Un premio porque sí

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Llegó con su espada de madera y zapatos de payaso a comerse la ciudad…”. Así comienza una de sus tantas canciones Joaquín Sabina. La canción trata de un loco que se enamora de la Cibeles, y la galantea como un Quijote contemporáneo hasta que lo vuelven a encerrar. Y Víctor Manuel nos cuenta una historia de dos chicos con retrasos mentales que crecen sintiendo el uno por el otro un amor que parece repleto de inocencia, aunque tal vez sea más puro que cualquier otro. “En el comedor les sientan separados a comer. Si se miran bien les corren mil hormigas por los pies. Ella le regala alguna flor y él le dibuja en un papel algo parecido a un corazón…”.  Joan Manuel Serrat no sabe hacer canciones sin llenarlas de una poesía personal y única, y en una canción, para decir que se acabó una fiesta recita: “Y con la resaca a cuestas vuelve el pobre a su pobreza, vuelve el rico a su riqueza y el señor cura a sus misas. Se despertó el bien y el mal la zorra pobre vuelve al portal, la zorra rica vuelve al rosal, y el avaro a las divisas.

Prolíficos autores que llenaron con poesía tanta música que se inmortalizaron en varias generaciones. Y no tengo el conocimiento para desglosar las canciones en inglés, pero seguramente “Piano man”, de Billy Joel, o “Good bye yellow brick road”,  de Elton John, o otras canciones de tantos compositores hacedores de hitos musicales que nos conmovieron… incluyendo a Bob Dylan, claro, con canciones como “Blowing in the wind”, o “Mr. Tambourine man”, canciones que también quedaron en la historia de la música.

Sin embargo este último acaba de ganar el Premio Nóbel de literatura. Sí, el de literatura. Y Sara Danius, la secretaria de la Academia, dice que lo ganó “por haber creado nuevas expresiones poéticas dentro de la gran tradición de la canción estadounidense”. Ante esta llana explicación es difícil evitar no recordar a The Beatles, o a los Rollings Stones, grupos que marcaron un antes y un después en la música del mundo, o a Vángelis… Según parece, en el premio no influyeron tanto los dos libros que escribió Dylan, “Tarántula” y “Crónicas volumen I”, sino que pesaron las recopilaciones editadas de sus canciones, lo que para el comité premiador es en sí mismo un libro: “sus letras son poesía”. ¿Más que las de Silvio Rodriguez, o Aute, o Alejandro Filio…?

Y si el premio es a la poesía “publicada” de Bob Dylan, ¡Qué duro golpe para la poesía contemporánea de no estar a la altura de un cantante de los 70’…! Mario Benedetti tal vez siempre supo que su poesía no iba a llegar al Nóbel por estar debajo de Bob Dylan. Y así fue, no lo obtuvo.

El problema de la premiación a Bob Dylan no es tanto que se meta en el género literario habiendo él desarrollado obras de género musical, sino que el premio supone la premiación de lo más destacado de las ciencias y las artes, y de esta manera el premio a Bob Dylan pone por debajo suyo a una gran cantidad de poetas y compositores musicales tan grande que deja todavía más en evidencia la falta de criterio del premio.

El desprestigio de los premios Nóbel  ya se discutía hasta que en 2009 se le dio el Premio Nobel de la Paz a Barack Obama. Después de esto su credibilidad cayó en un gran descrédito llegando al momento en que el otorgamiento del premio de literatura al músico Bob Dylan no impresionó a nadie. No fue una gran noticia. Tal vez si el Premio Nóbel de Medicina se le diera a un físico por sus avances en la física por los cuales pudiese funcionar determinada tecnología que incluyese la medicina, entonces los médicos se preguntarían si la física está al servicio de la medicina o si la física es una rama intrínseca de la medicina, al punto de alcanzar un máximo galardón en esta área. Si esto así fuese, ¿qué lugar ocupa la escultura u otras materias en la ciencia médica? Esto mismo es el dilema de lo literario en el género musical, y viceversa.

Nadie discute el talento y la importancia de la obra de Bob Dylan, lo que se discute son los criterios que tiene un premio tan conocido como el Premio Nóbel para elegir a sus agasajados.  Tampoco se lo critica desde el error ya que el Premio puede elegir al que se le dé la gana. El planteo es que es difícil tomar con seriedad un premio de literatura que se le da a un músico por la poesía de sus letras, cuando hay escritores y poetas (todos los escritores y poetas del mundo de este año 2016) a los que la Academia considera por debajo del merecimiento de la premiación de este músico de los años 70.

Aunque tal vez el Premio no está fallando sino que está siendo testigo y parte del ocaso moral y cultural de una generación que no se rebela contra su propia decadencia. A lo mejor este importante Premio nos está marcando el sendero por donde las grandes luminarias van cediendo camino a los espejitos de colores que tanto supieron deslumbrarnos tantas veces en la historia. O a lo mejor el equivocado soy yo que estoy mirando desde el piso lo que exaltan las grandes torretas protegidas de los castillos del éxito de nuestro siglo mientras acá abajo suenan las rimas del juglar español, “…y morirme contigo si te matas, y matarme contigo si te mueres. Porque el amor cuando no muere mata. Porque amores que matan, nunca mueren…