Soberbia caída

 arbol-caido-1

Era tan solo observarte,
mirar tus manos moverse,
Verlas  bailar y atreverse
en mi cuerpo demolido.
Como aquel árbol caído
que no puede defenderse,
que no encara más el viento,
y al sol no hace oscurecerse.
A ese tronco recostado,
estático y vulnerable,
tus manos de roce amable
regaron de tu cariño,
sedaron igual que a un niño
lo que fue mole inmutable,
torre de gruesa madera,
mirador inalcanzable.
Tus manos, solo tocaron.
Solo tus yemas andaban
por la corteza porosa
que antes nunca alcanzaban.
Pero a pesar de esa muerte,
de esa caída gigante,
tus manos no me mataron,
no hubo fogata inmolante.
Al contrario, me dejaste
recostado sobre el piso,
y del muerto que encontraste
me hiciste, de aquellas manos,
sumiso.