Referentes

MERCEDES

Todos tenemos referentes, personas como las que nos gustaría ser. Humanos a quienes admiramos por algún motivo, algunos más cercanos, otros más lejanos. Algunos utópicos, algunos de fantasía. Algunos políticos, algunos familiares, algunas estrellas de cine, algunos deportistas, algunos filósofos, algunos médicos, algunos escritores, algunos poetas, algunas monjas rebeldes, algunos hindúes, algunos negros, algunos ingenieros, algunos albañiles no agremiados.

Pensamos y tratamos de imitar, porque un referente es un ejemplo a seguir. Alguien que hace o que hizo bien las cosas, no todas; un referente no es perfecto. La perfección es inalcanzable.

De cada uno de ellos sacamos algo bueno, partes de su personalidad, acciones que creemos vale la pena imitar, lineamientos a seguir en algún tipo de situación, valores que nos enorgullecen y compartimos, el modo en el que educar a nuestros hijos, cómo pasar la pelota, o empujar en este scrum que es la vida.

El modo en que aprovechan su tiempo, los libros que leen, el trato fraterno con el que se dirigen a los demás, incluso a veces confundir a un referente con algo perfecto nos convierte en fanáticos y confundimos fanatismo con pasión. El fanatismo nos ciega. La pasión nos alimenta, nos hace hacer cosas inimaginables.

De verdad, hagan memoria. Piensen en sus referentes. ¿No son aquellos apasionados, esos de los que tenemos los mejores recuerdos en nuestras mentes?

Y en la pasión, amigos míos, está la belleza incluso de lo imperfecto. Los pasos que damos no tienen porqué ser siempre buenos. Es la imperfección la que nos ayudó siempre a perfeccionarnos, a pulir esta piedra bruta que somos.

La Música y la poesía son pasiones por todos compartidas. Hay referentes en estos ámbitos que trascienden fronteras e ideologías, nos unen, nos hermanan. Admiramos más que nadie a nuestros referentes que hicieron música, poesía y que además tuvieron una filosofía de vida digna de imitar.

Hoy recordaba a una mujer, a una referente, cercana, porque Mendoza era su lugar en el mundo, al igual  que el mío. Porque su palabra era su arma. Porque su poesía y su música eran balas de esperanza y amor directas al corazón.  

Porque su simpleza era digna de imitar. Porque su silencio y su paciencia eran como los de un aprendiz, aunque era una maestra.

Humilde como el pobre que con dignidad trata a diario de salir adelante.

Esta mujer se llamaba Mercedes Sosa y creía que al final, al igual que Gustavo Ceratti… al final hay recompensa.

Los Dejo con ellos.