Una carta para Ana

Habitacion oscura

por Luis Martínez

El lunes tuve un sueño raro. Estábamos nosotros dos, sentados frente a frente en una mesa, encarnando los dos personajes principales del Profesional, la película de Besson, en la famosa escena de la ruleta rusa. Vos te sentabas en el lugar de Natalie Portman y yo ocupaba el de Jean Reno. La imagen era calcada de la película:la habitación estaba teñida de ese ese intrigante color rojizo, las ventadas mostraban los típicos edificios neoyorkinos, un vaso de leche estaba apoyado en la mesa. Todo igual, sólo difería en una cosa. En vez de tener el dialogo normal de la película, vos me apuntabas con el revólver y me intimabas para que te cuente no me acuerdo qué cosa. Una escena que, por suerte, como sucede en los sueños, no terminó porque me levanté de golpe antes de terminar el episodio.

Obviamente, no estuviste ahí, sentada en mi sueño, por casualidad. Estuve pensando en vos el día anterior, recordándotecomo un reose retrotrae a su pasadomientras camina hacia la silla eléctrica.Estuve calculando si era conveniente invitarte a mi casa, luego de casi un año y medio sin verte, sobre si aún tenía posibilidad de juntarme con una chica tan linda como vos.

Parecía difícil en primera instancia. Para empezar, está el problema de tu novio, siempre tan demás. Recuerdo, además,nuestra última charla,cuando me dijiste que querías dejar esa época en el pasado, tus ojos de tristeza y esa escena dramática de película italiana que a vos te encanta personificar, y pensé que no era una conveniente llevarte a esas prácticas de vuelta. Pero,dentro de mí, en el mismo lugar donde se duermen todos los problemas morales de verte de vuelta, encontré tus piernas, tu boca diciendo mi nombre, y luego, no hubo marcha atrás.Decidí mandarte esta carta.

Las reglas son igual que lo última vez: si no podes o no queres, simplemente no me respondas este mensaje. Sigo siendo el mismo de siempre. Soy, por si no te diste cuenta, un poco mañoso, y es quizás el máximo defecto que no he podido menguar con la edad, tanto que le salieron canas antes que a mí.

Voy a estar libre desde el viernes a la tarde hasta el martes a la mañana. Vos podes venir cualquier día, mañana o noche, sólo avísame con anticipación en caso de aparecerte en mi casa. Te puedo cocinar mientras tomamos vinos, cosa que sé que no te disgusta.

Te podría persuadir de varias maneras para juntarme con vos. Unas de las que había pensado era apelar atu vanidady prometerte contarte dos historias mías relacionados con vos. Por ejemplo, cuando dormí en la casa de una mujer indígena y hablamos brevemente de vos, en el viaje mío por norte del país, al poco tiempo de vernos por última vez. También podría contarte como, luego de mucho tiempo sin hacerlo, hace casi un año, le pedí a alguien que abriera mi correo electrónico y leyera mis mails, pues yo estaba en el trabajo y no podía abrirlo desde mi celular, con tan mala suerte que la persona que se lo pedí era mi ex novia, quien vivía conmigo desde hacía unas semanas, para dar la casualidad que el primero que leyóera el tuyo. Esa es una historia fantástica.

Te podría intentar adjuntar esas historias como parte de mi invitación. Intentaría convencerte que es buena idea; mi problema no es la imaginación para buscar excusas, lo sabes. Pero te estaría mintiendo. Porque, sea por donde lo mires, la invitación es un mal negocio para vos, y no la compensa ninguna historia o ningún buen vino.

Yo soy el único ganador si nos viéramos. Vos, en cambio, no harías un buen negocio, en parangón con lo dado, dado que el valor de un acto o un objeto está sujeto a la oferta; y vos, pequeña Ana, por lo menos este fin de semana, no tenes competencia con nadie.

Te invito por la misma razón de siempre. Estoy un poco triste desde hace unas semanas y, como no soy de las personas que están tristes y fingen felicidad mientras van cayendo lentamente en un círculo depresivo, voy a tomarme un descanso de mi rutina diaria. Así, al igual que siemprecuando estoy mal, ahora también quiero soledad para ordenar la cabeza; la única diferencia es queahora, quiero verte para que vos pobles mi soledad.

Te puedo hablar de vinos y comida, pero sólo quiero sentarme a escribir mientras teveo tendida en mis sabanas, darnos un beso entre párrafo y párrafo, tomar vino, cigarros, tus piernas, y más párrafos. Así, animal, es mi egoísmo, el otro protagonista de nuestra relación.

Me confieso para no ser un estafador.Tampoco quiero que creas que te trato como cualquiera, una chica más de un montón demasiado abultado para discernir quién es quién, invitándote sólo para agasajarme cuando me siento mal. No maltrato ni engaño a nadie, mucho menos a una mujer, y mucho menos a vos, niña hermosa, que siempre me has consentido en todo. Además, necesito cuidarte. Hayciertas cosas que por más inteligente y madura que seas, solamente adquirís con los años, algunas experiencias y ciertas vivencias específicas, que vos también vas a tener a su debido tiempo, dentro de algunos pocos años, pero que ahora careces. Enojate y pensá que no te conozco lo suficiente para decir eso, que te hago parecer una niñita para hacerte sentir disminuida y pararme arriba tuyo en esta conversación, en la cual yo te estoy intentando convencer de aceptar una propuesta y vos estas intentando abstenerte de decir sí. Pensá eso,o entendé que sos inteligente y sensible, y no por eso es un demérito no haber transitado ciertos lugares, que si te digo esto es sólo porque me preocupo por vos, niña hermosa.

Más allá de que sos una mujer linda (si supieras todo lo que me gustaba Natalie Portan cuando era chico agradecerías a mi inconsciente haberte relacionado con ella) te quiero en mi pieza para otro fin más espurio que el deagarrar tu cintura con mis toscas manos. Vos me haces olvidar de mi vida. Sosun recreo, no una solución. Y me gustaría verte una vez más para que me des un descanso de mi vida, incluso cuando luego, no nos vayamos a ver en otro buen tiempo, si es que nos volvemos a ver.

Tené la seguridad de que, si no nos vemos, voy a quedarme escribiendo en mi casa durante el fin de semana largo, cumpliendo mi idea original, durmiendo todo lo que no he podido dormir en estos meses de insomnio. No voy a llamar a otra para tomar tu lugar. Me gustaría que, aunque sea por tres días, seas irreemplazable.

Quisiera que estés bien, más allá de si nos vemos o no. Sos una buena y linda chica. Desde que te conocí supe que vas a llegar adonde quieras llegar, lo tenes todo para hacerlo, y lo digo en serio, una mano en el pecho y la otra levantada en al aire con la palma abierta. Algún día te voy a ver en la marquesina de una obra de teatro, o en algún tráiler de una película, y voy a pagar la entrada para ver eso dos hermosos grandes ojos tuyos, tan parecidos a la mirada de las actrices que elige Polanski para sus mejores películas de terror. Tan parecidos a la música de una película dramática.

Podemos vernos este fin de semana, o puedo esperar a ese momento para verte. Aun así, sentite orgullosa al saber que alguien soñó con vos luego de casi un año y medio después de verte por última vez. Después, tomó dos botellas y medio de vinos y se sentó en su máquina de escribir para llenar de tintas unas hojas, mientras sabía que luego lo iba a pasar a su computadora cuando lo terminara, sin corregir ni agregar nada nuevo, para que puedas ver sus errores de gramática, y la sangre entre mis dedos.