Los Afronautas

 

Se había terminado el año 1963, año en que Cortázar publicó “Rayuela” y en que Bob Dylan grababa “Blowing in the wind”. Ese año habían nacido Brad Pitt, Eros Ramazzotti y Lars Ulrich, Xuxa, Kasparov y Nisman, Mourinho, Michel Jordan y Tarantino, todos ese 1963 que acababa de pasar. Estados Unidos lanzaba el primer satélite geoestacionario experimental, el Syncom 1, y los rusos pasearon por el espacio a la ingeniera Valentina Tereshkova, la primer mujer que viajó por el espacio exterior, a bordo de la nave Vostok 6. Estados Unidos también realizó más de cinco pruebas nucleares en Nevada aquel año, y también firmó con URSS y con Reino Unido un tratado de prohibición parcial de ensayos nucleares. El mismo año.

Aquel año nacía la isla volcánica de Surtsey, Islandia, y morían el papa Juan XXIII, el escritor Ramón Gómez de la Serna, y el novelista Aldous Huxley. Sí, precisamente Huxley, que si hubiese vivido un año más habría sido contemporáneo de una historia real donde uno de sus protagonistas se haría llamar como el personaje de una conocida obra distópica todavía anterior a su “Un mundo feliz”.

Rodesia empezó el 1964 con violencia y alegría: el 24 de octubre se independizó, dejó de ser parte de las colonias inglesas, y se autoproclamó “Zambia”. El país era un hervidero de sueños y proyectos. Entre aquellos emprendedores, un profesor escolar, que además era traductor, que fue soldado de la independencia y que también era filósofo fundó un organismo que faltaba, que aún no había sido creado: el Zambia National Academy of Science Space Research and Philosophy. Sí, una agencia espacial. Bueh, y filosófica.

Edward Makuka Nkoloso tenía la idea de llegar a Marte antes que los estadounidenses y que los soviéticos (que todavía ninguno de los dos habían pisado la luna…, bueno, Zambia tampoco) y desarrolló un programa espacial para el cual reclutó doce personas y diez gatos con la finalidad de hacer misiones al planeta rojo. Eligió los felinos para estudiar la manera en que se ingenian para caer siempre de pie, y sometió a sus voluntarios aun exigente entrenamiento.

 

Nkoloso afirmaba que en Marte habitaban enanos, que en Zambia estaban estudiando sistemas de propulsión por catapultas, y que había visto con un telescopio una antigua civilización en la luna. Entre los astronautas estaba alisatada una mujer y un misionero religioso que tenía el deber de llevar el mensaje de Dios a los marcianos, siempre y cuando ellos así lo quisieran. De ninguna manera aceptaría que se fuerce una cruenta evangelización.

 

 

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El profesor Edward Makuka Nkoloso con dos afronautas.

Hasta acá todo es, al menos, ocurrente. Si no fuera una historia verídica ni cabría en la memoria de ninguno, sin embargo lo poco que se conoce del detalle de toda esta historia es porque se desclasificaron los documentos de la antigua KGB que siguió muy de cerca la hazaña del profesor Nkoloso. No solo eso, sino que entre sus astronautas habían infiltrado un espía los americanos y los rusos en conjunto. Pero, a ver…, ¿valía la pena tomarse este trabajo con el costo y el tiempo que requiere espiar a otro país tan rudimentario?  ¿Acaso podían generar alguna preocupación los autodenominados “Afronautas”?

Resulta que Nkoloso buscaba financiación para su programa espacial que, al no ser oficial, no disponía del dinero del estado. Así que solicitó siete millones de libras esterlinas a la UNESCO y otros dos millones a particulares supuestamente interesados en la misión, pero la UNESCO ni le respondió la petición, y no sabemos si sus filántropos particulares colaboraron con su proyecto.

Aunque probablemente sí lo hicieron.

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La incorporación de la tripulación dentro del cockpit de la nave requería de la participación de varios de los ingenieros del programa.

El profesor estaba claro que no sabía distinguir una estrella de una linterna. Sin embargo detrás de Nkoloso, en las sombras del programa había una persona bastante preparada. De hecho, había un ingeniero espacial ruso que había trabajado en los más importantes programas espaciales soviéticos y que parecería que en un momento tuvo que escapar. Se desconoce el nombre de este personaje, pero él mismo se hacía llamar D 503.

154510_56093b607ad5aD 503 es el protagonista de una novela distópica (lo contrario a utópica) publicada en el 1920 llamada “Nosotros“, del ruso Yevgueni Zamiatin, y que este escribió como una protesta contra el régimen soviétio. Esta novela inspiró a George Orwell a escribir “1984”, y de hecho tiene muchas semejanzas. En la novela rusa el régimen del futuro, gobernado por El Bienhechor, se adueña de las libertades y de las ideas, incluso de los nombres de las personas. D 503 tiene la misión de construir un cohete para poder llevar el diario “El bienaventurado yugo de la razón” a otros planetas, pero se enamora y todo se complica.

El 24 de octubre de 1965, un año después de la independencia de Zambia, y siempre según los archivos desclasificados de la KGB, a las 9:33 hs, desde una base secreta cerca de Lusaka, capital de Zambia, por fin el cohete salpicó de fuego la tierra africana y se elevó cinco, diez, quince, veinte, treinta y cinco kilómetros por el aire. En su interior llevaba un tripulante, Chisamba Nkausu Lungu, y dos gatos. Pero cuando todo parecía ser el comienzo de la carrera espacial africana, tres misiles soviéticos partieron desde Vietnam del Norte y acabaron con todos los sueños de un país, y con la vida de Nikaso y los gatos.

1012319_547082912017842_1105699253_n-940x504Pocos días después los rusos secuestraron a D 503, lo juzgaron y lo fusilaron. En cambio Nkoloso, aunque ya no pudo continuar con su sueño espacial, vivió todo lo que quiso y murió de viejo. Aunque parecía que Nkoloso era sólo una cara del proyecto, al morir se lo enterró con honores, y es uno de los siete ciudadanos no soviéticos que recibióla Medalla Jubileo por los 40 años de la guerra.

Aunque todo esto es según los archivos desclasificados de la KGB, y ni siquiera eso, es según lo que algunas personas dicen que dicen los archivos desclasificados de la KGB. Probablemente sea cierta la otra versión, la de que Nkoloso hablaba de los enanos en Marte, de sus estudios sobre propulsión de catapultas y la antigua civilización de la luna, y que cuando la única mujer astronauta de su programa espacial se quedó embarazada, ya no hubo nada que hacer, el programa se dio de baja y quedó en el más piadoso de los olvidos.

Como sea que haya sido, el profesor Edward Makuka Nkoloso pasó a la historia como el creador del primer programa espacial del continente africano.

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