¿Quiénes fueron los Montoneros y qué pasó con Argentina en los 70?

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Antes de hablar de política, empecemos por una pregunta fácil: ¿qué es una mesa?

Parece tonta, pero pensalo un segundo: ¿qué hace a una mesa ser una mesa?, ¿su forma?, ¿su utilidad?, ¿su material?. Porque si una mesa fuese cualquier tabla de madera sostenida por cuatro patas, bastaría con hacer una tabla con tres patas o de metal para que le dejara de ser una mesa. De igual forma, si fuera sólo para uso doméstico o decorativos, dejaría de ser una mesa cuando la pusiera en un almacén deshabitado y perdiera uso práctico.

Intento decir que incluso en algo tan simple como una mesa, es difícil definir y más difícil aún es poder encontrar características intrínsecas de un objeto, sea material o abstracto, que puedan mantenerse en el tiempo y no fluctuen dependiendo de su alrededor. Imaginate, dado eso, la dificultad que es definir una ideología, que es una construcción teórica creada en los libros y por varias personas, en un lapso de varios años.

Platón fue unas de las primeras personas que hizo un estudio riguroso sobre el arte de definir. El discípulo de Sócrates creía que se podía definir un objeto en la medida que se encontrara dos adjetivos que mostrará su particularidad en el mundo sensible. Era un pensamiento simple: si no existieran otros colores que no fuera el rojo, no haría falta nombrarlo porque no formaría una particularidad dentro de la generalidad; se necesita dos característica de distintos objetos del mismo orden para delimitar un objeto de forma verbal.

Así fue como Platón definió al hombre como un bípedo implume: un ser sin pluma y de dos patas. Pues no había en el mundo conocido de Platón un animal sin plumas y que caminara de dos patas.

Pero cuando Diógenes, filósofo contemporáneo a Platón y principal teórico de la escuela Cínica, responsable de que llamemos cínico a cualquier insensible, escuchó la definición de Platón, no perdió tiempo y fue a la plaza central de Atenas y tiró una gallina desplumada en el medio de la muchedumbre, gritando a viva voz: “miren todos, encontré el Hombre de Platón” haciendo quedar en ridículo al futuro maestro de Aristóteles.

Lo que Diógenes quiso demostrar —más allá de querer hacer quedar como un ridiculo a su eterno rival ideológico— es la gran dificultad de encontrar características pétreas y particulares en un objeto. Misma dificultad para saber cuando una personas son altas o bajas, claras u oscuras; pues, si un latino fuera a áfrica, le dirían blanco, y si fuera a Europa del Norte, sería negro. La particularidad cambia según donde nos movamos.

Pasando a un plano político, un gran teórico en refería a la definición fue Karl Marx, el gran padre del socialismo y del comunismo, quien aportó un estudio interesantísimo sobre el tema.

Karl Marx, en unos de sus libros más maravillosos, “La ideología alemán”, y sus respectivos artículos posteriores, complementando y extendiendo esta teoría, fue unos de los primeros en intentar definir qué es una ideología política y el tratamiento teórico de cómo hacer para difundir un pensamiento nuevo en la sociedad. No sólo quiso definir qué era el comunismo sino también quería describir la implicación táctica para difundir ese pensamiento en la sociedad.

La puesta en práctica de esta teoría se puede ver en el manifiesto comunista, la biblia de los Marxistas. Pero ¿cuántas hojas ocupó Marx para definir el comunismo, en un libro de 60 páginas? la respuesta es simple: una página y media. Todo el resto del libro se dedica a endiablar al capitalismo, haciéndolo responsable de todos los males de la historia, incluso aquello a los cuales combatió explícitamente, y contraponiendolo al socialismo, el paraíso de la humanidad según el autor.

