Poemario homenaje

 

por Juan Cruz Ávila

El uso de la lengua en el dialogo cotidiano es el lugar mas rico de retoricas.
Como cuando se logra algo único. Que lleva la vida a un estadio frutal.
Es la dinamica de la primavera yendose y el verano tocando la cerveza fria y los tactos que buscan éxito y sexo. Las noches  que encandilan de logros. Las certezas de los días en los que proyectos se encausan y como la santisima trinidad con su hijo sucede por sí solo (aunque todos sabemos que hubo fertilidad porque se lucho estando derretido en lava, salpicándose de sangre, a veces cortándonos el alma, escupiendo el todo y viendo la nada reflejada sobre un espejo que amortigua nuestro cuerpo). Lo privado se vuelve publico. De a poco se escuchan los tangos, el bandoneon y nosotros al firmamento que centellea. Cuando bajamos la cabeza se escucha en la vista la sensacion de ser el mismo pero con la seguridad sobresaliente de haber logrado el sentido de estar en hiperrealismo. Completamente desatolondrado. Lleno de deshielo y en pleno festejo porque trescientas veces gira la rueda y cada oportunidad es una multitud de rayos libertinos que arremete con furia diamante sobre nosotros los que escribimos. Los que amamos este arte, o mejor aun, los que amando el arte nos llenamos de letras y los llenamos de letras a ustedes que saben demasiado. En el mundo hay mecanicas mercantilistas, hay caprichos de monedas. Pero las cosas mas lindas salen de los ojos de quienes miran firme al mundo y se animan, carajo, se animan a vivir el bello peligro que es estar atormentado de libertad. Promulgamos la unión entre letras, los juegos en ultra de el mundo. El amor en un café. O, por qué no, Pessoa desnudo posando. Hablamos de lo estrafalario que somos. Lo que me diferencia de vos siempre voy a ser yo y yo sos vos de un modo tan lindo. Que hay que festejar los logros. Son sangre para la vida. Pulmones si se quiere para el triunfo de los árboles. Son  el mar para los peces y tus besos para mí.