Uber llegó para quedarse

En un viaje al exterior tuve la suerte de probar Uber. Bajé la aplicación, le cargué mi tarjeta de crédito y probé el servicio. Sinceramente me pareció una maravilla de la tecnología, que con su simpleza didáctica nos ahorra cientos de problemas o situaciones desagradables.

El sistema básicamente usa la geolocalización del celular, marca punto de partida y elegimos el destino, estima un costo y, una vez aceptado el mismo, reenvía el pedido a los conductores cercanos, conductores que deben previamente haberse logueado en el sistema y cumplido una serie de requisitos. Si el conductor acepta llevarnos le llegan nuestros datos, como así también destino y precio estipulado. A nosotros nos llega el nombre del conductor, el auto en el que viene, la patente, el tiempo estimado de su arribo e incluso marca en el gps del programa por donde viene el vehículo.

Personalmente esta maravillosa herramienta, entre otras cosas, tiene los siguientes beneficios:

  • No necesariamente hay transacción en efectivo (está como opción), sino que es con tarjeta. Chau vueltos, chau cambio, chau inseguridad. Arriba del auto no hay plata.
  • El conductor sabe perfectamente donde llevarnos, no tenemos que darle ninguna explicación. Esto es extremadamente beneficioso para países donde no hablan nuestro idioma. Chau barreras lingüísticas.
  • La tarifa está estipulada, así que no hay malos entendidos. El programa calcula un estimado y jamás cobra más de lo mostrado. Chau chamullo.
  • El recorrido también está estipulado, así que el conductor no se puede mandar la avivada de vueltearnos por el centro para cobrar más, porque se ve afectado solo él.
  • El usuario califica al conductor y este obtiene beneficios por tener mejor puntuación, por lo que se cuida de ser cordial, tener el auto en condiciones y tratarnos bien.

En fin… nos ahorramos todos los disgustos a los que nos tienen acostumbrados los taxistas.

Ahora, pensando un poco en los taxistas, en las fortunas que han tenido que invertir para tener sus vehículos y patentes, pero también en los abusos que realizan contra los usuarios, en las tarifas desmedidas y en el mal trato, tengo opiniones encontradas… y un único culpable.

Antes que nada cabe recordar que estamos inmersos en un mundo capitalista, en una sociedad de consumo y en un estilo de vida que siempre tiende a darle comodidad al ciudadano común. Tecnológicamente hablando las cosas se vuelven cada vez más sencillas de manejar, en todo sentido, de mejor calidad y van evolucionando de manera constante. Lamentablemente para algunos, estamos inmersos en este mercado, pertenecemos a esta época y hay una serie de reglas a las que nos tenemos que someter, le pese a quién le pese. ¿A que voy con esto? A que, por ejemplo, por más que miles de personas se hayan quedado sin trabajo, cientos de fábricas cerrado y millones de productos perdido su valor, no nos podemos lamentar por que los VHS quedaron obsoletos, primero reemplazados por los DVD, luego por los Blu-Ray y finalmente por las plataformas virtuales. Los televisores cuadrados enormes y toscos fueron reemplazados por finas pantallas de pared, las cámaras polaroid por celulares 4k, los walkman por spotify y así cientos de ejemplos. La melancolía y el romanticismo no va de la mano de la tecnología. Y sin embargo, JVC (creador del VHS), Sony (creador del walkman) o Phillips (creador del DVD) entre otros, no se quedaron lloriqueando en sus casas, enojándose con la evolución, haciendo paros y marchas o implementando mecanismos mafiosos para cagar a la competencia, sino que pusieron empeño, dinero, tiempo y creatividad para superar la muerte de un producto y embarcarse en el nacimiento de otro. Hoy siguen siendo empresas exitosas y activas.

Todo producto o servicio tiene su ciclo vital y eso lo sabe todo el mundo… pero parece que los tacheros no. Por un lado Uber está en proceso de crecimiento, mientras que los taxis convencionales van derecho a su muerte.

Hay gente que se aviva de estas cosas y se anticipa. Por ejemplo, cuando en Asia se enteraron del nacimiento de Uber, inmediatamente crearon la aplicación Grab, para competirle. Actualmente Uber no pudo contra Grab y en China vendió sus operaciones (ver nota)

¿Entonces de quién es la culpa? ¿Es de los taxistas? No… ellos son laburantes que están todo el día arriba del auto, cumplen sus funciones y se atañen a un sindicato. ¿Es culpa de los políticos? No… el libre comercio virtual no está prohibido en Argentina y las leyes para sancionar esta actividad no son fáciles de ejecutar, sobre todo en un país que busca reinsertarse en el mundo. ¿Es culpa del usuario? No…. siempre el usuario va a elegir algo que encima de más cómodo, práctico y seguro, sea más barato ¿Entonces? ¿Quién tiene la culpa? Yo se…

La culpa la tienen los sindicatos, queridos lectores. Los sindicatos que han montando una mafia, dirigida por inútiles, que siempre se cagaron en el pasajero y que no tuvieron la mínima previsión de lo que estaba pasando en el mundo con su actividad. Al sindicato se le paga para que defienda los derechos de un sector, lo represente, pero también augure su futuro, cosa que no hicieron. Bastaba con que cualquiera de la panda de inútiles que lo dirigen viajara al exterior para darse cuenta lo que se estaba gestando.

¿Saben lo fácil que se les hubiese hecho en su momento crear un… no se, un Roly (en honor a Rolando Rivas Taxista)? Un Roly Nac&Pop que prestara el mismo servicio que el creciente Uber. Solamente tenían que copiar, invertir en algunos programadores que hicieran el programa y listo…

Ya es tarde muchachos, a llorar al campito, dentro de algunos años se van a tener que meter el sindicato completito en el ogete y se lo tienen re contra bien merecido. Tengan la dignidad de hacer algo por los taxitas, verdaderos laburantes y únicos perjudicados en esto, ayudándolos a renovar sus unidades y dedíquense a trabajar. Ustedes tenían que velar por su futuro y no lo hicieron.

Y señores taxistas, consejo, dejen de abonarle plata a esos inútiles, vendan las unidades y patentes, háganse monotributistas e inscríbanse en Uber. Sino, dentro de unos años, la vida se los va a llevar puestos y van a terminar en una habitación, viendo Los bañeros más locos del mundo en una videocasetera Continental con un 22 pulgadas Hitachi del tamaño de un lavarropas.