El estilo mediático de Marx para difundir el socialismo en la Europa del siglo diecinueve fue repetido hasta el infinito en distintos panfletos y libros comunistas a lo largo de la historia. Hasta el dia de hoy se sigue usando de la misma manera que aquella época. Por eso, todos los socialistas se parecen, independientemente de la rama que sigan: creen que todos los problemas de la historia se basan en el capitalismo, no saben definir en aspectos técnico sobre qué significa el socialismo ni cómo llegar a él, son soberbios sin tener conocimientos intelectuales y se dividen cada dos por tres pues cada uno contrapone al socialismo una una imagen del capitalismo diferente, incluso cuando todos le atribuyen una maldad inherente.

Esta forma de pensar, creando algo en base de la negativa de un otro, crea odio y no estimula el pensamiento, las dos características básicas para crear un ser violento.

La definición por negación está científicamente comprobado que es la forma más fácil y simple para calar en el pensamiento de una persona, dado que no se necesita el esfuerzo mental para crear una nueva imagen conceptual sino que se contrapone a una que ya existente de antemano. Por eso se utiliza generalmente en el marketing.

Vos habrás visto que en una propaganda de desodorante, o en una publicidad de cerveza, que el hombres que tiene todas las mujeres siempre es el que utiliza el producto de la marca y el perdedor, quien usa el producto rival. Pero más importante aún es que siempre se le da más hincapié en el perdedor que el ganador, porque es más fuerte la imagen negativa que la positiva, dadas las razones antes nombradas.  

En Argentina se quiso hacer algo parecido cuando se creó una ideología propia.

Perón, en el 46, tres años después de haber hecho un golpe de estado abiertamente fascista y antisemita, siguió el consejo de los Marxista y definió al peronismo como la posición contraria al capitalismo y el comunismo, las dos principales ideologías de la época.

Así, al pelear contra todo lo malo, le dio legitimidad retórica para hacer lo que quisiera: torturar a personas, reprimir sindicatos, destrozar la economía con un modelo intervencionista del estado, retrotraer el laicismo a una forma concesionaria encubierta, acabar con la libertad de expresión, etc. De última se podría criticar el medio pero no el fin, ya que luchaba contra toda la maldad del mundo; y así quedó excomulgado de todo mal para la historiografía oficial, como si hubiera sido un buen hombre pero con malos tratos.

Luego vino la Revolución Libertadora, y Perón tuvo que abandonar el país y escapar a España donde residía su principal amigo político, el dictador Franco, quien hacía algunos años había recibido elogios por parte de Evita, siendo comparado como el “Perón de España”.

Perón, exiliado, quiso hacer todo lo posible para retornar al país y obligar a los militares a devolverle el poder del estado. Para esto usó a su principal fuerza de choque en los cincuentas y sesentas: el Movimiento Tacuara, famoso grupo antisemita y peronistas, conocidos en esa época por matar judíos a golpes y quemar sinagogas. Todo un encanto de personas. Pero el número de integrantes de este movimiento fue desapareciendo con el paso del tiempo, principalmente porque luego de la segundo guerra mundial estaba muy mal visto ser antisemita y los gobiernos del mundo se encargaron en erradicar este pensamiento en su población a través de campañas de concientización.

Recién a finales de los años sesenta, en plena guerra fría, hubo un movimiento que le iba a servir a Perón para sembrar el caos y presionar a los militares para forzarlos a traerlo de vuelta: los montoneros.

Los montoneros estaban formados por ex integrantes del movimiento Tacuara, por otros integrantes del partido Nacional Socialista de Argentina, como Rodolfo Walsh, y grupos radicalizados de la izquierda, con afiliación al castrismo cubano y al maoísmo chino.

Estos guerrilleros creían que Perón iba a volver y transformaría a la Argentina en un país socialista. Para eso necesitaban crear caos y obligar a los militares a. Estaban seguro que era de izquierda, que cuando volviera su líder, iba a estar en merced de la cúpula de los montoneros; le quisieron enseñar a Perón qué era el peronismo.

