Sobre la más terrible de las guerras mundiales

Cuando la poderosa MI.RE (Mistake Recovery) vio la luz, todos los seres pensantes, sobre todos los políticos, se dieron cuenta que el precio de adquirirla iba a ser un gran problema con desenlaces caóticos e inimaginables.

Por la módica suma de tres millones setecientos noventa y dos mil dólares se podía adquirir este aparato del tamaño de un celular cuya tecnología permitía regresar una hora en el tiempo. Los primeros diez ofrecidos al público en general se vendieron en catorce segundos, pero ya habían más de nueve mil señados por distintos millonarios del globo.

La AdTech Corp. No daba abasto para la producción del moderno aparato que abría el famoso “puente de Einstein-Rosen” más conocido como “agujero de gusano” entre la dimensión actual y la acontecida hacía exactamente una hora atrás. En un lapso de tiempo minúsculo creció a ritmos vertiginosos, sin cometer un solo error, logrando bajar significativamente los costos y aumentar la producción.

Sin dudas este invento cambió la vida del ser humano tal como se lo conoce, fueron aconteciendo sucesos lógicos e irracionales en similar medida. Los primeros en darse cuenta del potencial del aparato, dañino para sus intereses, fueron los que se dedicaban a los juegos de azar. Todos los casinos cerraron de un día para el otro, las casas de quiniela se transformaron en tiendas y bazares y los eventos deportivos cuyo lucro se basaba en las apuestas tuvieron que virar su estrategia para solventar los gastos con los precios de las entradas y la publicidad. Muchos viciosos no encontraron reparo a sus ansias lúdicas y terminaron por suicidarse. En Mendoza, por ejemplo, un pequeño porcentaje de empleados del Instituto Provincial de Juegos y Casinos sufrió el mismo destino. La institución nacional intentó transformarse en una lotería gigante, que albergaba a cientos de jugadores desesperados esperando ganarse un premio que constaba en cantar un número y darle la plata al instante al portador, para que salga del recinto a disfrutar. La desesperación no les permitió entender que la lógica marcaba que iba a correr la misma mala suerte, y que cualquier portador del MI.RE sabía una hora antes que números iban a salir. Al tiempo se transformó en un museo con fotos, ruletas, tragamonedas y videos del hipódromo donde nostálgicos despilfarradores pasaban sus tardes y sus noches, mientras ex empleadas, devenidas en camareras, les servían whiskys baratos y puchos.

Muchos ciudadanos se empezaron a violentar por no poder adquirir el aparato a los altos precios, hasta que un paisito de esos europeos que está forrado en guita lo subsidió para todos… y todas. Por una cuestión de Estado la fórmula tuvo que hacerse pública y se montó una inmensa industria en China que hacía el aparato casi descartable pero a un costo de cien dólares la unidad. Colapsaron las importaciones, China se volvió híper mega potencia mundial, con un margen de cero error en cada una de sus cosas… cero accidentes, cero robos, cero peleas. Y todos en el mundo pudieron adquirir el fabuloso “cosito del tiempo”, como le decían en el campo.

En medio oriente se comenzaron a masacrar estratégicamente, lanzando bombas al azar y matando gente que seguramente en su vida personal ya había escapada hacía una hora del lugar. Poco a poco las guerras santas fueron perdiendo sentido. Entonces las milicias intentaban invocar a sus dioses para ver cómo liquidar al enemigo en esta dimensión y otras dimensiones, eliminarlo por completo de la faz del universo… cosa que se tornó un asunto de límites filosóficos y de debates ideológicos candente e intensos, donde terminaban a las piñas y cimitarrazos limpios.

El fútbol se convirtió en un asunto de estrategia brutal durante el segundo tiempo, ya que previo al ingreso a la cancha, todos los jugadores sabían cómo iba a terminar el resultado del primer tiempo. Lo estratégico era dejarse estar si se perdía o intentar sorprender al rival modificando el presente. Pronto se vació de habilidosos con escasas luces intelectuales como antaño y se transformaron en regordetes nerds con tatuajes de Stephen Hawking y Star Wars analizando estadísticas y probabilidades cuánticas de modificaciones presentes.

