Dolor y furia

Esta semana me ha generado una mezcla de muchos sentimientos dentro, todos tristes y confusos. Tengo una batalla feroz dentro mío que se divide entre la militancia y la razón.

Con mucho dolor he visto cómo el fanatismo atroz de los argentinos ha llegado a sus máximos niveles de intolerancia y falta de respeto, al punto que estamos a tan solo un muerto del límite.

Considero al fanatismo como uno de los peores vicios del hombre, porque lo ciega, lo nubla, lo confunde y le condiciona la única diferencia que tenemos con los animales: la razón. Un fanático no puede razonar.

Había un concepto que en el pasado consideraba un tanto exagerado, siempre asociándolo a la pasión innata de los argentinos… “la grieta”. Pero tristemente esta semana la viví en carne propia. Claramente pude observar la grieta que nos divide profundamente en dos bandos, y, lógicamente, cuando hay dos posturas, ninguna es dueña de la verdad.

Los más triste de todo es que estos dos bandos no defienden ideologías, no defienden modelos de país, no defienden un proyecto superador, una idea, sino que defienden personas. Personas con defectos, como todos nosotros. Y defienden a personas corruptas, en mayor o menor medida, pero corruptas al fin. Porque si bien no me creo todo lo que dice “x” medio sobre “y” dirigente, tampoco se puede creer que ese “y” dirigente esté totalmente limpio. Poniéndole nombre y apellido a las cosas, por un lado no creo todo lo que le achacan a Cristina o a Mauricio, pero por otro lado estoy convencido en que ninguno de los dos está completamente limpio como para ser ejemplo de nada, a menos que tener a corruptos de ejemplo sea nuestro objetivo.

No me entra en la cabeza como nadie habla de “modelos”, nadie critica o adula a un modelo de país, sino que se nos va la vida y las energías criticando y adulando a las personas, endiosándolas, dándoles un manto de poder mesiánico, como si no tuviesen el derecho a cometer errores. Y ver el fervor violento, la constante agresión por las redes sociales, el ataque sin escrúpulos de los medios de comunicación completamente manipulados, corrompidos, sin otros intereses que los económicos, es triste, porque uno no encuentra sitio ni reparo ante tanta desidia e injusticias.

Como militante que entiende la construcción de poder, entiendo plenamente que hay ciertas jugadas que, por más que no sean de nuestro agrado, hay que hacer para triunfar en objetivos mayores. Entiendo que hay ciertos medios que justifican los fines. Sería utópico pensar que la política es únicamente para personas de valores morales intachables. Pero de ahí a tener que tolerar la codicia sin límites, el desfalco abrumador que hemos padecido, el robo sin medidas, ni pudor, ni vergüenza… es una cosa muy diferente. Como militante me quedan dos caminos, o corromper mis valores y sumarme a la corriente fanatizada del promedio, con ánimos de pertenecer, para que en algún futuro me abran alguna puerta donde poder desparramar mis ideas; o ser incorruptible y divulgar con respeto y paciencia mis ideas entre los militantes, para dilucidar en algunos un ápice de racionalidad, a costas de (como ahora) ser excluido de todo espacio, con ánimos de que cuando alguno de esos militantes llegue, al menos recuerde mis palabras de queja y crítica e intente proceder con otro mecanismo.

Pero es como pueblo que se me enciende la furia… es en este punto en el que se me salta la cadena, como clase media, como laburante, como un imbécil mediocre que se tiene que levantar todos los putos días a trabajar, 8, 10, 12, 14 horas por día, de lunes a sábado, 350 días del año donde tengo que pedir por favor tener guita para descansar 15 chotos días en algún lado. Pagando impuestos como un condenado, siendo acosado por AFIP, tolerando aumentos desmedidos, padeciendo una inflación imparable, haciendo malabares para llegar a fin de mes. Y ellos, esos, esos putos, los Macri, los Kirchner, los Báez, los concha de su madre, cagándose de risa de nuestra miseria, bailando en balcones, esquivando a la ley, forrándo de guita a generaciones completas de sus castas, y no con su guita, su esfuerzo o lucidez, sino con mi plata, con tu plata, con mi esfuerzo, con tu lucidez, con tu trabajo, con tu empresa, con mis horas perdidas para ganar guita, con lo que todos los días me aprietan para que les de.

Tengo las bolas al plato, estoy podrido, se hace tan difícil tolerar esta situación, tanto como militante, como laburante, como Argentino. Tengo un incendio en el pecho, los cables cortados y lo peor de todo es que no veo que salgamos más. Seguimos en la miseria, seguimos siendo conducidos por corruptos, seguimos diluyendo las posibilidades de crecer como país, seguimos los clase media siendo castigados, seguimos sin apoyo, ellos se siguen haciendo cada día más ricos, seguimos pasando hambre, seguimos sin ser competitivos, seguimos lejos del desarrollo, del progresismo, lejos del mundo, seguimos hundiéndonos, perdiendo, lastimándonos, enfrentándonos, matándonos. Seguimos siendo vergüenza mundial.

Suelo terminar mis notas con un mensaje esperanzador, pero esta vez, por lo menos hoy, no existe. Porque hoy no tengo ganas ni de fanatizarme por la esperanza.