Amores como discos

El otro día me puse a revisar discos viejos. Me alegré al encontrar joyas olvidadas, me reí al recordar con cierta vergüenza la música que me gustaba antes y hasta me sorprendí de encontrar maravillas que aún me conmueven. Entonces caí en la cuenta que muchas veces podemos comparar los amores de la vida de una persona con las obras musicales.

Están esos discos maravillosos que te gustan toda la vida, que te acompañan siempre, que no te cansas de escuchar, que conoces de memoria pero que siempre te deparan cosas nuevas. Otros que compraste sólo por uno o dos cortes de difusión y aún te gustan, aunque el resto de temas no, esos que tienen un hit y el saldo es puro relleno. Hay discos que te cansan y dejas de escuchar por un tiempo, para que luego el azar, el destino o las ganas lo devuelvan a tus oídos con la misma intensidad y sabor de antaño… quizás mayor. También puede pasar que no te generen el mismo placer escucharlos ahora y que decidas archivarlos para siempre.

Hay discos que antes no te gustaban, que ahora forman parte de tu vida, de tu ser, que no podrías vivir si ellos. Otros discos que a primera impresión no te convencieron, pero que con el correr del tiempo fuiste digiriendo, entendiendo, procesando y te terminaron maravillando la vida, volviéndose himnos de tu corazón. Están aquellos discos que reproducías todo el tiempo, glorificándolos, y hoy incluso te da vergüenza reconocer que algún día te fascinaron. Aunque a veces los escuchás en soledad.

También hay discos que le gustan a todo el mundo… menos a vos. Hasta nos generan cierta incertidumbre… ¿cómo puede ser que a mi no me guste? Pero no… no hay caso. Por el contrario, hay discos espantosos, que todo melómano defenestra o aborrece y que para nuestro oído personal es una delicia. Los discos de nuestra vida son nuestros, no de los demás.

Discos largos y aburridos, largos y entretenidos, discos cortos e intensos. Discos con muchas canciones diferentes, con una variedad musical desorbitante, a veces difícil de hilvanar, discos con una sola melodía constante, tranquila y pacífica, con una sola canción. Discos con diferentes ritmos, que nos llevan de una punta a la otra, de un extremo a otro, discos de un solo estilo, que nos cansan o que nos copan. Hay discos solistas, como monólogos unilaterales, discos hechos por una banda o por un conjunto de bandas, donde interactúan muchas personas. Hay compilados con lo mejor del artista, hay homenajes donde otros le ponen voz al cantor. Hay discos “lado B”, que muestran el lado oscuro de un cantante. Discos negros, discos blancos. Hay discos conceptuales, que envuelven mucho más que los temas y su música, que son obras de arte en un todo. También hay sencillos y básicos. Discos con un arte de tapa infernal que intenta ocultar la decadencia de su interior, cuya primera impresión es maravillosa pero luego nos damos cuenta que lo realmente importante, no existía. Como así también hay discos modestos en “puesta en escena” pero que al escucharlos nos vuelan la cabeza, por su fabuloso contenido. También hay discos grabados, copias de otros discos… las copias siempre se rompen y jamás tienen la calidad del original.

Hay discos que se regalan, que se dedican, que se buscan intensamente, discos por lo que se paga muy caro, discos fáciles de conseguir para cualquiera, discos especiales para personas especiales, discos inéditos, brutales en vivo, armónicos discos de estudio, grabaciones encontradas, discos que tuvieron que publicarse obligatoriamente, forzados.

Hay discos que con el tiempo se remasterizan, mejorando la calidad de sonido, renovando el arte de tapa y brindándole al oído una melodía similar a la de antes, pero refinada y asentada con los años. Estos discos suelen ser hermosos, nos renuevan, nos traen nostalgia y nos hacer recordar que nunca es tarde y que jamás está perdido aquello que no fue.

Discos que no podemos volver a escuchar, porque nos hacen mal, porque nos marcaron tan profundo en una época, que volverlos a oír nos remueve sentimientos del pasado y las cicatrices vuelven a arder.

Discos pasajeros, discos libres, discos de moda, discos eternos, discos fatales, discos puñal, discos prohibidos, discos nube, discos aire, discos calor, discos alegres, discos tristes, discos fiesta, discos dobles, discos triples, discos velorio, discos para dejar puestos y escuchar de fondo sin darle demasiada importancia, discos para cantarlos por completo, discos que nos calman, discos que nos alientan, discos que nos guían, discos que nos desconciertan, discos que nos marean, discos que nos llevan a otros mundos, discos que nos hacen asentar los pies en la tierra, discos instrumentales que nos hacen imaginar, discos a capela que nos emocionan, discos comerciales, discos bohemios, discos de artistas innatos, discos de artistas de laboratorio. Hay discos para todos los gustos.

Los discos se pierden, se pueden volver a conseguir, se rayan, se quiebran, se encuentran, se descargan, se comparten. Hay discos a los que les brindamos mayor cuidado y discos que manipulamos sin interés. Hay discos que extrañamos cuando no los conseguimos más. También hay discos que siempre tuvimos y jamás le prestamos la atención debida.

Existen discos que nos cambian la vida para siempre, que nos sorprenden ante el primer acorde, que nos llenan de sentimientos, que nos causan alegría, rebeldía, amor, tristeza, odio, violencia, bronca, hay discos que nos inspiran a actuar, a luchar, a pelear, a vivir, a salir, a progresar, a resistir, a intentar ser feliz, a no bajar los brazos, a seguir buscando.

Los amores son como discos cuyas canciones nos llena de experiencia la vida.