El cortejo y el flirteo se volvió algo soso, vacío y aburrido. De antemano sabías la mina que te iba a decir que no, así que si querías levantar ibas por la vida como un pelandrún tirándole a todas y regresando en el tiempo para no sufrir el desamor de la que te dijo que no. Poco a poco los feos fueron perdiendo el entrenamiento necesario para levantar con el carisma, así que se vieron relegados a tener que acudir a los misterios de la profesión más antigua del mundo para poder deleitar los sabores del coito. Para los facheros el camino se hizo tan fácil que la seducción pasó a un lugar tan lejano como elegir entre jamón o salame para la única feta de queso que quedaba. El tema es que con la MI.RE te podías comer ambos sánguches y dejar satisfecho a tu cerebro.

Los ladrones tuvieron que buscar otro rebusque, como laburar o estudiar, porque una hora antes les movían los autos de lugar, le cerraban las puertas o sencillamente los esperaban con un escopetazo de bienvenida.

Las bolsas del mundo cerraron, Wall Street se volvió el set de filmación de la trigésimo séptima temporada de The Walking Dead. Los especialistas en finanzas se dedicaron a sus trabajos soñados, como jardineros, pintores o metafísicos. Algunos se pusieron farmacias en esquinas importantes de las metrópolis… grueso error, porque muchos accidentes se prevenían una hora antes.

Lo que al principio fue un furor, una vez que ser dueño del MI.RE era similar a portar ropa interior, el mundo se fue aburriendo de hacer todo bien (menos los Chinos). En Córdoba muchos pueblitos ofrecían como exclusividad turística una zona donde el uso de la máquina estaba absolutamente prohibido, entonces pagabas por la excitante sensación del riesgo, de no saber qué va a pasar y el placer de tenerte que hacer cargo de tus actos… una cosa maravillosa.

La tasa de natalidad no deseada descendió muchísimo, ya que podías tener sexo sin cuidarte y regresar una hora antes, saciado y con ganas de quedarte con tus amigos tomando cerveza antes que ir a disfrutar los placeres sexuales.

Los políticos no cometieron más furcios discursivos, los productores y actores de tele que pasaban los errores detrás de escena de otros programas de tele tuvieron que dedicarse a trabajar en serio, “el bailando” se acabó, porque todos siempre sacaban la puntuación perfecta, así que volvió el glorioso Video Match de los noventa, con Leo, Tato Bonadeo, el Lanchita Vicio, Pablo y Pachu, Figuretti y Toti Siliverto haciendo de gallego. Los recitales en vivo se convirtieron en un lujo para el oído, hasta la banda de barrio “Los Vómitos Sangrantes” de punk rock sonaba a la perfección, aún teniendo rústicos equipos.

Filosóficamente se entabló un paradigma candente, respecto a que si el equipo cambiaba mi realidad personal, la de los demás seguía su curso… no en mi dimensión, sin en otra. Entonces… ¿quiénes eran los que me rodeaban? ¿personas o simples reflejos de otra vida que alguien rebobinó? Millones de libros se escribieron al respecto y la polémica se instauró en todos los bares y redes sociales del mundo.

El abandono público del uso del MI.RE estuvo a cargo de una ONG mundial formada por bohemios y hippies de altísimo nivel socio económico, hijos de inteligentes usuarios de la tecnología en cuestión. De forma rebelde se enfrentaban al uso de la máquina y a sus papitos. De a poco los artistas fueron copiando la moción. Muchos no resistían el abandono, así que varios psicólogos y chantapufis se forraron ofreciendo cursos y técnicas para el sano desarraigo del aparato. Con el tiempo aparecieron héroes mundanos que aludían a jamás haber hecho uso del aparato, cuestión que los hacía ser deseados por el sexo opuesto y admirados por niños y viciosos.

Y así, poco a poco, como el pucho pasó de moda, el mundo fue dejando de usar el aparato, la duda sobre lo que pasaba con la vida de los que dejábamos al retroceder nosotros fue sentimentalmente más fuerte que el saneamiento de los errores. Pero había un tema… era injusto que algunas personas contaran con el aparato, y muchísima gente no tenía la mínima intención de dejar se usarlo.

Entonces lo que comenzó como la batalla ideológica más tajante que había sufrido la sociedad en su historia, terminó, como siempre, como la más cruenta de las guerras.