Mi crítica sobre “Tren nocturno a Lisboa”

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(La nota es todo un spoiler enorme, si la vas a ver, si de verdad la querés ver, entonces no leas esto… aunque pensalo, hay miles de películas para ver…)

No sé nada de cine, y de libros un poco nomás. Pero sé de historias, sé construir una historia, sé contar un cuento. El título de la película “Tren nocturno a Lisboa”, el mismo que el de la novela en la que se inspira, es muy bueno, muy atractivo. Encierra en sí mismo muchos interrogantes. Sin embargo después de ver la película entiendo que probablemente el libro tenga 600, 800 páginas y sea muy bueno, comparado con la síntesis pobre, inconexa y poco creíble que trata la película.

Tengo un amigo que sabe mucho de cine, y sabe mucho del arte cinematográfico en general. Ante mi completa ignorancia, y teniendo dificultades para tener la disposición para leer, le pedí que me sugiriera algunas películas. Empezamos con una lista de 5 que ya terminé, y como aún no me dio nuevas recomendaciones me animé con esta película que tiene como protagonista al grandísimo Jeremy Irons.

Puedo presentir que el libro debe ser muy bueno porque la historia tiene bien distribuidas tres historias (o más) en la misma trama. Sin embargo en la película nada tiene sentido. Paso a explicarlo.

“…tiene que haber sucedido algo en algún momento con relación a la chica para que el que mira la historia entienda de la necesidad del profesor.”

El comienzo donde un profesor intenta salvar a una suicida, es genial. Que la lleve a su clase podría serlo también, pero que la lleve del puente a la clase caminando bajo la lluvia sin hablar de nada ni preguntarle el nombre o algo, debería estar explicado, porque lo natural es preguntar al menos qué hacía allá en el puente. La explicación de qué hacía la chica en el puente aparece cuando ya no hace falta ni a nadie le da curiosidad, en la última parte de la película.

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Que la chica (que repito, estaba por saltar de un puente y que el profesor corrió ansiosamente bajo la lluvia para salvarla) se ponga de pie y se vaya de la clase sin decir nada (cuando en el puente, después de que él la salvara, ella le pide ir con él  porque sí, porque aparentemente la muerte genera vínculos y atracciones raras, motivaciones inesperadas) y que el profesor continúe la clase sin reaccionar, ya es algo forzado. Que apenas cinco minutos después a él se le ocurra imprescindible dejar la clase por la mitad e ir a buscarla, y rastrearla por un libro que encuentra en su impermeable, y que lo lleve a una librería, y de ahí a un tren y del tren a Lisboa, estando en Berna, Suiza, y todo en menos de que termine la clase (el director del colegio lo llama al encontrar la clase con alumnos y sin profesor, y él ya está en el tren), ya no es creíble. Para que pase eso tiene que haber habido algo, tiene que haber sucedido algo en algún momento con relación a la chica para que el que mira la historia entienda de la necesidad del profesor. Ese comienzo es tan pobre, es tan malo que me llamó la atención que Irons haya aceptado el papel.

Es muy importante saber que en ningún momento se va a saber qué lo llevó al profesor a dejarlo todo e ir detrás de un libro de frases y pensamientos (“Quiero sentir lo que sentía él” o algo así explica el profesor en un momento ante la casi nula curiosidad que le producen a los sobrevivientes de aquella cruenta revolución, donde la venganza y las heridas parecen haberse vencido u olvidado, sobre el por qué Irons quiere averiguar de Amadeo). En aquella casa, obviamente, mencionar al autor es todo un problema, con caras que se congelan ante la mención de algunas partes del libro, enojos y negativas foto-tren-de-noche-a-lisboa-2llenas de dolor por un libro del que la dueña de casa tenía seis ejemplares en su biblioteca y conocería de memoria, ya que después nos enteramos que estaba obsesionada con su hermano.

