Amazonas (el Negocio detrás del Femicidio)

katana

 

La katana Hattori Hanzo descansaba mansa envainada con la sangre todavía fresca. Su dueña una jueza civil del foro local se disponía a quitarse el kimono y tomar un largo baño para ponerle un punto final a ese pesado último día. Curiosamente todo había terminado…, de la manera menos esperada, pero había terminado.

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Corría el año 2019 en una Argentina ordenada económicamente, con crecimiento y superávit fiscal. Las industrias se desarrollaban día a día al tiempo que el Estado garantizaba por completo el sistema de salud. La confianza y las inversiones extranjeras aumentaban exponencialmente mientras que la educación había avanzado como nunca en este país. Se podía decir que estábamos viviendo uno de los mejores momentos de la historia argentina, salvo por un escabroso indicador que ponía en jaque todo lo antedicho. Las masacres femicidas.

Desde el año 2016 habían empezado a proliferar este tipo de crímenes cobardes dejando índices preocupantes de una mujer asesinada por día. Al llegar al año 2019 esa cifra se había cuadruplicado. Una mujer moría a manos de un hombre cada 6 horas en nuestro país. Ese dato alarmante mantenía a la sociedad en vilo, al tiempo que hordas de mujeres protestaban semanalmente en la Plaza de Mayo, desplazando por completo a las antiguas agrupaciones de “Madres y Abuelas de Plaza de Mayo”.

Las Feminazis como se las conocía vulgarmente habían logrado no solo desalojar a aquellas agrupaciones obsoletas de la Plaza, sino que también habían logrado ocupar el lugar dentro del Gobierno que aquellas ostentaban también. El Colectivo #NiUnaMenos dirigido por una ferviente militante y famosa Youtuber del Movimiento Feminista, había tomado una fuerza impresionante como Asociación Civil y manejaba fondos públicos para la construcción de viviendas para las víctimas de la violencia de género.

Pero como toda gran organización empezó a tener sus primeros defectos y sus negociados internos. El sistema las fue consumiendo y el poder las fue utilizando hasta secarlas y dejar simplemente una estructura vacía de alma, repleta de burocracia y con grandes sumas de dinero difícilmente explicables.

Todo iba en franca caída a nivel organizacional, pero mientras tanto la realidad seguía asolando a nuestra patria y la Asociación ganaba cada vez más fuerza. Tomaban empresas y fábricas en las que se sospechaba que existía discriminación. Hacían parar industrias completas en repudio de un abuso a una trabajadora e incluso llegaban a presionar a los distintos gobiernos para que el cupo femenino se ampliara hasta llegar a una paridad en relación a la cantidad de mujeres.

Muchos de los grupos subversivos que habían tenido que deponer sus banderas en aras de un nuevo pacto social con el gobierno de turno, encontraban en este Colectivo la posibilidad de retomar las calles y lograr la tan ansiada anarquía política.

Tinelli había sido deportado hacia España a donde había comprado otro club de fútbol. Las propagandas de Axe eran más aburridas que las de Trenet. Mr. Músculo ahora era Mrs. Músculo y ayudaba a limpiar a los papis que se quedaban en casa, al tiempo que las promociones de las carreras de autos y de las peleas de boxeo las podían realizar solo travestis, para no estigmatizar al género femenino.

El Femicidio se había convertido en un negocio. Y las principales beneficiarias de ese macabro negocio terminaban siendo las arcas de la Asociación #NiUnaMenos. Era como el oficio del vidriero, ganaba cuando la gente rompía cosas, pero como toda industria necesitaba clientes y ellas estaban dispuestas a seguir alimentando a esa bestia feroz, ellas estaban dispuestas a seguir rompiendo vidrios…

Alguien tenía que tomar acción en el asunto. Con los hombres divididos en femicidas o super solemnes y las mujeres dedicadas a la protesta y a cuidarse de no morir, no había muchas opciones a las que recurrir, salvo un pequeño grupo de féminas poderosas, despiadadas, independientes y sin miedo a lo que pudiera venir. Básicamente se necesitaban Amazonas.  

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Cinthia era una hermosa Licenciada que había creado el Proyecto Amazonas para ayudar a la reinserción de víctimas de violencia de género. Con la ayuda de su amiga Eugenia una sagaz escribana del foro que resolvía cuanto obstáculo legal se les cruzara, habían logrado convencer a Emiliana, una hábil arquitecta y empresaria, para que financiara parte de su proyecto. Juntas eran el corazón, el cerebro y la fuerza del Proyecto.

A su vez habían integrado a Mariela y Agustina, dos amigas de siempre que serían las encargadas de llevar adelante las tareas necesarias para la puesta en marcha de “Amazonas”. Ellas eran el motor del Proyecto y tanto su tenacidad como su visión serían las claves del funcionamiento del mismo.

La organización estaba de pie y dispuesta a luchar, pero para dar real batalla se precisaría algo más. Sería necesario buscar el último elemento para completar el equipo. Nadie quería admitirlo, pero necesitaban de la más peligrosa de las féminas locales y ellas la conocían.

