un Hitler o un Stalin, simplemente en el imaginario uno cree que sobreviviría a una política de exterminio, o no. Pero el temor, el pánico, es caer en el terror invisible, chiquito, en el cruzarse en el derrotero de una mente enferma y débil, caer en el camino de un adicto perverso imperceptible. Es lo que pareciera pasarle a Miranda, la directora del Penal en Vis a Vis, con Sandoval, el psiquiatra.

Los malos de hoy parecieran tener mucho más claro lo que quieren que los buenos. Parecieran ser más decididos y tener más autoestima, o una autoestima más creíble. Nadie cree tener la confianza infalible que se tiene Michael Scofield en Prison Break, pero sí se puede comprender la de T-Bag. No porque podamos tenerla, sino porque tiene un lado débil, porque es limitada, como la de cualquiera de nosotros. El personaje de Clair, en House of Cards, tuvo que llorar en algún momento. No era creíble una frialdad imperturbable.

En la historia de las historias hemos pasado por diferentes tipos de villanos. Desde Herodes, Jack el destripador, Hitler, el Acertijo, la Bruja de Hansel y Gretel, Nosferatu, Drácula, Frankenstein, hasta los personajes nacidos de la guerra fría, comunistas, extremistas religiosos y psicópatas enloquecidos. Hoy nuestra mirada sociocultural occidental nos muestra a qué le tememos. Y no le tememos ya a la amenaza de la maldad. Sino a fascinarnos con ella.

Los malos 9

Luis Vitette, cerebro del robo al Banco Río (El robo del siglo)