El resentimiento y la discriminación: costumbres argentinas

10390958_589513244480116_7557948840678039365_nNunca pude comprender cuando en las marchas contra el gobierno de Cristina Kirchner, personas a las que considero inteligente podían ponderar (y de forma concreta, no casual y humorística) que la marcha perdía valor por la vestimenta de la gente. Esa desilusión fue más grande que la de que no hubiesen notado las enormes marchas ya que el supuesto progresismo marginaba con el mismo argumento del snobismo social a los que pensábamos diferentes. Así que el que lea esta nota puede imaginarse cómo me impactó cuando Alfonso Prat Gay habló de la “grasa militante”.

Si ya había perdido el respeto intelectual por los fanáticos kirchneristas que tuvieron 12 años para que nadie dude de cómo sembraron el odio y la discordia entre los argentinos, menos de un mes del gobierno macrista parece estar mostrándome de que los extremos se tocan. Los fanáticos opositores son pares afiliados al mismo Partido del Fanatismo que pelean en una interna que a nadie le interesa pero afecta a todos.

A pesar de que la “militancia”, la “lucha”, los “soldados” del movimiento, “combatir”, “al enemigo ni justicia”, etc, son todos términos que provienen del lado más marcial y puro del ejército, el que Prat Gay hable de la “grasa militante” me pareció a que cuando el kirchnerismo hablaba de la ropa de los que estaban en las marchas le hablaban a él. Mejor dicho, había algunos tipos que entendían ese discurso absurdo de la ropa como definitoria de una clase (ojalá fuese tan simple y sencilla la diferenciación de clases) y que ahora pareciera que van a contestarle las mismas ridiculeces desde el mismo lugar de la representación de todos los argentinos.

En el fondo me parece que los argentinos de cualquier clase disfrutan de discriminar al otro por lo que aparentan o representan, en lugar de mesurarlos o comprenderlos por lo que son o por lo que hacen. Bueno, claro, no todos los argentinos, sino que sólo los que alimentan esta política de la división y el enfrentamiento que comienza como una manera de humor, de risa, y que termina como siempre, con el odio y el resentimiento, tengan las ideas que tengan, sean del partido que sean, o sea, muchos.

Es curioso como a veces los detalles más tontos parecen definir movimientos o hasta períodos históricos. Creo que la incorporación en el discurso político representativo y gobernante en la Argentina de estupideces como la ropa de los manifestantes o de la grasa militante van a definir todos estos años como los más pobres de la intelectualidad argentina en toda su historia democrática, o no tan democrática que digamos.