Jorgelina era una joven jueza civil, que luego de haber sido víctima de violencia de género por parte de su marido, cambió radicalmente y juró que nunca más un hombre le pondría una mano encima. Viajó a Japón para aprender las artes del Kung Fu y volvió luego de unos años convertida en una temible guerrera a la que ya ni sus antiguas amigas querían frecuentar.

Luego de una extensa charla con Cinthia, en la que tuvieron que limar varias asperezas del tiempo, Jorgelina aceptó formar parte del Proyecto, pero de manera clandestina. Ella sería el arma secreta detrás de la organización. Ella sería la Cazadora.

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Utilizando sus armas de seducción así como su filosa katana, Jorgelina fue diezmando poco a poco ese horrendo registro de abusadores y violentos que no llegaban a la justicia. Muertes sospechosas y mutilaciones genitales estaban al día en las noticias del día. El inconsciente colectivo sediento de venganza apoyaba soto voce este tipo de vendettas particulares que les hacía recordar a las buenas épocas de La Brigada.

Por otro lado, junto a esta ola de justicieras clandestinas y ese nuevo orden planteado, los femicidios habían retrocedido a los registros de años anteriores al comienzo de la llamada “Masacre” que comenzó allá por el año 2016.

El péndulo estaba dirigiéndose hacia el otro extremo. Las mujeres eran temidas, las relaciones se habían transformado, así como los roles de género en las parejas. Algo estaba cambiando, pero no desde el respeto por el entendimiento, sino desde el miedo por la represalia. Y eso, como ya se sabe, no conduce a soluciones sanas.

El problema de las cosas cuando cambian, es que siempre existe algún perjudicado. En este caso, era la -ya pasada de moda- Asociación #NiUnaMenos, quienes tenían un tendal de explicaciones judiciales pendientes a causa de desvío de fondos públicos. Con la notable disminución de los casos de violencia de género, el romance con el Gobierno había terminado. Su situación otrora de poder hoy los exponía ante un modelo combativo que ellas mismas habían planteado no solo con las empresas, gobiernos y particulares sino también con otras Asociaciones, en especial Amazonas.

Pero las muchachas de la Asociación #NiUnaMenos no estaban dispuestas a retirarse sin dar batalla. Tras bambalinas toda una red pirata de matones y manipuladores de medios se había puesto en marcha para volver a los antiguos procesos de re-cosificación de la mujer. Ellas mismas eran las que financiaban la esperada llegada de un nuevo programa de concurso de bellezas, auspiciada por una reconocida marca de cerveza.

Por otro lado y con mayor cautela aún, habían logrado reunir un grupo de sicarios que saliera por las calles para volver a sembrar el pánico respecto de la violencia de género y los femicidios. Y realmente estaba empezando a funcionar. Los índices volvían a sus antiguos y despreciables records. La audiencia en Argentina’s Got Beauty rompían todos los ratings de la TV local.

Mientras eso sucedía, Jorgelina con mucho más “trabajo” del habitual, había sido capturada por las fuerzas de Inteligencia de la República. En un claro intento demagogo la presidente de la Asociación #NiUnaMenos fue la que movió los hilos políticos para liberarla y ponerla a trabajar con ellas, para presentarla como un trofeo de feminismo y para protegerse de las sospechas que vinculaban a la Asociación con los criminales a sueldo.

Luego de la entrevista por TV y la presentación oficial como Dama de Honor de la Asociación,  Jorgelina fue invitada a la mansión de la Presidente para pasar una velada a solas con ella. Una cena exclusiva en la que habían quedado completamente a solas, para que la mandataria pudiera obrar todas sus artes de seducción femenina.

Luego de algunos tragos las manos curiosas de la Presidente comenzaron a acariciar suavemente los muslos de su invitada, un cruce fogoso y desafiante de miradas dejaba a labios de ambas a milímetros de distancia. El húmedo y cálido beso fue el detonante. Con delicadeza las ropas fueron cayendo lentamente, mientras el contacto piel con piel elevaba aún más la temperatura del momento.

Una vez que hubo finalizado el ardiente encuentro, Jorgelina jugueteando le susurró al oído que había traído un regalo para agasajarla y que quería que lo abriera para verlo. La mandataria asintió, mientras miraba hipnotizada el vaivén de las caderas desnudas que se alejaban hacia el living.

Nuevamente en la habitación y mientras la Presidente fumaba un Virginia Slim, Jorgelina rompió el envoltorio de una gran caja. En su interior había una hermosa katana. Le sugirió a su agasajada que se levantara para enseñarle como llevarla. Una honda calada al cigarrillo y todavía excitada se puso rápidamente de pie con más curiosidad que admiración por el artefacto en cuestión.

Un corte rápido y limpio que comenzó entre las piernas y terminó en la raya del peinado de la Presidenta, dejó solo un rastro de sangre sobre la alfombra blanca y una pequeña nube de humo que todavía habitaba en los pulmones. Las dos partes casi iguales en las que había quedado el cuerpo se mantuvieron erectas por un instante antes de caer equidistantemente.

Fines del año 2019. Los indicadores de violencia de género volvían a la normalidad. La Asociación #NiUnaMenos quedaba totalmente desmantelada. Sus directores en prisión y su presidenta partida a la mitad.

Tiempo después los revisionistas denominarían aquel suceso como el Femicidio que terminó con los Femicidios.