Los pastores kircheristas

Un amigo de los pocos que se dicen kircheristas y no cambiaron al modo “peronista” vociferaba los males actuales y el caos por venir por las medidas de lo que pareciera un gobierno totalitario dictatorial. La mente es una cosa extraña y de pronto me transporté a algunas enseñanzas de cuando fui a catecismo… Sí, yo fui a catecismo.

No siempre fui el ateo libertario y combativo con aversión a las religiones que solo entra a templos como turista,  para los casamientos de amigos, o para el bautismo de mi hija, sino que tuve un acercamiento fugaz al culto alrededor de los doce años. A pesar que ya venía con mis serias dudas sobre la existencia de un dios, como todos mis amigos hacían la primera comunión, yo también la hice.

Iba a catequesis a la iglesia Madre de los Migrantes, en Dorrego. La experiencia fue…extraña. Los bienintencionados catequistas a pesar de sus ganas eran bastante malos al momento de transmitir las enseñanzas, y viniendo de una familia en la que el ser humano estaba por arriba de todo, fui inmune a la trasmisión de la culpa inherente a las religiones judeocristianas. A pesar de esto ir a catequesis me enseño algunas cosas, no de religión justamente.

Primera enseñanza – Comercio: La iglesia, es un excelente lugar para el intercambio de bienes. El mío eran figuritas, específicamente de Robotech. Obviamente sinagogas y mezquitas también son excelentes lugares para el comercio, pero mis intercambios de figuritas con esas dos comunidades seguramente hubieran sido de balanza comercial negativa para mi.

Segundo – efectividad: Si toman asistencia en misa, con ir los últimos diez minutos y que te vea la maestra es suficiente.

Tercero – eficiencia: Soy muy malo para aprender de memoria. Y los rezos no son justamente “entendibles por lógica”, o solo rezar el concepto, pero entendí que solamente había que saber un solo rezo, el padre nuestro. Si uno se confesaba lo hacían rezar algo. En caso de no saberlo uno se confesaba que no lo sabía. “¿Qué sabes?” El padre nuestro. “Bueno, rezá eso…” y te perdonaban la ignorancia sacra junto con los demás pecados.

Cuarto – Cultura general: La mirra es una Sustancia resinosa de color rojo y olor intenso, compuesta de aceites esenciales, resina y goma. Me pregunté por años su olor hasta que veinte años después la olí en Marruecos y su olor era como lo imaginaba.

Quinto – Justicia: Como en Guaymallen se encuentran tanto barrios de clase media y alta como lugares que su pobreza no tiene nada que envidiar a un barrio haitiano de Puerto Príncipe en esas clases de sábado en Madre de los Migrantes se encontraban todos los estratos sociales que existen en un país occidental. Uno de mis compañeros era muy humilde, era ropavejero. Una vez comentó que las palomas eran muy ricas y que él las cazaba para comer, otro compañero medio canchero se rió e hizo un chiste. En ese momento con doce años no comprendí lo cruel de la burla  ni del chiste, y probablemente también reí. Por suerte, la enseñanza de barrio fue mejor que la de la catequesis. El ropavejero nos agarró y nos cagó a trompadas a los dos, de forma merecida.

Y sobre el que voy a hacer foco, el que recordé viendo a mi amigo kirchnerista, el Sexto – profetización apocalíptica: Había una época del año, no recuerdo cuál, que pastores evangélicos se ponían las esquinas de mi barrio. Se acercaban muy pocos adeptos, menos aún cerca de la Iglesia, porque a pesar que Dios sea omnipresente y omnisapiente parece que cerca de la iglesia ve más. A la esquina de Madre de los Migrantes debían mandar al pastor más desquiciado de todos. Físicamente me acuerdo más de este señor que de mis profesores de catequesis a pesar que lo vi unos pocos minutos, tenía rasgos andinos y era muy morocho, habrá tenido unos cuarenta años. Su camisa era pulcra y blanca, pantalones negros pinzados y zapatos charolados. Estaba sobre una silla, vociferaba sobre el arrepentimiento con una voz que no concordaba con su cuerpo. Nos indicaba que quedaba poco tiempo y describía el apocalipsis que vendría.  A pocos metros los católicos veían con ojos de desconfianza al pastor evangélico. Lo veían como un loco a pesar que el apocalipsis de sus libros era exactamente el mismo.

Lo veo a mi amigo, los leo por internet, y no puedo dejar de pensar en ese pastor evangélico en esa esquina en Dorrego. Veo su desesperación por hacernos entender de que nos arrepintamos, que ellos están dispuestos a perdonarnos, que nos equivocamos sin mala intensión. Al igual que los religiosos aceptan que “hubo excesos, pero no se puede negar las cosas buenas que hicieron”, que la falta de política como la falta de religión es el peor de los pecados, y como al pastor de blanca camisa solo lo escuchan unos pocos que encima ya son evangelistas, y los que están cerca aunque piensen lo mismo, solo se burlan de ellos.

Los veo enojados, masticando rabia, evangelizando en bares y en la red. No solo por lo que hace el presidente devenido en anticristo,  sino porque a sus quejas, a su alarma de lo que está pasando, la gente no los sigue, no los escucha.

Nos dicen que hay un montón de arrepentidos pero que realmente no conocen a ninguno,  eso los pone nerviosos, en esa situación de quiebre emocional de vacío de alma donde los adeptos abandonan la fe, o se hunden en ella.

Ellos lo ven, ahí, frente a todos. Es la caída de Constantinopla nuevamente, el conocimiento cae en manos de los bárbaros, solo que en vez de Otomanos destruyendo el Imperio Bizantino es “la más rancia aristocracia” mezclada con el más destructivo neoliberalismo destruyendo doce años de “victorias” de “La Patria Grande”. Lo se. Los leo. Me gusta leerlos. Veo que los desvela la mansedad de la gente, veo como les duele la traición de sus lideres que, al igual que Roma le dio la espalda a Bizancio para caer en manos musulmanas, los lideres peronistas les dan la espalda en la lucha, sienten la daga en la espalda… MALDITOS “él murió por nosotros… y ustedes lo traicionan…nos traicionan”.

Son un espectáculo tragicómico, son la Armada Brancaleone, pero tengo en el fondo…bien profundo…un poquito de miedo. Son dos ruidos, dos cosas. La primera es que vuelvan, que resuciten. Uno resucito hace unos dos mil años y todavía estamos pagando el pato. Mi otro temor… opuesto… es que no sean el pastor evangélico sino Casandra, sacerdotisa de Apolo, hija de Hécuba y Príamo, reyes de Troya quien tenía el don de la profecía, pero la maldición que nadie le creyera. Entre festejos el Caballo de Troya entraba como trofeo de guerra por la ciudad, Casandra vio el peligro, Casandra vio la caída de Troya, pero nadie le creyó. A Casandra nadie le creía.

Los seguidores de la nueva fe macrista señalan con dedos acusadores a los pastores apocalípticos kircheristas de habernos llevado a una edad media oscurantista, pero su manual de rezos no dista mucho si son meros pastores de barrio o Casandra, solo el tiempo lo dirá. Yo mientras sin un dios, sin un líder, intento reírme de los dos…