Comienza la historia del hermano, escritor del libro que la suicida tenía en su bolsillo (¡cómo los va a decepcionar el motivo que encontró esta chica para pararse en el puente…!) y llega a la tumba donde en la lápida tiene grabada una frase de Stalin, que parecería sumergir a Amadeo en el centro de la revolución, aunque luego sabremos que no estuvo muy involucrado en la revolución porque conoció a otra revolucionaria que…, bueh, pero tuvo ganas de estarlo, eso sí. Sigo. Nadie sabe quién pagó esa lápida con aquella frase de Stalin porque a Amadeo lo entierra el padre con su familia y conocidos, y éste era parte de la dictadura. El guionista se toma el trabajo de no dar ninguna explicación sobre esto para que nadie entienda nunca qué fue en definitiva para la revolución, o para Estefanía, o para cualquier otra historia este tal Amadeo que hizo mudar a un profesor de Berna a Lisboa, sin valija, ropa, nada, dejando la clase suya en la mitad para averiguar la vida de alguien que parece no haber sido nada.

La historia tiene un argumento parecido al excelente libro de Ruiz Zafón, “La sombra del viento”, donde cada necesidad de los personajes de este es acompañada por el que lee la historia con ansiedad. La diferencia es que en la película se quieren plantear tres historias (La del profesor, la de Amadeo, y la de la suicida) y ninguna emociona ni entusiasma ni es concluyente de nada.

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Los personajes en la película van apareciendo de una manera tan absurda que uno puede arriesgar con que los guionistas se pelearon con los productores y que escribieron aquellas partes sin ganas. Al profesor un ciclista se lo lleva puesto y a este se le rompen los anteojos. Uno hubiese preferido que se tropiece con el cordón de la vereda o se asuste con una paloma antes de tener que hacer la vista gorda con una situación tan grotesca para que el profesor lleve finalmente a arreglar sus anteojos justo al negocio de la oftalmóloga sobrina –o sobrina-nieta, no me acuerdo- de uno de los tipos claves de la resistencia que estaba muy cerca de Amadeo, que les recuerdo que casi no estuvo en la resistencia, pero todos lo recuerdan con una claridad admirable. Curiosamente esta mujer, Mariana, la que atendió al profesor en la gran tienda oftalmológica, tiene tiempo para acompañarlo a donde haga falta al profesor y se pasea en un Mercedes Benz que lo lleva a uno a pensar que es al menos la dueña de la tienda, algo que pareciera rebuscado ponerse a pensar y sin embargo, el diálogo de los dos mientras Mariana le prueba los anteojos es tan inverosímil ya sea en una empleada como en una mujer que está al frente de un negocio… –él supuestamente le cuenta del libro, lo que en la película omiten porque nadie puede explicar un libro que tren-nocturno-a-lisboaapasione tanto por contar nada-, y ella se entusiasma mucho con la historia que no es ninguna historia ya que él no sabe nada sobre esta –el libro son sólo reflexiones-, hasta que ella le cuenta –a él, que es un cliente desconocido que se está probando lentes– que tiene un tío o un pariente que estuvo en la resistencia y que lo puede contactar con él –como si hablasen de un pariente panadero o veterinario y no de alguien que comprometió la vida de las personas en algún momento de la historia-. La casualidad podría haber sido válida aún como un pobre recurso; pero que después esta Mariana se involucre de la nada hasta la médula con un profesor que es un bodrio para la ex mujer, para los guionistas y para el propio espectador, es un misterio más grande que la vida del tal Amadeo, que aunque el profesor aboque su vida a esto a nadie le importa mucho realmente su derrotero.

 

“Tan extraña es esta situación que Estefanía le pregunta al profesor por la chica del auto, y uno piensa si Estefanía no le está pasando un mensaje indirecto al director para que corrijan la escena.”

 

Los personajes de la resistencia parecen traumarse ante la sola mención de Amadeo, pero enseguida cuentan todo sin escatimar detalles por un paquete de cigarrillos o entre vasos de vino en un bar, o incluso invitados por ellos mismos, como el caso del personaje central de la historia, Estefanía (que gana en importancia a Amadeo porque su personalidad caprichosa, fría e infiel resulta más atractiva y es mucho más contundente y creíble que la ambigüedad del Amadeo este) que invita al profesor a su casa para contarle cosas que quería olvidar.

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Cuando el profesor está yendo a ver a Estefanía a España, aparece en el hotel del profesor la chica del puente, que sólo se explica que haya encontrado al profesor por una previa consulta a una tarotista o por expresa indicación del guionista, ya que nadie salvo Mariana sabe que él está parando en ese lugar. Allí el profesor le pregunta el nombre y dice que es Catarina Mendes, la nieta de Rui Mendes, el “Carnicero de tren-de-noche-a-lisboa-645x346Lisboa”, un personaje mencionado en la película, cruel y torturador, motivo por el cual se estaba por suicidar. Ante esto que puse en itálica y negritas, hago punto y aparte y detallo esta situación.

