La estoy pasando muy mal

No pegue un ojo en toda la noche, me levanté furioso y acalorado, como un torbellino, como un volcán a punto de estallar. Fui al baño y me costó horrores no mear la tasa, intentaba hacer lo imposible. Con tanta bronca cambiarme fue un engorroso trámite. Me puse la camisa y con una mano inútil me fui prendiendo uno a uno los botones… lento, mal, idiota. Luego me puse el pantalón y haciendo malabares logré abrocharme el cinturón. Los zapatos me los calcé de prepo, sin siquiera desatar los cordones, generando que la suela se doblase entre mi pié y las medias, pero a esta altura nada me importaba. La ira se había apoderado de mí. No me importaba nada caminar toda la mañana incómodo.

Con una mano me serví el desayuno… un café cargado y caliente como para encender aún más mi virulencia. Prendí el tele, me senté un rato a ver noticias, me comí la previa a los papelones del traspaso de mando que generan tanta vergüenza propia y ajena a los unos y a los otros. Seguía furioso, enojado, apretando los dientes de la vena. Sinceramente odio el café caliente, odio quemarme la lengua o el paladar, pero era tanta la rabia que pasaba como agua, como una cerveza después del fútbol, como fernet en una pileta. Así pasaba… el calor de mi cuerpo cargado de insomnio y calentura disipaban cualquier incendio. No había nada más caliente que mi estado actual como para hacerme quemar, nada… por lo menos hoy.

Salí de mi casa con una cara de dolor y enojo importante, con la mandíbula tiesa me subí al auto, con la derecha puse la llave, pero tuve que darle arranque con la izquierda, en una maniobra absurda, rústica, inoperante. Con la misma mano saqué el freno de mano… movimiento de iguales características al anterior. Pasaban los minutos y el dolor se hacía más y más profundo, parece que el hecho de arrancar tan mal la mañana lo hacía acrecentar, mi ira estaba llegando a puntos límites, soportar este calvario era algo insostenible. Que sensación tan espantosa.

Manejé hasta la oficina casi mareado, sin saber si llorar o flagelarme como para encausar tanta amargura, tanto lamento, tanta dolencia. Pense que generando más dolor o rompiendo en llanto podría olvidarme de lo que me estaba haciendo tanto mal, podría desahogarme, podría volver a la rutina diaria… pero no.

El dolor estaba ahí, latente, palpable, oscuro, con muy malos presagios y augurios… bajo un gris porvenir.

¿Porque? Pensaba…. ¿porque me duele tanto? ¿porque estoy tan enojado? Como puede ser que esta angustia no me haya dejado dormir en toda la maldita noche, no pude dejar de pensar, no pude conciliar el sueño, no pude descansar un solo segundo… porque cuando me relajaba, el maldito dolor volvía a arremeter contra mí, volvía a hacerme acordar que estaba ahí, volvía a hacerme daño, a hacerme sufrir…. ¿porque? ¿que hice yo para merecer esto? ¿porque a mí? ¿porque?… ¿Porque me tuve que apretar el dedo gordo con la puerta del auto? ¡Que dolor la puta madre que lo parió!