Miel y Bencina

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Lloré.
Lloré lágrimas de rabia,
lloré de miel y bencina.
Lloré dulce y combustible
lluvia ardiente y cristalina.
Lloré…, lloré de cobarde,

lloré por no haber gritado
que moría por poseerte
y quedarme ahí a tu lado,
y mirar tu cuerpo inherte,
durmiendo así, de costado.
Lloré al no saber decir
que me moría de miedo,
porque a la mañana siguiente
quería estar ahí…, de nuevo.
Y lloré cuando la cama,
que no abrigó a más mujer,
me recordó que te fuiste,
que ya no vas a volver.
Lloré tanto, lloré muerte,
¡quién entiende lo que lloro…!
Llanto de miel y bencina,
dulce fuego en que me inmolo.
Lloré hasta que anoche en casa
supe que todo se pasa
y también
que estaba solo.