La mejor manera de ahorrarse decepciones

Por una cuestión psicológica, muchas personas solemos enmarcar a la gente que conocemos dentro de un patrón que nuestra mente estandariza, asemejando todo lo nuevo a personas del pasado. Esto nos pasa con toda la gente que día a día nos cruzamos en nuestra vida. Amigos, jefes, políticos, amores, familia. Creemos conocerlas, creemos saber cómo son, qué quiere o dónde van por el simple hecho de que nuestra mente las compara con personas del pasado, nos confundimos y olvidamos que cada uno es un mundo y que cada persona es distinta a las demás.

El problema ocurre cuando a una determinada persona la ponemos en un pedestal superior, la vanagloriamos y maximizamos. Esto nos lleva a cubrirla por una especie de burbuja imaginaria, como si fuese intocable, fantástica, única, especial y maravillosa. Entonces solemos ser condescendientes con esa persona, solamente pensamos en las cosas buenas que imaginamos que tiene, en las virtudes que imaginamos que posee, en todo lo que nosotros suponemos que genialmente es. Cualquier comentario es escuchado con atención, cualquier palabra es bien interpretada, cualquier acción es reconocida y admirada ,risas, gestos, actitudes, acciones… todo es enaltecido. Por una cuestión de costumbre, que muchas veces roza lo sentimental, tendemos a tratar extremadamente bien a esas personas, poniéndonos a su disposición, siendo respetuosos, estando presentes, acompañando, haciéndolos sentir lo mejor posible, cumpliendo y respetando. Solemos estar “al pié del cañón” para ellos, siempre presentes, siempre sonrientes, siempre alegres y dispuestos. Entonces vemos todo lo genial de esa persona, todo lo bueno, todo lo divertido, todo lo inteligente, todo lo capaz. Tomamos sus palabras como únicas y cada cosa que hace como especial. Y olvidamos por completo que, no solamente esa persona es normal y tiene cientos de defectos como cualquier otra, sino que además puede llegar a ser completamente diferente a lo que nuestra mente proyecta de ella. Incluso ser como la típica persona que aborrecemos, sin darnos cuenta.

Entonces sucede lo peor, la catástrofe, el caída, el terremoto… ese persona hace algo para ella normal, corriente, ordinario y común, que no está en la idealización que tenemos nosotros y se pincha esa burbuja maravillosa, explota el caparazón, se derrumba esa construcción idílica y utópica que habíamos cimentado bajo su imagen, muere la idea y queda la persona, desnuda y real. Entonces de pronto todos los defectos (o lo que nosotros mismos interpretamos por defectos) de esa persona comienzan a aparecer, a aflorar, de pronto nos damos cuenta de los comentarios del pasado, de las advertencias, de los dichos, de aquellas pequeñas cosas que dejamos por lo alto por mirarla obnubilados, y cada uno nos lacera, nos lastima y nos fulmina. No porque sean peores que los demás, sino porque nos daña el ego, nos incinera la conciencia, nos hace dar bronca por nuestra ceguera y falta de frialdad, nos hiere a cada segundo y pasan días de furia e ira en la misma piel. Viene una época de calores, de violencia, de brasas en la garganta, de ganas de borrar el pasado, de vergüenza y bronca, de tiempo perdido y no correspondido, de vida gastada al pedo.

Ahí es cuando nos arrepentimos de haber entregado tanto, de haber sido como fuimos y no haber sido más fríos, más calculadores, más duros y realistas.

El tiempo va pasando, vas creciendo y cada vez vas poniendo a menos gente en estas “burbujas” pero si te pasa, de grande, de volver a caer en esos defectos adolescentes, duele el doble, se siente el doble, quema el doble, te arrepentís en doble.

Y te das cuenta que tenes que aprender mucho aún, tenes que aprender a conocer a la gente más allá de lo que vos imaginás de ellos, tenes que aprender a prejuzgar concretamente, no mentalmente, tenes que aprender a valorarte y ser más forro con todos, tenes que preferir pensar que siempre te van a fallar y que si demuestran lo contrario bienvenido sea, tenes que aprender a controlar tu pasión y entender que no toda la gente es bella y heroica, sino que normal y ordinaria como todos, tenes que aprender a ser más calculador y frío. En fin… tenes que aprender que la gente es eso… solo gente y que quizás tu imaginación te lleva a pensar de más. Hay que empezar pensado lo peor para que todo lo bueno sorprenda y gratifique, porque cuando pasa al revés la vida duele como la mierda.