Esta chica, Catarina, amaba a su abuelo con locura –lo cuenta ella en esta escena-. Pero un día encontró, porque sí y de la nada, en una librería de Berna, Suiza, uno de los 100 libros que imprimió Amadeo, que es un personaje desconocido para todo el mundo contemporáneo o ajeno a la revolución. Lo leyó en la misma librería, y allí “se entera” de que su abuelo fue un cruel y despiadado torturador. Lo cree de inmediato, cae en profunda tristeza, “compra el libro” –que luego no le importará nada– y se dirige a un puente para suicidarse, que es cuando lo encuentra el profesor y que se transforma en una especie de epifanía para ella –al menos por unos minutos– que le cambia la manera de ver la vida y ya no se suicida sino que desaparece por un tiempo prudencial para luego volver al colegio en busca del profesor para agradecerle el haberle salvado la vida. Como le dicen que está en Lisboa –no saben más nada de él que eso– ella sale del colegio y se dirige de inmediato a Lisboa y luego al hotel donde está parando el profesor de una manera en la que el padre Pío bilocándose no lo hubiera hecho con mayor precisión. ¿Para qué fue al hotel “la chica del puente”? Para agradecerle, nada más. Ni siquiera para buscar su impermeable o el librito. El profesor se va a ver a Estefanía a España con Mariana que lo lleva en el Mercedes y que para este 20323115.jpg-c_300_300_x-f_jpg-q_x-xxyxxmomento ya está profundamente enamorada del protagonista, y que al llegar a España, a Salamanca (desde Lisboa), se queda esperando al profesor en el auto mientras este habla con Estefanía. Tan extraña es esta situación que Estefanía le pregunta al profesor por la chica del auto, y uno piensa si Estefanía no le está pasando un mensaje indirecto al director para que corrijan la escena. Finalmente con este motivo de la angustiante espera de Mariana en el auto Estefanía le pide que vaya con ella, se termina la entrevista, y el viaje a Salamanca dura lo que dura sólo para decir tres o cuatro cosas que por teléfono alcanzaban de sobra. No es menos importante aclarar que Amadeo –el de la “apasionante” historia del librito de reflexiones del impermeable de la chica suicida– arriesgó su vida para entrar a España con Estefanía, y que cuando este le dice de vivir juntos Estefanía le dice que no “porque no había lugar en su alma más que para Amadeo” –que es una poética versión de la frase “no sos vos soy yo”, y que para terminar esta historia de amor es un pretexto bastante mediocre-. Luego aparecen en Lisboa, en la estación, Jeremy buscando el tren para irse y Mariana acompañándolo extrañamente enamoradísima de él. Y cuando el profesor le dice que le quedan cinco minutos al tren para irse ella le hace una buena pregunta para un buen final para otra historia: “¿Por qué simplemente no te quedas?

tren-de-noche-a-lisboa-2Lamentablemente la película deja el final abierto, como si pudiese caberle alguna apertura. Si la respuesta de Irons fuese no, debería ser inmediata: “No, porque tengo que ir al psiquiatra para analizar lo que acabo de hacer con mi vida por un librito pedorro que no vale nada, que no dejó nada a ninguna historia, y que puede ser la señal de un daño psíquico irreversible o un principio de esquizofrenia, y vos deberías hacer lo mismo…”. Y si la respuesta es sí, entonces antes, durante la película, mientras iba a ver a sus entrevistados debió mirar una revista o un folleto y haberse olvidado de esta historia para salir corriendo a averiguar quién escribe la revista o dónde queda el local del folleto, demostrando coherencia a una inestabilidad emocional desesperante. Evidentemente Mariana, que se enamoró en dos o tres charlas aburridísimas con el tipo, demuestra estar más delicada que el personaje de Irons, y esa sí que podría ser una buena segunda parte de esta historia y tranformarse en una saga bizarra y atrapante. Si “Crepúsculo” es una historia de amor entre vampiros, “Tren nocturno a Lisboa 2” podría ser una relación morbosa entre dos desequilibrados mentales que persiguen una nueva historia escondida en el reverso de un papel de alfajor.