Gracias

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La actriz Calu Rivero fue invitada por el comité olímpico internacional para promocionar el evento deportivo pidiéndole que lleve la antorcha para prender la llama olímpica, que sería prendida dos veces, la primera por una celebridad con la finalidad de promocionar los juegos, y la segunda por un deportista que represente el espíritu de la contienda.

Si bien el comité fue muy deficiente en la comunicación de los hechos (Gerardo Werthein, presidente del Comité Olímpico Argentino -COA- no sabía de la invitación para con Calu Rivero) las reacciones contra la actriz fueron tremendas.

Lo que más llama la atención es que, entre un importante despliegue de insultos y agresiones gratuitas, la acusaban de no haber rechazado el ofrecimiento por no merecerlo. ¿Acaso el taekwondista Sebastián Crismanich, elegido por el COA para llevar la antorcha, se siente más merecedor que otros deportistas para encender el fuego olímpico? Seguro que la respuesta de los furiosos twitteros será que ella no es deportista, y no si Crismanich se siente más o menos merecedor, porque el odio que se puede leer en cada comentario excede visiblemente el conflicto real de portar la antorcha dejando en evidencia que nadie estaba pensando con claridad el asunto.

Si alguien pensase que Sebastián Crismanich no es merecedor de portar la antorcha el reclamo será hacia Gerardo Werthein, no hacia Crismanich. De la misma manera, si le ofrecen a Vicky Xipolitakis, a Juan Carr o a Jorge Corona llevar la antorcha, el reclamo siempre es sobre el que toma esa decisión, y no sobre el que se siente honrado por la distinción. Rechazar un ofrecimiento así sería descalificar al propio comité olímpico, y aunque yo no entienda por qué me lo ofrecen, puedo consultar las razones… o no hacerlo, y aceptar. De hecho, había una excelente razón: era la indicada según el comité para la promoción del evento.

Yo no sé si es que el desprestigio de cualquier autoridad en la Argentina es tan grande que ni se tenga en cuenta para ningún reclamo, o si al contrario se le considere un organismo vivo propio del Olimpo griego y se le otorgue la inimputabilidad del capricho lo mismo que a Zeus, Atenea, Poseidón u Artemisa, pero lo cierto es que a Calu Rivero probablemente ninguno de los cobardes que se ensañaron con ella le pedirá perdón. Pensarán que se merece la cantidad de groserías e insultos que le dejaron un día en que para ella todo debía ser una fiesta, y un día en que todo lo hizo bien, incluso representando al país. Ella podría haber sacado provecho de estar expuesta a nivel mundial provocando un escándalo, o pudo haber llamado la atención con cualquier cosa y no lo hizo. No es que merezca un premio por hacer lo que debe hacer, pero seguro que no merece ser insultada. Segurísimo que no.

En un momento, mientras escribía esta nota, me detuve. Casi la elimino pensando que hacer una nota justo por una modelito, una actriz que vive expuesta a cualquier escándalo era exagerado. Y antes de borrarla volví a pensar en lo injusto que es para cualquiera intentar representar al país, en el evento que fuera y por el motivo que sea, de manera digna y responsable, y que eso no valga nada porque se es modelito, o actriz o lo que fuera. Y pensé que al contrario, que la nota la tenía que publicar, y que tenía que tener el título del verdadero motivo por el que la escribía, y no sólo para ella, sino para todos los que nos representan en los juegos olímpicos de manera digna y responsable: gracias.

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