Ruta

El destino se abre sus rutas.

Virgilio

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La Luna está sucia de nubes y bostezos.

Me repliego parapetado tras la oscuridad, ésta baila en la velocidad que hay detrás de la ventanilla.

La ruta vomita distancias.

Eones hacen falta para recorrerla, a pesar de que todo está ahí nomás.

El vehículo trepida indolente y ominoso sobre el cemento moribundo, avanza de rodillas a la velocidad de la luz. Los pasajeros somos ciegos, sordos, mudos y en apariencia asesinos. Enjambre de viajeros que se encuentran solos, abrasados, abrazados, acompañados, francotiradores bizcos, soñolientos, amantes empedernidos, extraterrestres camuflados de viejitas, insomnes, hombres-peces, locos furiosos y aletargados.

Las sombras nos fagocitan, nos convertimos en átomos, nos dispersamos hasta Saturno y aun así seguimos viajando entre la noche esquivando estrellas.

A la vera del camino veo un rinoceronte silueteado por la luz de la Luna, a un hombre pájaro consumido por la tristeza y a un tritón dentro de una pecera ajada.

La ruta cae al vacío en forma de cascada.

Nunca va a terminar este viaje, estamos atrapados en un loop de ruedas girando.