Mientras tanto, los montoneros, siendo ya un pequeño grupo de unas cuantas cientas de personas, empezaron a poner en práctica, en pequeña escala, desde su pequeña agrupación, lo que pensaban llevar a cabo cuando llegaran al poder: la infidelidad conyugal era penado en nombre de la moral socialista; sus integrantes eran obligados a fumar los mismos cigarros para no fomentar el pensamiento individual; los desertores de la agrupación eran fusilados por medio de un tribunal popular, o sea, mataban a sus propios ex-compañeros luego de debatir en una mesa, entre cigarros y cartas de truco, qué se debía hacer.

Por su puesto, como buen representante de la izquierda, además eran homofóbicos. Así que imaginate la cara de Firmenich, principal dirigente de los montoneros, cuando una agrupación homosexual le mandó una carta diciendo: “ustedes pongan los huevos para la revolución. Nosotros ponemos el culo.” Una anécdota graciosa sino fuera porque Firmenich los mandó a matar a todos.

También odiaban la música Rock por considerarlo un fiel reflejo del pensamiento liberal del mundo anglosajón. Por lo que no podía escuchar All you need love de los Beatles por ser, según la izquierda, un estímulo al odio. Sólo podían escuchar folclore nacional, Mercedes Sosa y demás calaña, como si la guitarra criolla la hubieran inventados los Incas.

Los montoneros, luego de un tiempo de presión armada y de diversos atentados, junto a otros grupos armados como el ERP, lograron su cometido y trajeron a Perón de vuelta al país,  para luego encontrarse con que su líder los ninguneo en pleno acto y los echó de la plaza cuando estaba haciendo un discurso, pasando luego a la clandestinidad.

Al morir Perón, y continuar el gobierno peronistas en manos de Isabelita y López Rega, los montoneros empezaron a atacar al gobierno democrático para incentivar un golpe de estado por parte de los militares. La idea era que Videla y compañía tomaran la casa de gobierno, y con los militares dirigiendo el país, el pueblo argentino se iba a poner del lado de los montoneros e iban a llenar las fila de las agrupaciones de extrema izquierda para, ahí sí, tener la suficiente fuerza de choque para armar un golpe de estado. O por lo menos eso pensaban. Esto se puede saber gracias a los comentarios de los arrepentidos, unos años después, de todos los partidos de izquierda, además de quedar constatada por Firmenich, en la entrevista hecha por Gabriel García Márquez en el 1977, mientras se había refugiado en Italia y comandaba la operación retorno, y a través del comunicado oficial del ERP cuando comenzó la dictadura en el 1976.

Los Montoneros, el ERP y las demás guerrillas de izquierda, siguieron haciendo lo que habían hecho hasta ese entonces: matar e intentar implantar, aún más, el miedo en la sociedad.

Sus atrocidades sólo fueron eclipsadas gracias a la picadora de carne que instauró los militares cuando llegaron al poder del estado, usando el mismo modus operandi para justificar sus fechorías ante la sociedad: “como la izquierda es lo peor del mundo, y quieren hacer un golpe de estado e instaurar una dictadura perpetua, y nosotros nos oponemos a ellos, nosotros somos los buenos. Apoyenos”.

Así, luego de terminar la dictadura, en 1983, los montoneros quisieron cambiar la opinión pública sobre ellos y se pusieron de acuerdo en declarar que ellos estaban peleando por la dictadura, que sin los militares ellos no hubieran existido. Quisieron borrar su propia historia.

Era época de la amnistía de los 90. Incluso peor, desde el 2003, año en que Kirchner llega al poder, está de moda compararlos en contraposición a los militares, queriendo transpolar la maldad del Proceso Militar a la bondad de los guerrilleros, el ejemplo de definición por negación.
Ahora, los montonero no son solamente unos asesinos despiadados, también se han vuelto unos cobardes, incapaces de reconocer todo el daño que le han dado a la argentina. Ya no son siquiera asesinos respetables. Son sólos una gallinas, resentidas por haber sido usadas por un despiadado cínico.