Nada cambio desde el “Ni una menos”

 

Voy a decir algo antipático, en contra de estos tiempo de furia e ira sin canalizar; pero dejemos de joder con esta estupidez del Ni una menos.

Entiendo que no lo digo en el mejor de los momentos, hace unos días otra muerte más conmovió a Mendoza y la muerte de una niña siempre es una tragedia multiplicada al infinito. Toda la sociedad quedó, como para varias, conmovida por su nula reacción ante la desprotección de una minoría simbólica como son las mujeres. Pero dejémonos de hinchar. Dejemos de comportarnos ––nosotros, la sociedad entera–– como niños bobos.

Hace casi más de un año que estamos igual, cuando nació la consigna ni una menos como medio para designar las injusticas de nuestra sociedad ante las mujeres. Desde entonces, armamos talleres sobre violencia de género, vemos spot publicitarios del estado para apoyar la igualdad entre ambos sexo, escuchamos hasta el hartazgo discursos de los famosos llenos de lágrimas y palabras sentidas sobre el tema en cuestión. Pero nada ha cambiado, estamos incluso peor que antes.

Es bueno tomar consciencia de nuestras carencias como sociedad, que vivimos en un mundo donde dependiendo del sexo vayas a quedar recluido de un trato justo. Pero yo no veo un cambio en nada, sólo hay cada vez más frases en facebook, más resentimiento y menos acción.

Hemos poblado internet de clichés cursis, cartas abiertas apelando a una demagogia barata. Nos hemos trasformado en una sociedad de discursos baratos y frases trilladas, una masa excitada y pasiva. Nos parecemos al pueblo que se está muriéndonos de sed en el desierto y le grita al sol para quejarse de su suerte, en vez de bajar la mirada, mirarnos a los ojos y discutir cómo vamos a solucionar el problema. Porque la respuesta no está arriba, entre los poderosos, sino entre nosotros.

Medios no faltan para cambiar a la sociedad, faltan personas que dejen de hacerse los revolucionarios desde una retórica barata y vayan a hacer un cambio real en el mundo. Basta de partidos de extremas que quieran sacar provecho de un problema que ellos ayudaron a crear, basta de nuestra actitud de pasiva y agresiva a la vez, de agarrarnos el pecho y poner cara de constipado cada vez que vemos un asesinato en el noticiero.

Hagámonos cargo de la sociedad que nos tocó y tomemos carta en el asunto, incluso cuando el gesto sea mínimo, pero hagámoslo. El problema es que todos quieren hacer la revolución desde la pantalla de su computadora, yendo a manifestación feministas y haciendo cantos contra el patriarcado, porque a todos les aburre el camino difícil: estudiar, leer y trabajar mucho para lograr un cambio.

Empecemos por lo básico. Invitá a la hija del verdulero o de la empleada de tu casa y dale clases particulares, sea que vos seas estudiado arquitectura o panadería tenes, cualquier conocimiento le va a sirve a una niña pobre para pasar de año en la escuela; la educación es la principal casusa de la desigualdad de género y eso es unas de las principales formas de atacar el núcleo del problema. Vas a ver que es más productivo que insultar a Tinelli.

Juntate con unos amigos y vayan a hacer encuestas a un barrio carenciado, armen un proyecto de ley y preséntelo en el congreso; es mucho más fácil de lo que parece. Da la impresión de que te estoy chicaneando, pero lo digo en serio.

Tomemos el tema con seriedad, hablemos el tema con propiedad y nos transportemos un problema en el lugar de otro. En derecho hay una máxima que dice que si se confunde la causa y el efecto del ilícito, si penas una conducta con otro tipo de sanción, incluso cuando el castigo se parezca, estas perpetuando el ilícito hasta el infinito. Del mismo modo, si Mendoza tiene más muertes violentas a las mujeres, es porque ha crecido la delincuencia en general y en todo el país en los últimos diez años, porque la justicia es más ineficiente y los políticos más corruptos. Nos creemos progresista cuando el parlamento vota una ley sueca en el congreso y quemamos el parlamento al día siguiente cuando aparece una niña muerta en el noticiero. Al menos que creas que un asesinato entre dos hombres desconocidos es un homicidio homosexual, la violencia es universal.

Dicho sea de paso, las principales casusas de muertes violentas en las mujeres ––mucho más que el asesinato de un tercero––, son los suicidios, las enfermedades curables y los accidentes de tránsito. Por lo tanto, si tanto te preocupa la salud de las mujeres, empezá preguntándole si está bien o si está deprimida, molestala para que se haga exámenes de mama, nunca manejes si tomas. Así vas a empezar a salvar vidas. Es más duro cambiar la sociedad de esta forma, no hay pancartas ni personas que nos vean sufriendo por los demás, pero es mucho más épico que militar o llenar las casillas de mail con invitación a marchas estúpidas.

Y ustedes, chicas, que muchas andan repitiendo eslóganes de “nos quieren muertas” como si fueran negros en el apartheid, que se regocijan posteando frases de Eduardo Galeano ––el Paulo Coello de la izquierda–– sobre la violencia de género, que se creen eruditas al ver como Maitena y Malena Pichot flamean una bandera con una esvástica en forma de entrepierna femenina en ella, les cuento que nosotros también las pasamos mal. La tasa de suicidios es cuatro veces mayor en los hombres y la mayoría de los delitos violentos recaen en nosotros. Así que no se sientan el centro del universo, no se embrutezcan bajo el halo de la víctima, porque los víctimas no pueden hacen nada, sólo lloran y se lamentan de haber nacido. Es una cómoda zona de confort quedarse ahí, donde los éxitos se acrecientan y los errores se minimizan, donde las las victimas están presas de sus propios rencores, donde el único trabajo es echarle la culpa a los demás.

Miren a su alrededor y noten que hay minorías simbólicas que sufren infinitamente más que ustedes, conformadas también muchas mujeres: los transexuales, los negros, los musulmanes, los extranjeros de países limítrofes. Así, no sólo van a alivianar sus cabezas de tanto martirio, sino también, incluso, van a querer ayudar a los demás. Van a ver que siempre hay personas que padecen injusticias infinitamente peor que las de uno; eso ayuda a calmar la consciencia.

Levantémonos de la silla y hagamos algo para mejorar la sociedad. En cambio, si no queremos hacer nada para hacer un cambio real, la próxima vez que suceda un altercado y la sociedad quede conmocionada por su propia desgracia, quedate callado, escuchá tu silencio, y sentite vacío. Porque las acciones son las que dan el ruido a las palabras.