Meritocracia: ¿Hacia dónde nos lleva?

Hace unos días, la marca de autos Chrevrolet sacó al mercado un anuncio publicitario llamado Meritocracia. En él, como su nombre lo dice, se hace alusión al valor del mérito en relación al esfuerzo. La propaganda no sólo fue mal recibida por los usuarios de internet, que reprobaron el video de manera enfática, sino que varias personalidades de los medios empezaron a opinar acerca del asunto, rechazando la propaganda y los valores que, según ellos, representa. Para la mayoría de las personas que lo criticaron, ese tipo de pensamientos perjudica a las clases más bajas de la sociedad.

 

 

 

 

Más allá del buen timing político que tiene la empresa para sacar una publicidad cuando ciertos sectores del país están haciendo énfasis del buen desmadre económico de la actualidad –obviamente, sin hacer referencia el desastre que dejó el anterior gobierno– la publicidad me pareció mala. Ver a un runner recorriendo unas de las calles más adineradas de Capital Federal, sacando fotos a través de su smartphone, resulta un poco frívolo y con demasiados anglicismo para tomarlo en serio. Pero lo peor es que se expresa una idea buena de una mala forma y se termina perdiendo la oportunidad mostrar un pensamiento que siempre estuvo relegada del sentido común argentino.

La propaganda hubiera sido mucho mejor si en vez de usar actores para encarnen lo más pudiente de la sociedad se hubieran intentado representar a los sectores que sí se beneficiarían con un sistema de Meritocracia: los pobres. Desde los paraguayos que tiene que mudarse a nuestro país sólo porque en su tierra no tienen oportunidades, las personas de villas miserias o los sectores rurales más postergados, son la parte de la población que realmente necesita un sistema político donde el esfuerzo sea reconocido, y no uno donde el acomodo sea la única manera de desarrollarse como persona. Son ellos lo que no tienen contactos para entrar en alguna empresa o familiares con cargos políticos que los metan en algún cargo lugar del estado; son ellos lo que sí necesitan de un sistema donde las personas se definan por el esfuerzo y no por las circunstancias. Los otros, los malos, los tipos que nos han estado gobernando desde hace décadas, son los que quieren que todo siga igual, para seguir viviendo en una sociedad donde nadie los pueda sacar de su altar. Aclaro que no es malo ser adinerado, pero sí los es cuando le están impidiendo un oportunidad a alguien que se lo merece, alguien que tiene méritos para estar ahí.