…y Dios hizo a la mujer

 

…y Dios hizo a la mujer,
y con la mujer nació el día.
Y con ella hizo la luz, y con la luz la alegría.
Y Dios hizo a la mujer, y la hizo que reía.
La hizo poniendo caras, haciendo muecas graciosas,
y ella entonces se quejaba de que Dios la hizo enojada…
¡Si Dios la hizo que reía!
Y reía Dios, y reía ella, y de pronto se hizo el mar,
se hicieron laderas y montes,
y la mujer caminaba, y miraba sorprendida,
y al fin la mujer habló, y dijo “estoy aburrida”.
Y entonces Dios hundió el piso allá arriba en las montañas,
hizo llover cantidades, sacó árboles y cañas,
trazó surcos por el campo y los unió a aquellos cráteres
y el agua corrió ligera por los surcos, imparable,
y se lanzó hacia el vacío en cataratas de magia,
y la mujer se rió,
y Dios vio que se reía, y se inspiró en esa risa
para hacer algo…, ¡la nieve!
y con la nieve heló el río, y con el hielo enseguida
la mujer que sonreía se quejó por sus pies fríos,
y vio a Dios que se reía,
y se enojó y le hizo trompa con labios que no conocía,
pero que ya le hacían gala a la belleza que Dios
hizo libre en aquel día.
Y le tostó nubes al sol e inauguró cada tarde
y la mujer movió una mano tal vez para hacer alarde
de que el quebrar su muñeca era mucho más intenso
que los colores etéreos en los vapores de agua
prismatizados al brillo de alguna estrella gigante
que se quema consumiendo dando calor al instante…
Pero sí tuvo razón, porque visto fue que al tiempo
los colores se borraron, el cielo apagó su brillo,
la luz se durmió silente,
y en cambio la mano de ella bailaba desbediente
y se reía confiada bajo un universo vasto
provocando así a los astros y entes inteligentes
a que se animen a la belleza del moverse así su cuerpo.
Y otra vez Dios se rió, pero esta vez en silencio,
porque la mujer dormía
cubierta del brillo celeste que la luna le arropaba.
Y Dios le besó la frente y mientras se retiraba
le hizo un útero infinito, un universo gigante
para que hayan más como ella ¡y el mundo sea fascinante…!
Y yéndose miró al hombre que dormía panza arriba
e inventó el primer poema de la historia de la vida,
bajo un gran cielo estrellado, una noche majestuosa,
se dijo: “Como diría Barboza, uno las cría…”