El escote de María

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¿Qué es lo que pasa dentro?
¡La clase está en rebeldía!
Pues que toda algarabía
se debe a un desenlace,
y es que entró recién a clase,
tras su escote,
la María.

¡Pues viese tal hidalguía!
¡Tanto porte, tanto encanto!
Que hasta un hombre rompió en llanto,
pues ¡lloraba por su hombría!
Y las mujeres que había,
de estar bien, ¡hacia el espanto!
se encendieron en un grito:
La clase se hace garito
por no abrocharse un botón
la María con su don
de portar la primavera
al pie de aquellas laderas
donde vierte sus maneras
como un río el corazón.
Y a nosotras que, sin don,
con amorosa llanura,
optamos por la ternura
de mimar en la emoción,
o que tal vez bien dotadas
y por pudor más tapadas
miramos anonadadas
la penosa situación.
¡Pues obliguemos al hombre
a que nunca más se asombre,
a que no sienta ni nombre,
¡por ninguna!
excitación.
Sin educar, obliguemos
a que hagan lo que queremos,
¡y aunque en tetas caminemos,
demuestren nula reacción!

Y estas mujeres que había
-sin las tetas de María-
mostraron lo que tenían
protestando en un rincón.
Algunos tipos que eran
amigos de aquellas damas,
que no compartieron camas
-aunque tenían la ilusión-,
se acoplaron como eunucos
a completarles los cupos
de hombres que protestaban
por lo hombres que no son.
Y María continuaba
día y noche, y se esmeraba,
con su escote que mostraba
para enseñar el valor
a que el hombre no reaccione,
y que menos proporcione,
si sus tetas amontone,
ni siquiera un escozor.
Mientras tanto en otra mesa
unas mujeres hablaban,
y en murmullos halagaban,
la belleza juvenil
de unos chicos atractivos,
que muy galanes y altivos,
antepusieron motivos
y se tuvieron que ir.
Entonces la menos rubia
de las cuatro niñas blondas
entre cervezas y rondas
dijo casi sin querer:
Te digo que faltan hombres,
faltan tipos que se aviven
que nos busquen, que se animen,
cuando ven a una mujer.

Pero el escándalo padre
el que armó la rebeldía
fue del profesor que decía
en la clase, allá adentro:
…me desconcentro…
…entre el ruido de los bolígrafos
y el escote de María
”.

La poesía (que no es mía)
de semejante verdad
tiene de actualidad
que hoy armó como protesta
que mujeres en respuesta
se mostraran sin sostén,
buscando probablemente
que alguien se indigne sacado
y acuse al maleducado
del profesor (y poeta)
de ofender en el pudor
a María, la primera,
la que trae la primavera
al pie de aquellas laderas
donde vierte sus maneras
como un río el corazón,
y ofender en la razón
a sus amigas dolidas
en su intimidad ofendidas
que en tetas muestran su herida
de haber sido así exhibidas
por salvaje profesor.

Este caso a mí me deja
un deseo, una ilusión.
La de tener ocasión
de alguna vez conocer
a María, la primera,
la que trae la primavera
al pie de aquellas laderas
donde vierte sus maneras
como un río el corazón.

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Este poema está dedicado a las estudiantes que muestran sus pechos para que no se los miren más: las estudiantes de la Universidad de Santiago de Compostela.