El peor enemigo de la política moderna

Dividir, separar, distanciar, limitar, partir… son acciones indispensables para lograr ejercer poder sobre los pueblos. El poder es el control ejercido por unos pocos sobre las masas, sobre la gente. Esta sobre cualquier otra cosa, sobre la religión, sobre la política, sobre los países, porque es el mismo núcleo de poder el que genera estas prácticas… únicamente para enemistar partes. Una máxima de la generación del poder es el dicho “divide y reinarás”, porque al dividir se puede ejercer mejor control sobre los bandos.

Desde tiempos inmemorables el ser humano ha dividido para reinar, primero las familias, luego las tribus, las lenguas, las regiones, los países, las religiones, las guerras, la política, el consumo… siempre el mismo patrón: la búsqueda incesante de dividir al pueblo. De esta manera es más fácil ejercer control, dominando una parte, enfrentando dos bandos, dándole a veces a unos y otras veces a otros, manteniendo equilibrio entre los dos colores un tiempo, generando pasiones, fanatismo, exabruptos… pan y circo. El fin… fomentando vicios con ánimos de embrutecer a las masas para que así sea sencillo acarrearlos y seguir acumulando poder.

Y para poder ejercer esta división es necesario lograr transmitir, comunicar lo que el poder desea comunicar a la parte interesada, limitando esta información a la otra parte. Por este motivo el poder siempre ha estado ligado a las formas de comunicar, a los medios de comunicación, a la publicidad, la propaganda. Líderes corrompidos, juglares, voceros, jeroglíficos, papiros, templos, castillos, centros urbanos, oradores, Estados, folletos, diarios, revistas, telégrafos, televisión, teléfonos, cine… Todo siempre ha sido cooptado por el poder; éste necesita de los medios de comunicación para poder impartir el dominio, el terror, la segmentación, el control. En esa empresa se han gastado fortunas de todos los motivos y colores. Se han montado grandes negocios, se han librado las más cruentas batallas, se han vendido los más nefastos espejitos de colores, se han elucubrado los planes más maquiavélicos, la búsqueda de las utopías más sanguinarias, se ha fomentado los vicios más despreciables del ser humano con ánimos de generar partes y de esta manera, dar a luz al odio.

El poder busca incansablemente dominar la opinión pública y mientras menos acceso a la información tiene el pueblo, más fácil se les ha hecho. Por este motivo logran perpetuarse dictadores, reyes, presidentes y cualquier tipo de dirigente poderoso, porque son ellos mismos los que, al manejar los medios, dosifican la medida necesaria de información para desinformar y controlar. Y todo esto se maneja con dinero, con guita. El poder le paga con guita a los giles para que los giles divulguen, militen, impartan ideas, modelos, gestiones…

Pero la plata no alcanza para comprar todas y cada una de las voces que surgen desde el llano, de la nada, del desconocimiento total con chances de volverse viral en segundos… la internet. El poder no puede frenar las redes, la viralización, el acceso a la información y la opinión de cada persona en la red. Poco a poco la internet se va comiendo la construcción de poder de miles y miles de años, porque internet rompe con las barreras de todo tipo, idiomáticas, religiosas, limítrofes. Internet se lleva puesto al nefasto intermediario, es la libertad real, la posibilidad de acceder donde quiero y la libre expresión en su máxima esencia. Hoy no me hace falta leer un diario, si quiero puedo chatear directamente con un Catalán que me cuente qué está pasando ahí, sin la necesidad de saber un mínimo de catalán. Puedo chatear con un Koreano que me de su impresión… si saber siquiera un sorcho de su idioma. Hoy puedo discutir con un musulmán en una red social, puedo comprarle una remera a un ruso o una artesanía a un malayo. Puedo obtener los servicios de una empresa de Francia sin siquiera saber dónde queda ese país.

Y esto va generando que las barreras se caigan y con ello aumente el desprecio a todos los factores que generan división entre el hombre, porque nos terminamos dando cuenta de manera tangible que somos todos iguales, somos todos humanos. Entonces se va gestando una onda nueva, una movida nueva, un aire de igualdad real, de libertad real, de cero intermediarios.

Internet, por suerte, va a acabar con la política tal cual la conocemos, es el gran enemigo de los Estados, que no pueden y no tienen la capacidad de limitar el acceso. Porque cada un político o poderoso que gasta fortunas en cerrar canales, hay cientos de millones de internautas que rompen las reglas e imparten la información pública, porque el verdadero espíritu revolucionario está ahí, en las redes, detrás de cada pantalla, con las manos en cada teclado. Un verdadero revolucionario romántico de la actualidad es aquel que se empeña en hackear las estructuras que los políticos intentan blindar y lo mejor de todo es que les va a ser muy difícil censurar y desaparecer a esa persona, como antaño, porque son muchos, son miles, son un hermoso virus que ha venido a infectar a esta lacra que se ha instaurado durante siglos, son un dulce cáncer que se los va a comer desde adentro y que los está haciendo morir lentamente, de una manera inevitable… y no hay cura para ellos.