¡Levántate y anda, mujer!

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por Betsabé Salomón

Nunca me consideré una defensora acérrima del género femenino, simplemente porque creo en la igualdad de derechos, pero confío en las diferencias que nos distinguen de los hombres. Sin embargo (y refiriéndome a esa lucha de la que tanto se habla) creo que las mujeres hemos ganado terreno en todos los aspectos. Ya no existe oficio ni actividad que no podamos hacer, no hay cargos que no hayamos conquistado ni sueños por realizar. Si bien queda mucho camino por recorrer, considero que lo logrado desde aquellas épocas donde nuestra tarea era simplemente ser madres y esposas, ha hecho que ganemos confianza en nosotras mismas. De todas formas, considero que lo que nos falta no es ser “iguales” a los hombres. Esto es absolutamente imposible. Lo que nos falta es descubrirnos, amarnos, reafirmar nuestros deseos e ir en pos de ellos. Lo que nos falta es tener la libertad de elegir lo que queramos ser, sin que nadie nos imponga nada. Nos falta tener confianza en nosotras para poder frenar el maltrato, para poder alzar la voz, para poner punto final a los abusos. Que al ser madres de niñas les enseñemos el valor que tienen, independientemente de tener o no un hombre al lado. Que les enseñemos que todas las cosas malas que nos han pasado, ha sido por no entender que nuestro lugar es el que elegimos, no el que se nos impone.

No quiero ahondar en el feminismo o machismo porque me parece que es generalizar, discriminar, crear divisiones que no suman. Esta nota pretende ser una suerte de aliciente para todas aquellas mujeres que no conocen su verdadero valor, aquellas que viven sumidas en el silencio, que no se animan a pelear por sus sueños. A ellas les digo ¡se puede! Se pueden lograr metas que hasta hace no mucho tiempo parecían imposibles. Pero todo depende de nosotras, de nuestra fortaleza, de nuestra autoestima, de nuestra determinación. Nadie puede decirte cuánto vale tu vida, nadie puede forzarte a nada estando vos consciente de que tu cuerpo, mente y alma son tuyos desde la cuna y que nadie, absolutamente nadie puede arruinar tu existencia a menos que se lo permitas (consciente o inconscientemente).

Pienso en todas las vidas que se han perdido por estar atadas a un estereotipo que nada tiene que ver con nuestra época; pienso en todas aquellas madres que aún consideran que las mujeres no somos nada sin un hombre a nuestro lado. En todas aquellas que han defendido a los violentos en pos de “mantener una pareja”. Pero también sé que la violencia no nos pertenece sólo a nosotras, que ellos también la sufren, sólo que no sale a la luz porque su deber es ser “fuertes”. Ellos también son víctimas de maltratos, también son abusados psicológica y físicamente. La diferencia es que nadie defiende algo que no puede ver.

Debemos dejar de ver la violencia como algo que solamente sufren las mujeres, sino como un flagelo de toda la humanidad. Es nuestro deber tomar las riendas de nuestras vidas y no dejarnos vencer.

Concluyo con esto, que más que un mensaje, es un anhelo desde el alma: Sé libre, sé íntegra, sé serena, sé feliz. ¡Feliz día, mujeres!