Quiero que me diga “linda”

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por Lorena Inzirillo

— ¿Y a vos qué te pasa, nena? ¿Por qué tenés esa cara, Anita?
—Nada, Roxi, boludeces mías.
—Y contanos, dale —le insistió Gaby inclinándose sobre la mesa.
— Quiero que el Colo me diga linda.
—¿Y por esa boludez estás así? —Gaby se volvió hacia el respaldo y se puso a revolver su cartera.
— Les dije que eran boludeces.
—¡No, pará, no es una boludez! Si el que no te diga linda te pone así, es porque para vos es importante —dijo Roxi.
—Pero déjense de joder, ¿saben cuánto hace que el pelado no me dice linda?
—¿Y qué, no te gustaría que te lo dijera?
—¡Sí, más vale! Pero qué sé yo, ya me acostumbré… No seas boluda, no le des bola, los hombres son así, muy pelotudos.
—No, no son así. Algunos serán así. A mí el Seba siempre me dice que estoy linda, y me encanta que me lo diga, me pone contenta, me hace sentir bien, segura. Es lindo saber que le sigo gustando. ¿Y vos, Anita, no le decís lindo al Colo?
—Sí, aunque cada vez menos. Por choto. Siempre me preocupo en estar linda para él, y ni bola.
—Sí, la verdad que sos linda, es un pelotudo si no te lo dice.
—¿Y cuando te coge…? —preguntó Gaby con la cartera todavía en la falda¿…no te lo dice?
—No, ¡qué me lo va a decir! Lo único que me dice siempre es: “¡Qué rico culito…!”
—¿Y si lo hacés poner celoso?
—¿Celoso…? ¿Y cómo?
—¡Claro! Cuando salgás con nosotras te vestís así como más provocativa. A ver qué te dice…
—Está bueno eso, probá.
—¡No, malísimo! ¿Qué quieren que me ponga? Si, cuando salgo, soy de ponerme minis, calzas y nunca me dice nada. Cuando salgo con él, lo mismo, me pongo shortcitos, remeras sin corpiño y no le sale de decirme “qué linda estás”.
—¿Y si le hacés creer que le has echado el ojo a alguien?
—¿Les parece?
—¡Pero sí! A los hombres hay que tenerlos ahí, con una pizca de inseguridad latente. Que sepan que puede venir otro a endulzarnos los oídos y nos pega el sacudón.
—¡Sí! Eso tenés que hacer, Anita, darle celos. Y ahí lo voy a querer ver al Colo, ya vas a ver lo zalamero que se te pone.
—No sé… Pero a veces me dan ganas de mandarlo a la mierda e irme con el primero que me diga linda.
—¡Uy, ahí viene entrando el Rodri!
—¿Qué Rodri? ¿El del gimnasio?
—Sí. ¡Qué lo parió! ¡Qué rico que está!
—¡Sí, está re bueno!
—Nos vio. ¡Se está acercando!
—¡Ey! Hola, ¿cómo andan? —Rodri olía a mañana en el campo.
—¡Bien! —respondieron a coro.
—¡Anita! ¿Y vos? Pero… ¡qué linda estás!