Resurrección

Garden Route Car Hire

por Male Cardini

Corrí desesperada hasta el auto. El corazón galopaba desenfrenado, haciendo que meter la llave para arrancar, sea la tarea más difícil del mundo. En cuanto pude concretarla,  puse primera y aceleré…tenía que escapar, irme lejos.

Lo que había sucedido esa noche era terrible, no podía soportarlo. ¿Por que me había ocurrido a mí? ¿Siempre estoy en el lugar equivocado y en el momento incorrecto? No entiendo por qué yo había sido partícipe de una cosa de ese estilo… sin pensarlo, sin imaginarlo siquiera, era actora principal de este suceso tan inesperado.

A medida que avanzaba por la ruta, mi cabeza no paraba, las ideas, las imágenes vividas, y sentimientos cruzados, libraban una batalla campal con cuchillo en mano, para ver quien ganaba esta partida. Luchaban brutalmente para ser elegidos por mí, para quedarse con el trofeo que coronaría los sucesos vividos segundos antes.

Era tal la adrenalina que brotaba por mis poros, que no me di cuenta a la velocidad en que iba avanzando mi auto. Pensé para mis adentros que debía tranquilizarme, estaba en una ruta desconocida a más de 170 Km. /h y el final podía ser más terrible de lo que había sucedido en ese lugar del que me escapaba.

Levanté un poco el pie del acelerador, y empecé a respirar profundo. Haciendo un esfuerzo sobrehumano para relajarme y ordenar un poco mi cabeza. A los pocos kilómetros transcurridos, una señal en la ruta me indica que se aproximaba un cruce de vías, el cual cruzo a baja velocidad. Al pasarlo veo a mi derecha un camino de tierra que nunca había visto… sin saber por qué, lo agarré.

La idea era escapar de todo, no a gran velocidad… si no, estar sola donde no pueda cruzarme con nadie, donde nadie pueda reconocerme. Pensé que era la mejor opción y al ir avanzando por ese camino rural, el cuchillo que atravesaba mi cuerpo dolía menos. La sangre ya no salía a borbotones y el dolor se había atenuado.

Me di cuenta que la radio estaba prendida y que sonaba una milonga que nunca había escuchado, pero que me era familiar. Bajé la ventana y prendí un cigarrillo. La música del auto, se sintió invadida por el silencio del campo, el olor a los paraísos en flor, al trigo madurando, a la tierra por la seca, al sol que me acompañaba. En ese instante, todo lo vivido 60 Km. atrás, parecía un sueño. Algo que no había ocurrido, que era fruto de mi imaginación.

Empecé a ver el paisaje… a lo lejos se levantaban unas sierras guardianas, pero todo lo demás era campo productivo… no se veían animales, ni gente trabajando, ni un perro malo solo por ahí…. Esa soledad, me llenó de alegría. Acá nadie podía encontrarme, nadie podía preguntarme qué había pasado… con qué me había lastimado así ni quien lo había hecho.

En un momento, tuve la necesidad de bajarme del auto, frené en la mitad del camino, sin pensar en dejarlo en la banquina… total, estaba sola y me encantaba. Estaba segura, nada podía pasarme. En cuanto mis pies desnudos pisaron el sendero, sentí el cartón caliente de la tierra por el sol abrasador. Prendí otro cigarrillo y empecé a caminar un poco para estirar las piernas. Había vivido unos momentos terribles y necesitaba un poco de paz. Y qué mejor que ese lugar para encontrarla.

trigo 2

Crucé un alambrado y empecé a caminar por el trigo que bailaba un vals con el viento. Sentí que me unía a ese baile y me volví a sentir llena. Me dije para mis adentros, que no había pasado nada, nadie me había lastimado, ni herido, ni golpeado, ni atropellado. Ahí estaba yo, descalza bailando con el trigo y empezando a ser feliz.

El miedo, la desesperación, la angustia, empezaron a disiparse… las cosas estaban acomodándose…la batalla inicial, estaba finalizada, y nadie había ganado o perdido.

Las imágenes que habían sido terribles, empezaron a gustarme, los sentimientos ya no eran malignos, sino que me curaban el alma, haciendo que las ideas se tornen claras y firmes.

Llevé mi mano al costado, y donde había estado clavado el cuchillo, ya no existía dolor. Estaba comenzando una vida nueva. Ya no debía tener miedo, nada malo podía pasarme, estaba cuidada y no estaba sola. Debía apostar a todo lo que había ocurrido ese día, sólo tenía que aceptar que el AMOR había llegado a mi vida. No lo esperaba, y ése fue el golpe tan duro que me dejó aturdida cuando salí del campo. Dios quiso que él sea para mí, y por eso lo hizo de esa forma: inesperada, sorprendente, tan único como él.