La esperanza

hera-2

por Vito Pallotti

Todos los que logran engañar a los Dioses (¿se puede decir “joder”?) me gustan mucho.
Prometeo mata un buey y divide su cuerpo en dos sacos, en uno pone la carne buena y comestible y en el otro los huesos bien recubiertos con la grasa del mismo animal, y le dice a Zeus de elegir un saco. Que Zeus elija los huesos es fantástico.
A lo mejor Zeus ya lo odiaba porque alguien le había murmurado que Hera, su mujer, había sido violentada por Euromedonte y de tal unión nació Prometeo.
O a tal vez lo odiaba porque Prometeo había creado la raza humana.
A mi parecer Zeus, a quien le gustaban mucho las mujeres humanas, tendría que haber agradecido a Prometeo de haber creado los humanos; pero esta es otra historia.
El hermano de Prometeo, Epimeteo se casó con Pandora, la primera mujer que Efesto creó partiendo del barro.
Las diosas le hicieron a Pandora muchos regalos; Zeus, para vengarse, le regaló el famoso “vaso” en el cual había metido todos los males del mundo: fatiga, enfermedades, vejez, locura, pasión y muerte.
Zeus conocía bien el ánimo de las futuras mujeres, y sobretodo la “curiosidad”.
A pesar de que Prometeo (que era, a mi aviso menos poderoso pero más astuto que Zeus), dijese a su hermano que el vaso no tenía que ser nunca abierto, Pandora lo abrió y salieron todos los males del mundo; quedó en el vaso solamente la esperanza.
Algunos dicen que la esperanza, por fin, salió a su vez y compensó en parte las otras calamidades.
Yo creo que, en realidad, era otro mal que salió.
Me explico: la esperanza sin ton ni son, la esperanza de lo improbable, que es la puerta donde puede aparecer lo imposible es, en realidad, deletérea, un mal pernicioso.
Esta es la esperanza de los tontos, y como los tontos representan la parte más importante de la humanidad, este me parece el sentido real de la palabra.
De todos modos, por fin, Zeus logra vengarse encadenando a Prometeo a una roca, empalándolo y haciéndole comer, todos los días, el hígado por un águila; hígado que le crecía nuevamente de noche.
¡Pobre Prometeo! Un dios que nos donó el fuego que le robó a Efesto en su fragua.
¡No merecía el destino que tuvo!
Así, por lo menos, me parece.